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Un verano lejos de la radioactividad

POR: ESTRELLA SERNA FOTO: ROLDÁN SERRANOCÓRDOBA. La asociación de acogida infantil Los Pedroches renueva un verano más su compromiso con los pequeños de la región de Gomel, al sureste de Bielorrusia

Actualizado 21/07/2006 - 03:07:59
ROLDÁN SERRANO  La pequeña Julia (abajo), junto a Paqui y Gloria, su familia de acogida
ROLDÁN SERRANO La pequeña Julia (abajo), junto a Paqui y Gloria, su familia de acogida
POR: ESTRELLA SERNA FOTO: ROLDÁN SERRANO
CÓRDOBA. La asociación de acogida infantil Los Pedroches renueva un verano más su compromiso con los pequeños de la región de Gomel, al sureste de Bielorrusia, afectados por la catástrofe nuclear de Chernóbil (1986).
La asociación pozoalbense, puesta en marcha en 1996, lleva nueve años gestionando la acogida de niños bielorrusos, que este año han sido distribuidos por Peñarroya, Cerro Muriano, el Valle de los Pedroches y Córdoba. Son 45 los pequeños, de entre 8 y 14 años, que disfrutarán hasta el 13 de agosto de los cuidados y el cariño de las familias receptoras.
Según afirmó el presidente de dicha asociación, Felipe García, el objetivo de la misma es ofrecer un «cambio de aires a los pequeños», recomendado por científicos y médicos estudiosos de las consecuencias que el accidente nuclear pudo provocar en la población. «Es saludable para los pequeños el clima que puede ofrecerles nuestro país», según matizó García, pues se marchan con las defensas saneadas para combatir el duro invierno de sus ciudades.
La pequeña Julia
Éste es el segundo verano en España para la pequeña Julia de 11 años, que procede de la región bielorrusa de Kalincovich. Este año, está acogida en casa de Paqui García, una ama de casa de 54 años y madre de cuatro hijos que reside en el Polígono Guadalquivir.
Paqui ha hecho realidad el sueño de su hija Gloria de 28 años. La joven, que trabaja como cuidadora infantil, ya tiene apadrinada a una niña de Guatemala. Ahora ha dado un paso más en su vocación por ayudar a los más necesitados. «Si no podía traerme a mi niña, algo tenía que hacer», asegura. Y se puso en contacto con la asociación para poder ayudar a algún niño este verano porque, aunque «no tenemos lujos, nuestra nevera siempre está llena».
Toda la familia vivió con nerviosismo los días previos a la llegada de Julia, y no quiere ni pensar en su despedida. Pretende que en este mes y medio la niña se sienta como en casa. Hasta Dora, su «yorkshire» parece sentirse feliz con Julia, pues ha encontrado en ella una estupenda compañera de juegos. «No se separa de ella, incluso nos gruñe cuando nos acercamos a la niña», afirma Gloria.
Un «macutón» enorme
Han planeado unas vacaciones en la playa con toda la familia. Dicen «estar haciendo un esfuerzo para que Julia se divierta al máximo», pese a que la familia depende de los ingresos del marido de Paqui, que trabaja en el sector de la construcción. Además, están equipándola de ropa de abrigo para combatir el duro invierno de su país. «Llegó con tres mudas y va a llevarse un «macutón» enorme», comenta Paqui.
«Gusta mucho macarrones», balbucea la pequeña que, ajena al alcance de los efectos del desastre nuclear que pudieron costarle la vida, disfruta de las comidas que Paqui le prepara. En su casa, en Kalincovich, Julia asiste a clases de piano e inglés, pero en Córdoba pasa los días yendo a la piscina con Gloria y jugando al parchís, aunque «es un poco tramposa y siempre se las ingenia para ganar», cuenta Gloria ante la mirada pícara de la pequeña.
La pequeña llama a su familia un par de veces por semana y «parece que hay ocasiones que los echa de menos», afirma Gloria. Sin embargo, las atenciones que está recibiendo y las «ricas» comidas que Paqui le prepara parecen hacerla lo suficiente feliz, como para sentirse como en su propio hogar.
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