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¡Qué grande Oliva Soto!

Una Puerta del Príncipe le debes a la afición de Sevilla. Y otra a tu tío Ramón Soto Vargas, al que brindaste al cielo la faena de tu primero. Porque Oliva Soto debió salir ayer por el umbral que mira

Actualizado 13/04/2010 - 14:08:01
Oliva Soto pasa sobre la derecha a uno de sus astados del Conde de la Maza. FELIPE GUZMÁN
Oliva Soto pasa sobre la derecha a uno de sus astados del Conde de la Maza. FELIPE GUZMÁN
Una Puerta del Príncipe le debes a la afición de Sevilla. Y otra a tu tío Ramón Soto Vargas, al que brindaste al cielo la faena de tu primero. Porque Oliva Soto debió salir ayer por el umbral que mira al Guadalquivir y a Triana. Porque Oliva Soto nos debe ese deleite después de cómo toreó en el albero maestrante y por lo que fue capaz de hacer tanto al marrajo segundo como al mejor del encierro, lidiado en quinto lugar.
Una Puerta del Príncipe que ya le han concedido los que sienten el toreo, los que saben apreciar el toreo con mayúsculas; el concepto de toreo de arte y clase, hondura y arrebatamiento. Ese que nace en Sevilla y que sólo habita entre los elegidos. Y uno de ellos es Alfonso Oliva Soto, torero por la gracia de Dios que con tan sólo una corrida el pasado año fue capaz de esculpir una tarde como la de ayer y con los toros condesos. Una Puerta del Príncipe que se volatilizó por mor de la maldita espada, por fallar una y otra vez y... porque si no los genios no andarían sueltos por los recovecos de la Maestranza.
El alma en vilo en los tendidos después de que el riojano Diego Urdiales -otro tío con mayúsculas- se la jugase con el primero, sin fuerzas pero tirando gañafones a más no poder, revolviéndose y buscando echarle mano. Urdiales tragando, sin dudarle y haciendo pasar los dos puñales que no humillaban ni por asomo.
En esas estábamos cuando apareció por chiqueros el segundo. Largo y astifino a más no poder, acortando en los viajes de recibo y venciéndose. Al caballo con mal estilo y quite ajustado a más no poder de Antonio Nazaré. Réplica de Alfonso para que llegase, seca, cruda, tremenda, la voltereta trágica. Una «mascá» en toda regla. El condeso haciendo hilo en banderillas y Oliva Soto mirando, observando. Cambio de tercio. A los medios. Brindis a la plaza y al cielo. «Va por ti, tío Ramón», debió decir a quien otro del Conde de la Maza se lo llevó para siempre. Ahí es nada. Doblones con mando y otra vez a punto de la voltereta. Pero nanai. Oliva que cita de frente, da el pecho, adelanta la muleta a diestras y el condeso que se arranca. Aguantando miradas. Tragando. Uno, dos, tres y el de pecho rotundo. La plaza comienza a vibrar. Otra serie más por el mismo pitón y el animal que pasa a milímetros. Aguantando otra vez. Y encima toreando, meciendo la pañosa, rematando detrás. Y otra serie. Mérito increíble con los cambios de manos y el kikirikí incluso. Con la izquierda se raja el del Conde y casi se lo lleva por delante. Aún así le robó dos muletazos. Pinchazo y estocada. La oreja, de las de ley.
Pero quedaba el quinto. Más largo aún que el otro. Y Oliva Soto que acaricia el capote en verónicas de riñones metidos, ganando terreno, haciendo que los vuelos llevasen embebido al animal. La media en los medios y el clamor en la gente. Cumbres Javierito Andana y Óscar Reyes con los palos. Y a partir de ahí, una sinfonía difícil de entender si no se estuvo en la plaza: doblones genuflexos a un toro que repetía, que quería muleta. Prólogo de ensueño para que el sueño se hiciese realidad en cuatro series, ¡cuatro! citando de largo, rompiéndose el torero, alargando las embestidas y arrebujándose en los de pecho, los cambios de mano y las trincherillas. Qué bestialidad. A izquierdas el toro no traga y vuelta a la derecha, donde se rompió por completo Oliva Soto y el astado se rajó. Y luego llegó el calvario, la desazón, la impotencia de la espada. Una Puerta del Príncipe debes, Alfonso. Por todos los tuyos que nos la tienes que dar.
Se la jugó también Diego Urdiales con el marrajo cuarto, mirón y haciendo el croquis que le dio un pitonazo. Y también Antonio Nazaré en su lote: tragando un mundo en su primero y sonsacando al sexto parado. Que me perdonen ambos por la parquedad de sitio. Pero es que la de ayer era la crónica de una Puerta del Príncipe. La que nos debes a todos, Alfonso.
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