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La tragedia de Alvear

POR FRANCISCO MORENOMONTILLA. Las pruebas del Gobierno de que Odyssey Marine Exploration expolió frente a las costas del Algarve portugués a la fragata de la Armada española Nuestra Señora de las

Actualizado 18/05/2008 - 03:39:43
ABC  Cuadro del hundimiento de Las Mercedes de Francis Sartorius  F. M.  Diego de Alvear
ABC Cuadro del hundimiento de Las Mercedes de Francis Sartorius F. M. Diego de Alvear
POR FRANCISCO MORENO
MONTILLA. Las pruebas del Gobierno de que Odyssey Marine Exploration expolió frente a las costas del Algarve portugués a la fragata de la Armada española Nuestra Señora de las Mercedes pueden ser cruciales en el pleito que mantiene en Tampa (Florida) con la empresa cazatesoros, pero también ha devuelto a la actualidad la horrible tragedia de la pérdida de la familia del marino montillano Diego de Alvear y Ponce de León.
Su esposa, doña Josefa Balbastro, cuatro hijas y tres hijos viajaban en La Mercedes cuando el 5 de octubre de 1804 fue hundida por los cañones de la flota inglesa que los interceptó en el cabo de Santa María. Gracias a que Alvear trasbordó a la nave insignia Medea con su hijo Carlos, al relevar por enfermedad al segundo jefe de la flotilla de cuatro fragatas que había zarpado desde Montevideo hacia España, pudieron salvar los dos la vida. La biografía que de él escribió en 1891 Sabina de Alvear y Ward, hija de su segundo matrimonio con la inglesa Luisa Ward, ofrecía datos muy reveladores sobre este «atentado abominable», como lo calificó el ministro don Pedro Ceballos al declarar la guerra al Reino Unido el 12 de diciembre.
Grandes tesoros
En su diario de navegación Diego de Alvear dejó escrito que a las 9.00 horas de ese día el oficial inglés que arribó en un bote a la fragata Medea le manifestó, de parte de su comodoro, sir Graham Moore, «que tenía la orden de detener y llevar a Inglaterra aquellas cuatro fragatas españolas», y que «con este solo objeto estaba allí hacía tres semanas».
Al parecer, existía el rumor de que «aquellas fragatas traían grandes tesoros para el emperador Napoleón», un argumento infundado mediante el que los ingleses pretendieron justificar su acción dentro de un frágil período de paz que existía entre España, Reino Unido y Francia. Sabina de Alvear abunda en las continuas referencias que el comodoro hacía sobre ese «gran tesoro» y en la cuenta que se les exigió de los caudales transportados, que hubo que entregar de inmediato, «y luego a una Comisión especial que se nombró en Londres y que de ellos se incautó». Y añadía que «las fragatas traían 4.733.153 duros, de los que sólo 1.307.634 pertenecían al Rey; los demás eran las soldadas de las tripulaciones y oficialidad, y caudal de particulares».
De La Mercedes los cazatesoros norteamericanos extrajeron 500.000 monedas de oro y plata, la mayoría acuñadas en 1803 en la ceca de Lima. Al parecer, Odyssey basa su defensa en que cargaba la fortuna personal de los mercaderes españoles, una hipótesis que les resultaría más favorable y que podría dar pie, incluso, a una ulterior reclamación de los descendientes de la tragedia marítima del cabo de Santa María. Pero no sería el caso de Diego de Alvear, quien logró que el gobierno inglés le devolviera su fortuna personal de 51.000 pesos fuertes.
El rey Jorge III accedió a concederle esta indemnización por su pérdida el 16 de agosto de 1805.
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