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Ignacio Medina y Fernández de Córdoba (Conservacionista y empresario. Duque de Segorbe): «Sevilla tiene para varias zonas cero»

Actualizado 24/10/2004 - 02:12:09
Ignacio Medina y Fernández de Córdoba. RAÚL DOBLADO
Ignacio Medina y Fernández de Córdoba. RAÚL DOBLADO

-¿Cuántas torres de viviendas y de oficinas ha promovido o levantado?

-Ni se lo imagina, un montón. Y han quedado la mar de bien. (risas)

-Al menos me dirá los palacios y edificios protegidos que ha derribado para hacer a su capricho mamotretos en el casco histórico...

-Demoler, ninguno; pero destruir, por lo que algunos dicen, bastantes. (risas)

-¿No es usted un conservacionista y empresario, amigo del ex alcalde Rojas-Marcos y a quien PSOE e IU presentaban por lo bajini como un especulador insaciable?

-El retrato que hace se aproxima mucho a mi personaje, es cierto, pero no me reconozco en él.

-¿Sabe a qué se refería este alcalde cuando dijo aquella cosa del «urbanismo bajo sospecha» del PA?

-No tengo la menor idea.

-¿Y se ha despejado la «sospecha»?

-Sí. Y se ha llegado a la nada más absoluta.

-Pues ahora, en vez de sospechas, vemos las recalificaciones de frente y por decreto, ¿no cree?

-No sigo la evolución de los planes urbanísticos. Me limito al centro histórico y a aquello que tiene relación directa con mi actividad.

-Le cito: Santa Justa, Bermejales, Plaza de Armas, los estadios de fútbol, lo que se cuece para la Cartuja... -¿Huele a fiebre recalificatoria y a especulación o sólo a mí me lo parece?

-No estoy en contra de que se recalifique, sino de que se hagan mal. Y sólo desde el punto de vista estético.

-Eso sí, como enfosque un dintel de una puerta en su hotel le mandan a los municipales de inmediato...

-No diré yo tanto, pero desde hace tiempo, y no ahora más que antes, noto una severidad conmigo que no se aplica a los demás. Me multaron por subir un metro un tejado, pero por taparnos la vista de gran parte de la torre de San Bartolomé, no ha pasado nada.

-¿Cuántas multas urbanísticas y órdenes de paralización ha recibido en torno al hotel «Casas de la Judería»?

-Incontables. Estuvo doce años abierto sin licencia municipal. Nos multaron por no seguir el proyecto, con el cual, por cierto, habría desaparecido la histórica escalera.

-¿Por qué ese cainismo sevillano?

-No hay ninguna explicación racional, pero asfixia a esta ciudad y aburre a quienes podían hacer por ella mucho más de lo que hacen.

-¿Y tiene esto algo que ver con su cese fulminante como miembro del Patronato de los Reales Alcázares?

-No diré que guarde relación directa, pero sí que me ha dolido mucho, porque he sido uno de los que más tiempo le ha dedicado en estos años.

-Es miembro del Consejo Superior de Archivos, asesora a los museos de San Francisco (California), a la Hispanic Society de Nueva York y a SAVE-Europe; en cambio, aquí...

-Creo tener acreditada mi disposición a colaborar en materia de conservación. He presidido la Fundación Mapfre Tavera, dedicada a la preservación y difusión del patrimonio bibliográfico iberoamericano y pertenezco a SAVE-Venice Heritage para la protección de Venecia. Si alguien lo cree pertinente puede disponer de mi experiencia.

-¿Le han explicado los motivos de su cese o le caben dudas?

-Ninguna explicación. Y no creo que tengan que dármela, aunque, dada mi dedicación, habría agradecido conocerlo por otra vía que no fuera la prensa.

-¿No habremos pasado de la sospecha a la revancha, que también termina en «cha»?

-Es posible, pero desconozco las razones. Me he limitado a lo que creo que sé hacer. Nunca he querido crear problemas si se respetaban ciertos criterios de conservación y mantenimiento, que es lo que me ocupa.

-Por «cha» también empiezan «chapuza», «chalaneo», «chanchullo»... Aplique lo que más le cuadre al caso.

-(risas) Chamullemos de otra cosa, se lo ruego.

-En Europa sus ciudades parecen terminadas. En cambio, Sevilla, con tantas obras, parece a medio hacer o que la acaban de inventar...

-(risas) El que dijo eso lo captó muy bien, un acierto pleno. Sevilla ha sido una ciudad con muchos problemas en una larga historia de decadencia. Por desgracia, se sigue destruyendo mucho del caserío habitual de la ciudad. En Triana, por ejemplo, apenas quedan una docena de casas del XVIII. Ya sólo es una ilusión que no existe, pero a la que le siguen cantando.

-Reivindicaba usted el otro día los símbolos civiles de Sevilla y no los religiosos, que tanto preocupan de boquilla al alcalde aunque luego pegue «codazos» por coger la vara en una procesión...

-Se ha perdido el tracto histórico y se emplean los símbolos de manera intercambiable. Las instituciones usan el símbolo de la Giralda y las azucenas sin reparos, cuando siempre fue algo específico del Cabildo catedralicio.

-Como visita mucho Nueva York, le regalo un lema: «Sevilla, Zona Cero». ¿Algún otro que le guste?

-(risas) Aquí tenemos para varias «Zonas Cero»...
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