La abogada de los afectados de Cerro Belmonte, junto a Fidel Castro, durante la visita de los vecino a La Habana
La abogada de los afectados de Cerro Belmonte, junto a Fidel Castro, durante la visita de los vecino a La Habana

Cerro BelmonteEl barrio de Madrid que declaró su independencia de España y cerró sus fronteras con ayuda de Fidel Castro

Como protesta por la expropiación de sus casas en 1990, los 214 vecinos de Cerro Belmonte redactaron una constitución, compusieron un himno, diseñaron una bandera, cortaron la circulación en sus calles y hasta acuñaron su propia moneda: el «belmonteño». La farsa secesionista les duró una semana

Israel Viana
MadridActualizado:

La semilla de este olvidado episodio que sacudió a la capital del Reino en 1990 fue recogida dos años antes por ABC. «Nuevos estudios para erradicar las 19 bolsas de pobreza de Madrid», anunciaba el titular el 15 de septiembre de 1988. La noticia explicaba que el Ayuntamiento proyectaba construir 7.200 viviendas para acabar «con el deterioro urbano, que en unos casos se trata de chabolismo y, en otros, de infravivienda». «A través de la expropiación se dejará suelo vacante para destinarlo al servicio público, comercial o habitacional. Y a las personas afectadas se las realojará o se las indemnizará», añadía.

A continuación enumeraban esas «bolsas de pobreza», entre las que se encontraban los barrios del Puente de Vallecas, El Carmen, Glorieta Elíptica, Carabanchel bajo, Méndez Álvaro, Delicias y el que nos ocupa: Cerro Belmonte. Este último estaba ubicado en el distrito de Valdezarza (Madrid). Albergaba a poco más de 200 personas que fueron suficientes para hacer un gran ruido mediático en toda España y presionar a las autoridades lo suficiente como para cambiar su destino. «Alianza Popular cree que la erradicación de estas bolsas es necesaria, pero hay que hacerlo con cautela para que a los afectados se les garantice el realojo y se evite la especulación», advertía Enrique Viloria, concejal de esta formación, antes de que estallara esta pequeña crisis separatista.

Cerro Belmonte estaba limitado por la autopista de Sinesio Delgado y lindaba, por un parte, con la calle Villaamil y, por la otra, con la zona de Peña Chica. Una especie de pueblo pequeño dentro de Madrid, formado por casas bajas y habitado por personas mayores, que se había formado cuarenta años antes por unas 125 familias que se construyeron sus viviendas con sus propias manos de manera ilegal. Pero se acercaba la década de los 90, en la época del boom del ladrillo, y el Ayuntamiento quiso aprovechar el momento para desarrollar su ambicioso plan urbanístico. El problema para los vecinos es que no querían que se les expropiaran sus casas, la mayoría de las cuales eran amplias y con grandes patios.

5.018 pesetas por metro cuadrado

La gota que colmó el vaso para los propietarios de Cerro Belmonte fue el insignificante precio que la administración estableció por metro cuadrado de cara a la expropiación: 5.018 pesetas. Y también el hecho de que como alternativa para su realojo solo les ofrecían dos zonas alejadas de su barrio: Vallecas o Villaverde. A raíz de ello, los vecinos comenzaron a movilizarse a comienzos de verano. Las noticias no tardaron en llegar. «Las 125 familias expropiadas por el Ayuntamiento de Madrid en el bolsa de deterioro urbano de Cerro Belmonte se van a manifestar ante la casa del alcalde, según informó la representante legal de los afectados, Esther Castellano. Los vecinos quieren que Agustín Rodríguez Sahagún intervenga para que sus viviendas expropiadas a 5.018 pesetas el metro cuadrado no sean entregadas a promotores privados para que se construyan chalets adosados a 200.000 pesetas el metro», contaba este periódico el 12 de julio de 1990.

Las protestas fueron alcanzando mayor repercusión en los medios a medida que pasaban los días y no se encontraba ninguna solución. Apenas diez días después, el 26 de julio, informaba de nuevo ABC: «Los vecinos de Cerro Belmonte pidieron ayer asilo político a Fidel Castro, a través de un escrito que entregaron en la Embajada de Cuba. En la nota califican la expropiación de sus casas de “injusta” y “especulativa”, y le dicen al dictador que “esperan encontrar en su tierra los derechos y la justicia que en la nuestra se nos niega”». Una decisión que tomaron a raíz de las noticias sobre el conflicto diplomático que España mantenía con Cuba. Acercándose al enemigo, harían más daño y ruido, pensaron.

La amenaza de desahucio era cada vez más real y las protestas se multiplicaron. Hubo más apariciones en los medios, huelgas de hambre, encierros en iglesias tan importantes como la catedral de San Isidro, denuncias a la Policía y la famosa petición de independencia de España. Fue el 20 de agosto cuando la abogada de los afectados aseguró que el Ayuntamiento tenía de plazo hasta septiembre y, «si para entonces no se han dignado a negociar con nosotros, nos constituiremos en Estado Independiente». «Los vecinos insisten en que no es ninguna broma: “Celebraríamos elecciones para elegir presidente del Gobierno, cederíamos la corona al Rey de España y diseñaríamos nuestra bandera”», amenazó Castellano.

Viaje a Cuba

Sus reivindicaciones llegaron a oídos de Fidel Castro, que vio en aquella lucha una oportunidad para enaltecer las supuestas bondades de su dictadura a favor de los más necesitados. Puso a disposición de los afectados doce billetes de avión para que viajaran a Cuba y disfrutaran de diez días con todos los gastos pagados. «El propio Fidel castro nos va a recibir personalmente», comentó la abogada a este periódico. Al final viajaron 25 y, efectivamente, fueron recibidos por el dictador.

«Además de la petición de asilo –podía leerse después–, los vecinos de Cerro Belmonte han emprendido otras acciones de protesta para intentar impedir que el Ayuntamiento ejecute los planes de expropiación. Desde el pasado lunes, los habitantes de la barriada contaron todos los accesos a la misma con barricadas. La abogada de los vecinos aseguró asimismo que “no se descarta emprender otras medidas más espectaculares”».

La prensa cubana se hizo eco de aquella lucha y del viaje que los vecinos iban a realizar a la isla. Fidel Castro, además, se refirió a ellos durante 45 minutos en su discurso con motivo del 37 aniversario del asalto al Cuartel de la Moncada, poniéndoles como ejemplo del verdadero pueblo español. Mientras, los expropiados rechazaron todas las propuestas que les hizo el gerente de Urbanismo, Fernando Hipólito, y exigieron que los pisos que debían entregarles en compensación fueran de más de 100 metros cuadrados. Algunos, incluso, las pedían de 200. Y más tarde se negaron a sentarse más a dialogar con las autoridades.

El referéndum ilegal

Los vecinos adquirieron mucho protagonismo. Casi todos los medios de España se habían hecho eco del desafío independentista, incluidos periódicos vascos se corte separatista como «Egin», que hicieron suya aquella causa surrealista. El Ayuntamiento de Madrid aguantó el pulso y los vecinos fueron un paso más allá anunciando la celebración de un referéndum en la primera semana de septiembre. El improvisado «colegio electoral» fue la casa de «La Desi», una de las afectadas más mayores del barrio. Las urnas se hicieron en un momento de cartón y las papeletas fueron hechas a mano por los vecinos.

El censo de Cerro Belmonte y aledaños lo componían 214 vecinos. Se celebró el día 5 y la victoria, dijeron estos, fue abrumadora a favor del «sí»: 212 votos a favor de separarse de España, por dos en contra. Y así anunciaron la creación del Reino de Cerro Belmonte, que incluía, agárrense los machos, a Principado de Villaamil y el Condado de Peña Chica.

A continuación redactaron una constitución, compusieron un himno, cerraron sus fronteras con vallas de obra y diseñaron una bandera con tres franjas horizontales (roja, blanca y roja) y un triángulo blanco en un lado. Después cortaron la circulación en las calles principales y montaron tiendas de campaña en el campo de fútbol para que niños y ancianos hicieran guardia. Y, por último, hasta acuñaron su propia moneda: el «belmonteño», que tenía un valor equivalente 5.018 pesetas, las mismas que valía cada metro cuadrado de sus casas.

El sueño independentista duró una semana, hasta que el Ayuntamiento de Madrid decidió frenar y anular las expropiaciones. «Celebrado el desayuna de la victoria, entre risas, chocolate con churros y otras golosinas, el “estado independiente” de Cerro Belmonte está a punto de consultar a su parroquia el regreso al redil: la “anexión” a la Comunidad Autonómica de Madrid puede producirse de un momento a otro. El “asilo político” de Cuba ha sido como poner entre las cuerdas a Rodríguez Sahagún. El ayuntamiento “ha capitulado” ante la presión social y política de las fuerzas de Cerro Belmonte, que han pasado, directamente, de la huelga de hambre, al churro matutino mojado en chocolate», comentaba con sarcasmo el columnista de ABC Luis Prado Roa, cuando todo acabó, en noviembre de 1990.