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José Ignacio Ustaran, «emerge tu recuerdo en la noche en que estoy»

La viuda y los hijos del que fuera militante de UCD en Vitoria celebraron anoche en Sevilla un emotivo acto para recordar su memoria justo 25 años después de ser asesinado por ETA, homenaje que se extendió a otras víctimas del terrorismo, cuyos familiares estuvieron presentes

Actualizado 30/09/2005 - 07:13:25
Jaime Mayor Oreja, en primer término, escucha al hijo de José Ignacio Ustaran justo detrás de su viuda y su hija. PABLO COUSINOU
Jaime Mayor Oreja, en primer término, escucha al hijo de José Ignacio Ustaran justo detrás de su viuda y su hija. PABLO COUSINOU

SEVILLA. A primera hora de la tarde del 29 de septiembre de 1980, en un domicilio vitoriano, la familia de José Ignacio Ustaran preparaba el cumpleaños de la más pequeña de la casa, Mariola, que al día siguiente hacía siete años. Sus hermanos, Esther (15 años), José Ignacio (12) y Rocío (9), alternaban ratos de estudio con los preparativos de la onomástica de la hermana pequeña, de los que se encargaba especialmente su madre, Charo. Pero cuando empezó a caer la oscuridad del otoño vasco, la tarde acabó por romperse violentamente: tres individuos en torno a la veintena de años entraron por la fuerza en la casa. En sus manos, pistolas. En las culatas de las armas, la serpiente enroscada de ETA. El comando se llevó por la fuerza a José Ignacio, perito asegurador y militante de UCD, como su esposa, la concejal Muela del Ayuntamiento de la capital alavesa. Los niños lloraban camino de la cocina, a donde les obligaron a encerrarse mientras se llevaban a su padre. «¿Qué van a hacer con mi marido?». «No te preocupes, no va a pasar nada, no llames a la Policía».

Se lo llevan a la fuerza y cortan los cables del teléfono. Varias horas más tarde, la sacudida. «Han matado a su marido de un tiro en la cabeza. Lo han encontrado maniatado en el asiento de atrás de su propio coche, justo al lado de la sede de UCD». La campanita del teletipo suena en la agencia Efe pasadas las once de la noche. Los informativos de radio cortan su esquema programado para dar la noticia, que supera a las otras del día (inundaciones en Huelva, el «Guernica» pasa a disposición del Gobierno, inicio en las Cortes del debate sobre la futura Ley del Divorcio o entrevista Suárez-González).

Ayer, justo un cuarto de siglo después, sus familiares (que se trasladaron después a Sevilla para no seguir conviviendo con tanto dolor o con silencios cómplices) conmemoraron aquel asesinato para recordar no sólo a José Ignacio, sino, como subrayó su hijo, «a tantos inocentes que han sido víctimas de la sinrazón». Así, junto a ellos estuvieron las viudas del empresario Ramón Baglietto y del capitán de la Policía José María Urquizu, además del hijo del coronel del Ejército Basilio Altuna, todos asesinados por la banda terrorista el mismo año que Ustaran. A Urquizu lo mató un chaval de 19 años al que tres lustros antes había salvado la vida al evitar que lo atropellara un camión. Lo condenaron a 51 años. Estuvo 10 en prisión.

En el convento de Los Remedios, reconfortando a la familia, estaban anoche Alfredo Marco, compañero de José Ignacio en las largas mañanas de caza en la Sierra Norte. O Enrique Villar, que fuera delegado del Gobierno en el País Vasco. O Jaime Mayor Oreja, ex ministro del Interior. Y trescientas personas más. Todos, familia, las de otras víctimas y amigos, sin odio, sin sed de venganza, sino simplemente honrando la memoria de los muertos y elevando la voz, con ello, en busca de simple justicia. «Queremos la paz -explicaba a ABC Charo Muela-, pero no se puede pasar por alto la dignidad de quienes perdieron la vida. José Ignacio ha sido muchas veces uno de esos olvidados y esto debe servir para que no sea así, ni con él ni con los demás».

«Sólo tenemos ánimo de justicia, no de revancha -comentaba el hijo del que fuera militante centrista vasco a este periódico-. Por eso, ahora que escuchamos al Gobierno hablar de negociar, de hablar, de perdonar, sólo queremos recordar que nosotros también queremos paz, pero no a cualquier precio. Sólo hace falta que se aplique el Estado de derecho y que se trate a los asesinos como eso, como a los demás asesinos que andan por las cárceles».

En el acto, tras varias lecturas de la viuda y el hijo, se proyectó un vídeo documental enormemente emotivo en recuerdo de José Ignacio y las otras 75 personas asesinadas por ETA en el año 80. Sobreimpresionada en las imágenes del inicio, un verso de Pablo Neruda: «Emerge tu recuerdo en la noche en que estoy».
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