Córdoba

Hemeroteca > 30/12/2007 > 

Rita Rutkowski _ Pintora neoyorquina afincada en Córdoba: «La pintura me ha salvado»

TEXTO: ARISTÓTELES MORENOFOTOS: RAFAEL CARMONACÓRDOBA. El amor atrapó en Córdoba a esta neoyorquina confesa hace ahora 48 años exactamente. Vino de paso, procedente de Italia y camino de Estados

Actualizado 30/12/2007 - 03:14:00
TEXTO: ARISTÓTELES MORENO
FOTOS: RAFAEL CARMONA
CÓRDOBA. El amor atrapó en Córdoba a esta neoyorquina confesa hace ahora 48 años exactamente. Vino de paso, procedente de Italia y camino de Estados Unidos, pero aquí encalló fascinada por la estampa sobrecogedora de aquella ciudad de finales de los cincuenta.
Era febrero de 1959 y en noviembre de ese mismo año una importante galería de arte de la capital del mundo le había reservado fecha para exponer las obras que traería de España. Pero Rita Rutkowski (Londres, 1932) nunca regresó. De Estados Unidos se trajo el expresionismo abstracto, que impactó el mundo artístico de las salas locales, y aquí se dio de bruces con un sentido irónico y lúdico de la vida que no ha encontrado en ningún otro país. «A Italia me adapté enseguida. Pero España me costó trabajo y me sigue costando. Aquí hay ganas de disfrutar de la vida y eso es un rasgo muy positivo. En Nueva York se hace una vida más intimista, menos en la calle».
A Nueva York llegó con sólo un año y medio procedente de Londres, donde su padre había recalado desde Polonia con 11 años acompañando a una familia que no era la suya. Años más tarde se trasladó a la ciudad de los rascacielos para buscar prosperidad y con la decidida intención de no volver nunca más. «La vida de los emigrantes es muy fuerte y dramática. En aquella época, la gente se cambiaba de país para integrarse absolutamente. Emigramos a EEUU para convertirnos en americanos. Antes era otro concepto. Nos tirábamos la vida entera para encajarnos. Lo que hiciera falta: 20 años o dos generaciones». De Nueva York habla con devoción. Admira la educación que recibió en la escuela, donde le inocularon la pasión por la lectura y por la música. Y a los ocho años descubrió la pintura. Justamente una mañana en que la sacaron a la pizarra a decorar con tizas de colores una composición del «far west». «Hice algo bastante cutre, pero aún lo tengo clavado en la memoria por el entusiasmo que me despertó».
Se debatió entonces entre la música y la pintura, pero la dificultad de adquirir un instrumento la empujó a esta última, que después le ha acompañado toda la vida. Se formó en técnicas pictóricas y se trasladó a Italia para disfrutar de una beca por espacio de un año y medio. A la vuelta se detuvo en España, un país que le intrigaba profundamente.
-¿Cómo encontró Córdoba en 1959?
-Para mí, era una ciudad emblemática. Me gustaba su entorno, la atmósfera, el paisaje, que era de una gran belleza. Entonces se podía pasear por las calles del barrio antiguo toda la noche. No había un alma. Las luces tenían un cristal como azulado, que le daban un ambiente único.
-¿Y cómo era la vida cultural de Córdoba vista por una neoyorquina?
-Tenía un bullicio curioso. Entonces funcionaba el grupo Cántico a tope. Había más galerías que ahora y la gente tenía ganas de dar un paso hacia delante.
-¿Y con qué pintura se encontró?
-Una señora me dijo años después de mi primera exposición: «Cuando la vi me pareció muy dura. Ahora ya no tanto».
-¿Había evolucionado ella o usted?
-El mundo ha evolucionado. Yo era como un extraterrestre. Incluso por mi forma de vestir. Me tachaban de espía rusa o del FBI. Era mi época existencialista y me vestía toda de negro, así que era una sospechosa. A veces se plantaban delante de mí para mirarme de arriba a abajo, como si me hubieran sacado de un zoológico. No era frecuente ver a una mujer sola. No me sentía con libertad.
Ya no viste de negro, pero conserva su elegancia natural y energía suficiente para trabajar a diario en el estudio que posee en el entorno de la Avenida de Granada. La pintura ha sido su guía vital, igual que su padre, que falleció no hace mucho a la edad de 102 años. «Era un hombre que ha sido modelo para mí. Lo admiro. No tenía pretensiones personales, era libre e independiente y tenía un gran sentido del humor. Nunca hizo daño a nadie». Falleció en Nueva York y con él se apagó uno de los pocos focos afectivos que le quedaban a Rita Rutkowski al otro lado del Atlántico.
Justamente el día 14 de septiembre de 2001 tenía un billete de avión con destino a la capital económica estadounidense. Tres días antes habló con su cuñada, que le dio instrucciones de cómo llegar hasta su casa. Instantes después la llamaron por teléfono y le pidieron que encendiera el receptor de televisión. «No me lo podía creer. Pensé que era una película de terror. Estuve dos días en la cama del impacto. Yo conocía bastante bien las Torres Gemelas y recuerdo unos grandes tapices de Miró. Nadie se acordaría de sacarlos».
-¿Qué le ha dado la pintura?
-Me ha salvado. Me ha sacado de muchos pozos y de momentos de desesperación duros. Aparte, me ha abierto la mente y me ha hecho crecer.
-¿Para qué sirve el arte?
-El arte es conocimiento. Es un reflejo de la capacidad humana y nos ayuda a entender lo que nos rodea.
-¿La creación artística es una explicación del mundo o de sí mismo?
-Debería serlo y lo es. Nos refleja a nosotros mismos y a los tiempos en que vivimos.
-¿Qué hace una neoyorquina militante en un ciudad como Córdoba?
-Me considero adaptable y tengo suficiente corazón para querer esto y aquello a la vez.
-¿Qué le ha enseñado Córdoba?
-Es otro ritmo. Las respuestas a la vida en Córdoba son más lentas.
-¿Qué es lo peor de esta ciudad?
-La falta de visión. No apreciar lo que realmente tiene y construir sobre ello.
-¿Y lo más sublime?
-La belleza que posee. Es una ciudad bellísima, pero no se le saca todo el provecho. Es obligación de los gobernantes culturizar a sus ciudadanos para que sepan en qué mundo vivimos.
-¿Qué ve si mira en su interior?
-Creo que una combinación compleja de persona con dudas y a la vez consciente de lo que puede considerar positivo. Me gustaría ser coherente en la vida aunque veo que es difícil y, quizás, innecesario.
-¿A dónde nos conduce la cultura?
-Me duele cuando se asocia al término élite. Se necesita interés y sensibilidad.
-Usted ha pintado muchas azoteas en sus cuadros. ¿Cómo se ve el mundo desde la azotea?
-Es un elemento que me llamaba la atención aquí, pero también en Nueva York.
-Dígame un pintor.
-Palazuelo y Richter, un pintor alemán que me deja K.O. cuando lo veo.
-¿Qué espera de la vida?
-Poder comprenderla.
-¿Y no la ha comprendido?
-He aprendido mucho, pero se me escapan cosas.
Búsquedas relacionadas
  • Compartir
  • mas
  • Imprimir
publicidad
PUBLICIDAD
Lo ?ltimo...

Copyright © ABC Periódico Electrónico S.L.U.