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Versos que rompen barrotes

POR DAVINIA DELGADOCÓRDOBA. Las vidas que encierra el Centro Penitenciario de Córdoba están llenas de poesía; de versos marcados por la desdicha, aunque también endulzados por momentos de efímera

Actualizado 21/04/2007 - 03:14:50
POR DAVINIA DELGADO
CÓRDOBA. Las vidas que encierra el Centro Penitenciario de Córdoba están llenas de poesía; de versos marcados por la desdicha, aunque también endulzados por momentos de efímera felicidad. El taller «Poesía para la Libertad», organizado en el marco de Cosmopoética, ha brindado a 15 reclusos la posibilidad de explotar la lírica como vía de escape a su asfixiante realidad, y les ha enseñado a evadirse plasmando en el papel las rimas de su existencia.
El curso se ha desarrollado durante tres meses, según explicó ayer la monitora, la poetisa Alejandra Vanessa durante el acto de clausura. Se mostró muy sorprendida por la actitud de los alumnos, «ya que todos han estado muy motivados y abiertos al aprendizaje».
La escritora consideró «corto» el tiempo que ha durado el taller, «ya que no hemos tenido la posibilidad de ver muchos más textos en clase».
Abogó por continuar la experiencia «y esperemos que la próxima vez podamos dedicar más horas a la lírica».
La jornada de cierre del taller contó con la intervención de los poetas participantes en Cosmopoética Joan Margarit, Shlomo Avayou, Julieta Valero, Juan Vicente Piqueras y Jorge Díaz.
Uno a uno, los líricos fueron presentados por los alumnos, y leyeron algunos de sus poemas ante un público entusiasmado.
Avayou destacó durante su participación la importancia de la poesía «como arma para sobrevivir», a la que definió como «el grito que te salva de aquello que te atormenta».
Dijo, arropado por los reclusos, que con la escritura «puedes luchar como David lo hizo contra Goliat; enfrentarte a la sociedad para salvar tu dignidad. El el escudo de los débiles».
Tras la intervención de los literatos, los presos del taller recitaron, algunos avergonzados, y otros, más que animados, sus propios poemas.
Uno de los que más entusiasmó a los presentes fue el de Inmaculada Sánchez, una interna que lleva en el centro siete meses y medio, y debe cumplir una pena de tres años.
La letra de su escrito versaba sobre una experiencia propia que vivió cuando trabajaba en Barcelona como teleoperadora erótica.
«Un día, llamó por teléfono un hombre. A partir de entonces, comenzamos a hablar casi todos los días y le cogí un cariño especial. Iba a trabajar cada día esperando escuchar su voz», relata la autora.
El interés de Inmaculada fue en aumento, «hasta que decidí conocerlo y vine a Córdoba, donde residía. Él también estaba casado y la magia se rompió porque lo que nos daba morbo era hablar por teléfono», recuerda.
Otro de los participantes, Goliat, tras los barrotes por cuatro robos en cajeros, relató que «este curso me ha servido para huir de la realidad; no te imaginas lo pesado que es pasear y pasear por el patio».
«Yo creía que la poesía solo servía para hablar de amor, pero he aprendido que no es así; puedes utilizarla para explicar cómo te sientes», dijo Diego Requena, otro alumno.
«Además, cualquier actividad que se organice fuera del módulo me atrae; es mi forma de escapar», añadió.
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