Garrett (a la izquierda) en un montaje fotográfico junto a Billy "el Niño" (derecha) - / Vídeo: Así es el origen español de los vaqueros del Viejo Oeste de EE.UU.

El amargo asesinato de Billy «el Niño» a manos de su amigo, el sheriff más rudo Salvaje Oeste

Pat Garrett quedó marcado por haber acabado con el bandido a sangre fría en 1881. Pasó sus últimos días entre deudas y alcohol hasta que murió en un tiroteo

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A pesar de lo que nos han ensañado las películas de Hollywood y el mítico Spaghetti Western, ni los bandidos del Lejano Oeste americano eran tan crueles, ni los guardianes de la ley tan honrados. El ejemplo claro de esta máxima fue la controvertida relación entre el popular bandolero Billy «el Niño» (un héroe para el pueblo hispano a pesar de que se le atribuyen 21 asesinatos) y Pat Garrett (el agente que acabó con su vida tras una persecución digna de una novela). Amigos durante su juventud, protagonizaron un mortal juego de gato y ratón en el que perdieron ambos. El primero, su vida; el segundo, su credibilidad. Y es que, el agente terminó señalado por haber acabado con su enemigo de manera 'poco policial'.

Con las balas que disparó al forajido el 14 de julio de 1881 selló su destino. Tras acabar su mandato, Garrett no consiguió volver a ser nombrado sheriff. Tampoco cobró los 500 dólares de recompensa por acabar con «el Niño» a sangre fría; más como una revancha personal que como un verdadero oficial de la ley. Por si fuera poco, intentó empezar una carrera política que terminó de forma desastrosa y se dio al alcohol para olvidar la ingente cantidad de deudas que había acumulado. Su muerte no fue menos trágica que la del bandolero hispano. Sin amigos ni apoyos, acabó tiroteado en una carreta por un ganadero cualquiera. Al menos, según la versión oficial, ya que investigaciones posteriores han barajado la posibilidad de que su verdugo fuese un asesino a sueldo.

Turbia juventud

Pero comencemos por el principio. Patrick Floyd Garret nació en 1850 en Alabama y tuvo la suerte de ser criado en una próspera plantación de Louisiana. No era, en definitiva, un pobre muchacho sin dinero, como bien explica el divulgador histórico Gregorio Doval en su renombrada «Breve historia del Salvaje Oeste. Pistoleros y forajidos». Con unos escasos 19 años, tras la muerte de sus padres, se marchó del rancho familiar y encontró trabajo como «cowboy» en Texas. A partir de entonces vivió del ganado y de la caza. Aunque las crónicas coinciden en que sabía defenderse y en que generaba respeto entre sus iguales por su alta estatura. Valga como ejemplo que, en 1879, acabó de un disparo con un irlandés con el que mantuvo una fuerte discusión.

Sus arrestos quedaron demostrados, pero le obligaron a marcharse hasta Nuevo México, donde abrió su propio «saloon». Allí, el amor que «Juan el Largo» (como le conocían) profesaba por el póker le llevó a conocer a los pistoleros más famosos de su tiempo. Y entre ellos, a un joven Henry McCarty, a la postre conocido como Billy «el Niño». Su afición por los juegos de cartas les unió hasta tal punto que aquellos que les conocían terminaron apodándoles «Gran Casino» y «Pequeño Casino» en alusión a su estatura. Algo que mencionó el futuro sheriff en su libro, «The Authentic Life of Billy, the Kid» (un éxito de ventas a finales de 1882).

La fotografía más conocida de Pat Garret
La fotografía más conocida de Pat Garret

«Me relacioné personalmente con el “Niño” desde el estallido y posterior desarrollo de lo que ha venido a conocerse como “La guerra del condado de Lincoln”, hasta el momento de su muerte, de la cual fui el desgraciado instrumento en el desempeño de mi cargo oficial […] “El Niño” tenía un demonio merodeándole dentro; se trataba de un diablillo jovial y amable, o de un demonio cruel y sediento de sangre, según cuáles fuesen las circunstancias. Las circunstancias favorecieron al peor de los ángeles y “El Niño” cayó».

Los vaivenes de la vida hicieron que, en 1880, fuese nombrado sheriff del condado de Lincoln después de la dimisión del hombre que sentaba sus reales en el cargo. Por entonces este rudo personaje era miembro del Partido Republicano y había ganado ya cierta fama como pistolero. ¿Quién mejor que él? Lo que no imaginaba es que, poco después de colgarse la placa, iba a recibir el encargo más duro al que se enfrentaría jamás: atrapar a McCarty. Y es que, su amigo -más conocido ya como Billy «el Niño»- acababa de escapar de prisión tras eludir un cargo por asesinato. A cambio, eso sí, el gobernador de Nuevo México le ofreció la friolera de 500 dólares. Una cantidad nada desdeñable si tenemos en cuenta que comer en un «saloon» solía costar entre uno y dos dólares.

Captura y asesinato

Los pormenores de la caza de «el Niño» bien darían para elaborar una enciclopedia. Garrett, conocedor de las costumbres de los forajidos, comenzó su búsqueda en Fort Summer, Tuvo suerte, pues allí se dio de bruces con la banda del forajido. Para su desgracia, solo pudo atrapar a uno de sus compinches y su presa principal escapó. Aunque el recluso, poco antes de morir desangrado por el tiroteo que se produjo, desveló a Garrett dónde se hallaba el escondite de McCarty. El lugar señalado fue Stinking Springs. Dicho y hecho, Apenas unos días después, el sheriff dio caza al fugitivo. En un breve período de tiempo, la justicia volvió a condenar al joven criminal. Parecía que todo había acabado, pero nada más lejos de la realidad...

«Billy se volvió a fugar a punta de pistola, matando a dos de sus guardianes. Era el 18 de abril de 1881. Garrett salió de nuevo en su busca, esta vez decidido a que su antiguo amigo no volviera a dar más problemas», añade Doval en su obra. En un nuevo capítulo de esta extensa búsqueda y captura, el sheriff se dirigió hasta Fort Summer, donde descubrió que su presa se había escondido junto a un amigo común de su juventud, Peter Maxwell. El círculo se cerraba. El agente de la ley armó entonces a su grupo y se dispuso a terminar con la vida de fechorías del forajido. Vivo, muerto, o lo que se terciase. El 14 de julio de ese mismo año, cuando «el Niño» sumaba 21 primaveras a sus espaldas, arribaron hasta la región que se convertiría en su tumba.

PattGarret
PattGarret

El propio Garrett narró, de forma pormenorizada, cómo acabó con la vida de «el Niño» en su libro. Según él, para dar por finalizadas las mil mentiras que estaban publicando los diarios. En sus palabras, todo comenzó cuando el sheriff observó como un forajido sin identificar salía de un huerto en dirección a la casa de Maxwell. El agente se adelantó y llegó primero a la vivienda. «Era cerca de medianoche y Pete estaba en la cama. Me acerqué al cabezal de la cama y me senté a su lado, junto a la almohada. Le pregunté por el paradero del Niño. Él me dijo que era verdad que el Niño había estado por allí, pero que no sabía si ya se había ido o no», explicó nuestro protagonista en su obra.

En ese momento llegó hasta la estancia un hombre «sin sombrero», «descalzo o sin calcetines» y armado con un revólver y un cuchillo de carnicero...

Garrett no reconoció a «el Niño». «¿Quién es, Pete?», le preguntó. Pero no obtuvo respuesta. Lo mismo le pasó al forajido. El agente repitió: «¿Quiénes son, Pete?». Después de un breve silencio, la respuesta resonó por toda la habitación: «¡Es él!». «Saqué mi revólver lo más rápido que pude y disparé, arrojé mi cuerpo a un lado y volví a disparar. El segundo disparo fue innecesario: el Niño cayó muerto. No llegó a pronunciar palabra. Lo intentó, pero lo único que pudo emitir fue un leve sonido estrangulado mientras se debatía por respirar. Y así fue cómo el Niño se reunió con sus múltiples víctimas», añadía Garrtett. No se arrepintió de ello ya que, aunque su enemigo había declarado que no le guardaba rencor, también había hecho público que acabaría con su vida si se encontraba frente a frente con él.

Caída en desgracia

La muerte de Billy supuso una orgullosa muesca más en la Colt de Garrett. Sin embargo, la muerte no produjo el mismo efecto entre los ciudadanos de los Estados Unidos. Según Doval, la sociedad entendió que el agente había asesinado «a sangre fría» al forajido, y no «en el curso de una acción policial». Por ello, no recibió los 500 dólares de recompensa. Aquel fue el comienzo de su particular calvario. A pesar de sus victoria, no logró ser reelegido como sheriff después de que acabara su mandato. En 1884 fue derrotado en las elecciones al senado de Nuevo México y, apenas cinco años después, no fue elegido sheriff del condado de Chaves. «Por entonces, su áspero carácter y los rumores sobre […] su forma de acabar con Billy “el Niño” comenzaron a afectar seriamente su popularidad», desvela el autor español.

Garrett, dolido, se marchó de Nuevo México, aunque volvió años después como detective privado para investigar los turbios tejemanejes de unos agentes de la ley protegidos por un poderoso juez local. Aquel pudo haber sido su último éxito. O eso creía él. Es cierto que el viejo agente logró reunir pruebas en contra de los acusados y los capturó, pero al final quedaron libres. Por entonces todavía gozaba de la gracia del presidente Roosevelt, pero no le duró demasiado. Concretamente, hasta 1902, cuando una diferencia entre ambos dejó a nuestro protagonista solo.

Billy el Niño (izda) jugando al croquet en un ferrotipo descubierto en 2015
Billy el Niño (izda) jugando al croquet en un ferrotipo descubierto en 2015

Tras este golpe, Garrett se retiró a su rancho en Nuevo México. Olvidado, solo quería pasar sus últimos días tranquilo. Pero las deudas empezaron a minar su ánimo. «Mantenía una fuerte deuda fiscal y, además, se le hizo responsable subsidiario del impago de un préstamo en el que había avalado a un amigo. Se hipotecó gravemente para poder afrontar el pago de ambas deudas y todo acabó con una grave crisis personal, que le arrastró hasta la bebida y el juego lo que, a su vez, le llevó a caer en nuevas deudas», añade Doval.

Su mayor acreedor solo encontró una forma de que le devolviera el oro que le debía: alquilar parte de la finca en la que el viejo sheriff residía para que un rebaño de cabras de un pastor local abrevara. El enfado del agente fue descomunal.

Su caída a los infiernos continuó hasta 1908. Por entonces la forma en la que había asesinado a Billy le había granjeado el odio de una gran parte de los ciudadanos de los Estados Unidos. El 29 de febrero de ese mismo año fue su último día. Aquella jornada, Garrett se subió a un carruaje que le llevaría hasta Las Cruces. En el camino se topó con un jinete que dijo ser Wayne Brazel, el dueño del rebaño de cabras que había arrendado parte de su finca. Ambos se enzarzaron en una acalorada discusión que terminó cuando el pastor le descerrajó dos tiros, uno en el vientre y otro en la cabeza. Al menos, esta fue la teoría que se esgrimió a nivel oficial. Y es que, a día de hoy todavía se baraja la posibilidad de que, en realidad, su verdugo fuera un pistolero a sueldo.