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Mata a tiros a un vigilante y hiere a otro en un asalto a un furgón en el Viso del Alcor

El cerco establecido ayer por la Guardia Civil no había logrado dar, al cierre de esta edición, con el paradero del autor de los disparos que ayer acabaron con la vida de un vigilante jurado de 48

Actualizado 16/07/2008 - 10:52:32
El cerco establecido ayer por la Guardia Civil no había logrado dar, al cierre de esta edición, con el paradero del autor de los disparos que ayer acabaron con la vida de un vigilante jurado de 48 años, e hirieron de gravedad a otro cuando trasladaban a un furgón blindado una saca con dinero de la sucursal del Banco Santander en la localidad sevillana de El Viso del Alcor.
El atracador, del que se sabe ocultaba el rostro con un casco de color negro y huyó en una motocicleta de gran cilindrada tras disparar su arma corta contra los vigilantes, logró hacerse con un botín de algo más de 100.000 euros.
Tenía estudiado el robo. Poco después de las diez y media de la mañana, emboscó a los vigilantes en el callejón del mercado de la localidad. Habían recogido el dinero en la sucursal del Santander de la calle Real y lo trasladaban a pie hasta el furgón blindado estacionado en una calle paralela a escasa distancia de otras sucursales bancarias. El atracador vio como los vigilantes salían del banco y una vez entraban en el callejón los abordó por la espalda encañonó a uno y exclamó: ¡esto es un atraco! Al volverse uno de los vigilantes se produjo el tiroteo, un instante en el que las víctimas, que al parecer portaban una saca con el dinero y un maletín con documentos, no pudieron reaccionar. El atracador descargó el arma corta que portaba contra los dos vigilantes, seis o siete disparos según las fuentes consultadas. Uno de ellos causaba heridas mortales a Jerónimo Luna, de 48 años, vigilante de Prosegur, padre de dos hijos, que eventualmente realizaba trabajos en blindados pues estaba destinado al servicio de seguridad del pabellón de Retevisión en la Isla de la Cartuja.
El vigilante presentaba al menos una herida de bala en el abdomen que le atravesó el hígado. Cuando llegaron las emergencias sanitarias, el herido evidenciaba síntomas de extrema gravedad por la hemorragia interna causada por los disparos. Se desechó la primera opción de evacuarlo en helicóptero al entrar en parada cardiorespiratoria. Los intentos de reanimación de las asistencias no pudieron evitar que se certificara su fallecimiento a su llegada al Hospital Virgen del Rocío.
Su compañero Diego C. que recibió cinco impactos de bala con heridas en la bolsa escrotal, ingle, un pie y una mano, era evacuado al Hospital Virgen de Valme donde fue intervenido e ingresado en la UCI, con pronóstico grave, sin que se temiera por su vida.
La Guardia Civil estableció un cerco en torno a la localidad, distante de Sevilla unos 20 kilómetros, con un operativo móvil de 30 agentes, además de doce efectivos del grupo de investigación y apoyo aéreo de un helicóptero.
Aunque algunas versiones de los testigos eran contradictorias -alguno hablaba de la huida de dos individuos en la motocicleta- se busca a un hombre de mediana-baja estatura cuyos rasgos se desconocen porque estaba cubierto con un casco negro. La Guardia Civil no ofreció ayer más datos sobre la motocicleta ni el arma.
Fuentes de la investigación descartaban a priori la vinculación del atracador con la organización terrorista GRAPO, que se había apuntado inicialmente, ya que existen antecedentes que vinculan a la localidad sevillana como una de las bases históricas de la misma y por el «modus operandi» de una banda que en tiempos se especializó en el atraco a furgones blindados. Será, no obstante, un extremo a descartar definitivamente una vez se proceda a la detención del individuo.
En la localidad se vivieron momentos de gran tensión. Un farmacéutico y un enfermero, y posteriormente un médico, vecino de la calle donde sucedieron los hechos, asistieron inicialmente a los heridos hasta la llegada de las asistencias. El médico, Antonio Madroñal, encontró a los dos heridos en estado de shock. «El pueblo está consternado, se han dado ataques de nervios entre los vecinos, algunos han cerrado las puertas de sus casas y no quieren salir, hay miedo y rabia contenida», refirió a ABC.
Según testigos, el autor de los hechos era una persona que llevaba un casco de motorista negro, por lo que no se le veía la cara. Al huir lo hizo en una motocicleta, que si no era negra, era oscura. «No se sabe si esta persona era del pueblo, pero personalmente creo que el atraco estaba preparado por la forma de actuar que tuvo el individuo, ya que parecía que tenía estudiados los movimientos rutinarios de los vigilantes de seguridad». Lo confirmaba otra testigo del suceso: «Dejaban el furgón en la calle Corredera y confiados venían todas las mañanas hasta la calle Real con el maletín, al parecer tenían que aparcar en la puerta del banco y el del furgón esperar a que los compañeros entrasen en la entidad, pero no lo hacían así. Aparcaban en la calle Corredera y cruzaban el callejón de la plaza».
Otro de los testigos, José Manuel Antúnez, recuerda el gran charco de sangre alrededor de los heridos y cómo un carnicero de la localidad, cuyo puesto estaba en la calle Corredera, cercano al callejón donde fueron tiroteados los vigilantes, se afanó en taponar la herida de Jerónimo con los babis de trabajo de sus compañeros. Empleados de la entidad bancaria aseguraban tras el tiroteo haber recibido órdenes de no facilitar información, remitiendo a los periodistas al departamento de comunicación del banco. La oficina, como otros comercios de la zona, cerró sus puertas.
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