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TRIBUNA ABIERTA: Violencia escolar (por Rosario Ortega Ruiz, Catedrática de Psicología en la UCO)

Cuando hace ya más de quince años comencé mis investigaciones sobre la violencia escolar y el bullying tenía dificultades para que fueran aceptadas, en los congresos científicos de este país

Actualizado 15/11/2006 - 03:13:22
Cuando hace ya más de quince años comencé mis investigaciones sobre la violencia escolar y el bullying tenía dificultades para que fueran aceptadas, en los congresos científicos de este país, comunicaciones y ponencias sobre ese tema. Afirmar que entre las redes de compañeros escolares anida, o puede anidar, el injusto y cruel comportamiento del acoso (bullying) no estaba bien visto. Luego, este fenómeno ha llegado a ser tan popular en los medios que ha oscurecido el problema general, más extenso, aunque ordinariamente menos grave, que es la conflictividad, desmotivación por el estudio y comportamiento disruptivo de algunos estudiantes, y el desánimo del profesorado que se ve impotente para afrontar un cúmulo de problemas que acontecen en el interior y el entorno de la escuela, antes percibida -ingenuamente- como pacífica. Ante el desconcierto de los docentes, y la percepción que algunos tienen de ingobernabilidad del centro, hay que decir que no todos los problemas sociales que aquejan a la escuela -toda ella, y no sólo, o no mucho más, a la escuela pública que a la privada- es necesario entrar en detalles. No es lo mismo el viejo fenómeno de las malas relaciones, la intimidación -más o menos frecuente y grave- que acontece entre los escolares, que la agresión directa -verbal, física o psicológica- y la indirecta -ataque o incumplimiento significativo de las reglas de convivencia, oposición frontal, chulería y falta de respecto hacia el profesorado, del que éstos son objeto. Son cosas muy distintas, ante las que hay que posicionarse de forma diferente, porque ambas colocan al profesorado y a la sociedad ante retos distintos. Mientras que el docente puede -y debe- saber cómo manejar desde la disciplina hasta el acoso escolar, desde la posición de autoridad moral y académica que tiene -o debería tener-, ante su propia victimización, es toda la institución escolar la que se hace vulnerable. Cada vez que un escolar o un familiar ataca -a veces de forma tan obscena-, a un docente, se debería encender la alarma para alertarnos de que algo va mal en nuestras escuelas y que todos, como ciudadanos y ciudadanas, debemos hacer algo al respecto.
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