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Antonio Domonte Ortiz de Zúñiga, explorador de la Isla de Pascua

Allá por la segunda mitad del siglo XVIII, los españoles tienen noticias de naves inglesas y holandesas que navegaban por aguas del Pacífico, señorío de los marinos castellanos. De hecho, llegan

Actualizado 26/09/2009 - 09:02:39
Allá por la segunda mitad del siglo XVIII, los españoles tienen noticias de naves inglesas y holandesas que navegaban por aguas del Pacífico, señorío de los marinos castellanos. De hecho, llegan rumores acerca de que un capitán holandés había descubierto una isla a la quehabía nombrado isla de Pascua. El virrey del Perú, Manuel de Amat, dispuesto a no tolerar más incursiones en las costas y archipiélagos del gran lago Español, el Pacífico, dispone que se preparen y abastezcan dos navíos que salgan a navegar hasta aquella isla para reconocerla y verificar si había en ella algún extranjero. Al frente de la fragata Santa Rosalía, se poneal sevillano Antonio Domonte Ortiz de Zúñiga, bajo las órdenes del cántabro González de Haedo, que comanda el navío San Lorenzo. 700 Hombres y dos religiosos componen el resto de la tripulación. El 10 de octubre de 1770 levan anclas del puerto del Callao y se lanzan al inmenso océano.
Después de 37 singladuras, avistan la solitaria e enigmática isla de Pascua. Buscando un fondeo seguro, descubren al NE de la costa una ensenada de suficiente fondo de arena y resguardada del viento, donde echan anclas, bautizando el lugar como «Ensenada de González». Años más tarde fue llamada por los franceses, «Ensenada de los Españoles» en honor a los marinos que la cartografiaron y describieron por primera vez. Los tripulantes de los navíos comienzan a observar esta enigmática isla, ven una tierra de cañadas, llanuras, montes y lomas cubiertas de verde hasta la orilla del mar, y se ven agasajados por el trato amable y alegre de sus habitantes. Aunque desconocían su lengua, se esfuerzan por conseguir comunicarse con los pascuenses, y mediante dibujos y signos, logran recopilar el primer vocabulario español- rapanui existente, compuesto de ochenta y ocho palabras y los diez primeros números.
Pronto advierten que la costa es rocosa y llena de arrecifes, y que acercarse a ella con los barcos es tarea difícil, sino imposible. De hecho,las dos naves solo consiguen anclar en otra de sus radas que llaman de San Juan.Pero en los botes auxiliares de las naves, un grupo de hombres se dedican a rodear la isla para describir, dibujar y anotar los datos más importantes de su geografía, sus caletas, cabos, ensenadas, calidad de la tierra, sus gentes, sus costumbres y sus modos de vida.Al anclar cerca de la costa, desde los navíos,Domonte y sus compañeros observan impactados, «que los árboles que les parecíanpirámides, son estatuas o ymágenes de los ydolos que adoran estos naturales, son de piedra, tan elevados y corpulentos que parecen colunas mui gruesas..., semejante estatua no la he visto». Admirados y sobrecogidos, describen con detalle los numerosos moais de la grandiosa cultura megalítica que encuentran en la isla, sus cabezas, cuerpo, basa, tamaño, la piedra de qué están hechos, su color, su función. Uno de los pilotos mide la estatua más alta de la ensenada, el moai Paro, en «cinquenta y dos pies, y seis pulgadas de Castilla», ¡14,7 m. de altura sin incluir su basa¡.
Después de reconocida y descrita por primera vez en la historia la isla de Pascua, los españoles se disponen a partir, no sin antes tomar posesión solemne de ella. Los oficiales y la tropa uniformados debidamente, con sus banderas al viento,al son de las letanías cantadas por los capellanes y la música de los tambores y pífanos, acompañados de los indígenas, se dirigen al cerro Poíke. Una vez bendecidas, colocan allí tres cruces y enarbolan la bandera de España, proclamando la soberanía de la isla en nombre del monarca español, Carlos III, en cuyo honor se bautiza aquella tierra como «isla de San Carlos». Solo entonces abandonan la isla. Levan anclas y navegan hasta el puerto de San Carlos de Chiloé, donde rellenar sus bodegas de víveres y mercancías. Tras una breve escala, los dos navíos regresan a la isla de Pascua, para asegurarse de que no existían otras islas cercanas. A fines de marzo de 1771, después de más de cinco meses y medio de navegación por el Pacífico sur, regresan al puerto del Callao.
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