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Muere La Paquera de Jerez, muere la bulería

Ha muerto la bulería. La Paquera de Jerez, reina de los cantes festeros, estrella de la posguerra y símbolo del cante gitano, murió ayer a causa de una trombosis.

Actualizado 27/04/2004 - 02:31:36
La Paquera, durante una de sus memorables actuaciones. ABC
La Paquera, durante una de sus memorables actuaciones. ABC

SEVILLA / JEREZ. Ha muerto la garra. El último resquicio caracolero. Se acabó. El «aliole anda y ole» por bulerías se apagó ayer después de luchar hasta el último suspiro por agarrarse a la vida con la fuerza con la que se agarraba a la silla de enea. Francisca Méndez Garrido, La Paquera de Jerez, murió a las dos y media de la tarde en la clínica Asisa de la ciudad gaditana después de un mes de calvario provocado por una subida de glucosa primero y por una trombosis después. Ingresó el 23 de marzo. Falleció el 26 de abril. En el documental que dirigió Fernando González-Caballos hace tres años sobre el primer viaje de la cantaora a Japón, ella misma decía que no le gustaba hacer las cosas a medias. Y tanto.

Su desaparición supone también la del cante grande por bulerías. Su concepto, su estética, se van con ella. Tenía 70 años, pocos para una voz tan eterna que se fraguó como antiguamente. Su cante nació en una «loza de pescao» de Jerez, lugar de donde su padre sacaba los caudales para dar de comer a su familia. La niña Francisca era entonces una atracción, un vendaval que recogía en su laringe las esencias de Caracol y las hacía suyas a costa de fuerza. Fiestas de señoritos hasta los cincuenta. Entonces llega su primer disco. Y luego su debut en Madrid. Era el año 57 cuando la cuchichí rubia rompió los moldes en el Corral de la Morería. De ahí a su primer espectáculo, «España por bulerías», donde trabajó con Farruco, Juanito Maravillas y Chocolate. Luego llegaron otras obras, como «Alegrías de Andalucía», «Así se canta en Jerez» o «Carrusel de Canciones», que se presentó en el famoso Circo Price en 1961. Era una época en la que los tablaos se peleaban por ella, porque nadie había visto jamás a una mujer cantar con el brío y la contundencia de aquella joven. De Torres Bermejas a Las Brujas. La popularidad se casa con ella. Trabaja con Farina en «Bronce y solera» y «Embrujo y tronío». Debuta en Los Gallos de Sevilla. Regresa a la capital como estrella en Los Canasteros. Y surgen los llamados festivales de Andalucía. Verla se convierte en una obligación. Sobre todo después de su triunfo en Córdoba, donde obtiene el premio Niña de los Peines en 1971, el mismo año en que la Cátedra de Flamencología le concede la Copa Jerez.

El Romance de Juan de Osuna que había popularizado Caracol se torna en himno del paquerismo. Surge una nueva saga jerezana: los Méndez de San Miguel. Y todos sus herederos sanguíneos se rompen la camisa para coger el tono de su tía. Al siete por medio. Ahí entra todo. Entraba. Ya no. Ya la Paquera sólo cantará en aquellos discos con los que ganó fama, aquellos que obligaron a Juan Luis Manfredi a decir que «ella es la reina de la bulería en el compás de su tierra y posee, como pocas y pocos, el rigor de la medida y el compás. Espléndida de facultades. Francisca Méndez Garrido es capaz de engrandecer, de ampliar, de hallar el más difícil todavía en el más difícil de los cantes. Está de lleno en la línea caracolera que ella no desmiente, ni mucho menos, y canta con un nervio singular». También se mojó el cineasta Edgar Neville: «Canta las bulerías con el llanto gitano, con ese temblor y ese quejido que sólo tienen los de su raza, con ese fondo de pena y emoción que va unido al cante flamenco puro y que le da hondura».

En una UCI de Jerez, lejos de Rota...

Hondura, ay la hondura. Ayer se quedó en la UCI de la clínica de Jerez. Lejos del mar de Rota que tanto amaba la cantaora, muy cerca del barrio que la trajo al mundo junto a Lola Flores y Mojama. Hondura que reconoció su pueblo cuando le otorgó la Medalla de las Bellas Artes hace algunas semanas. En un principio, estaba previsto queel Rey Don Juan Carlos le entregara personalmente tal distinción tanto a ella como al también artista jerezano Paco Cepero, en Cáceres el pasado día 20, pero a última hora se decidió suspender el acto. Lo mismo ocurrió con el «Compás del Cante», que entrega la Cruzcampo. El pasado viernes 16 de abril tenía que haberlo recogido. Se lo lleva a la gloria. Eso y que su Jerez, con la que muchas veces estuvo enfrentada dio a conocer la pasada semana que, «aunque tarde», había iniciado un expediente para declarar a la artista Hija Predilecta de la Ciudad, si bien serán ahora sus familiares los que en su día recojan este reconocimiento a título póstumo. Porque a La Paquera, esa mujer convertida en profeta, ya sólo le queda una noche con sus paisanos. La noche que acaba de morir. Allí ha estado en capilla ardiente entrando por última vez a compás.

Mañana a las diez se celebrará el funeral en la ermita de San Telmo, en pleno barrio de San Miguel, donde ya están las campanas ensayando el temple caracolero que hoy la despide: «aliole anda y ole / alió / viva la madre / viva la madre que te parió».
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