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Aquel cine club Vida...

Actualizado 18/10/2003 - 01:40:51
«Soy extremeño de nacimiento. Nací en Herrera del Duque, provincia de Badajoz. Mis primeros contactos con el cine son de ese pueblecito. Mis primeras escrituras cinematográficas en periódicos extremeños fue en los años cincuenta en Badajoz. El primer cine club que piso es el de la Sociedad Económica de Amigos del País de Badajoz, donde el poeta Manuel Pacheco solía leer sus poemas dedicados al cine. Mi segundo paso es el descubrimiento de Sevilla. Yo podía haber ido a Salamanca, distrito al cual pertenecía Badajoz. Pero, posiblemente por razones de ascendencia (una rama de mi familia procede de Andalucía, pero no de Utrera), yo quería conocer Sevilla como estudiante. Me vine, empecé Filosofía y Letras en 1961. Era la época del profesor Arellano, de García Calvo, de López Estrada. Yo ahí reorganicé el cine club universitario, que al año siguiente pasó de la Facultad de Filosofía a la Casa del Estudiante. Me convertí, por no sé qué razones, en director del cine club universitario de Sevilla. Al mismo tiempo, yo colaboraba con el cine club Vida, del cual empecé siendo un espectador al que dejaron boquiabierto ciertas voces sevillanas: Romualdo Molina, José Manuel Fernández, Carlos Gortari, Josefina Molina, Claudio Guerin, Alfonso Eduardo Pérez Orozco. Para mí el centro Vida fue abrirme a una experiencia cinematográfica que yo no había conocido. En pocos meses me invitaron estos maestros a colaborar, juntamente con Juan Fabián Delgado y con Paco Casado. Formamos el triunvirato joven. Al mismo tiempo, el cine club universitario estaba formado por personas que luego han sido muy famosas en el campo de la política y que se han llamado Alfonso Guerra, Guillermo Galeote, Gerardo Delgado (pintor y profesor de la Escuela de Arquitectura), Raúl Rispa, eminente editor, Juan Fabián Delgado y algún otro. Fue una etapa muy bonita porque era plasmar para el universitario la actividad cineclubística de entonces. Evidentemente, se hablaba de cine, pero en muchas ocasiones una sesión de cine club, fuera en el ámbito eclesiástico o en el universitario, era una contestación al régimen. Recuerdo haber organizado en el local de los sindicatos en la Plaza del Duque, la proyección de la película de Einsenstein «Tormenta sobre Méjico». Poner a Einsenstein entonces era «un acto revolucionario». La prueba está que en esa sesión dicen que de paisano hubo tantos policías como espectadores. Incluso algunas de las sesiones del cine club universitarios fueron bastante polémicas. En ese cine club había dos tendencias: los puristas del cine, a los que nos gustaba los géneros, el color, el cine norteamericano. Y luego estaba el sector más de «Nuestro cinema» que estaba representado por Guerra y Galeote. Dábamos una de cal y otra de arena. Lo mismo se programaban ciclos del musical americano que del Indio Fernández para hablar mal de la colonización. Fueron etapas muy interesantes en la vida sevillana, que yo recuerdo con añoranza. Fue además una forma de mi incipiente labor docente que luego he llevado a cabo en la Universidad y antes en los cursos financiados por el Vicerrectorado del 82 en adelante, que han sido muy fructíferos. Los jóvenes universitarios de los ochenta no sabían lo que era el cine mudo. Eran los rescoldos de una época difícil y bonita.»
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