Adolfo Suárez, durante su discurso de dimisión, el 29 de enero de 1981
Adolfo Suárez, durante su discurso de dimisión, el 29 de enero de 1981 - ABC
29 ANIVERSARIO

El enigma tras la dimisión de Suárez: «No me voy por temor ni por cansancio»

El expresidente del Gobierno jamás reveló las razones de su abandono, ni en su discurso de despedida el 29 de diciembre de 1981 ni después. «Soy muy reacio a dar entrevistas»

Israel Viana
MadridActualizado:

A las 19.40 horas del 29 de enero de 1981, Televisión Española interrumpía su programación para transmitir una alocución de Adolfo Suárez. El presidente del Gobierno aparecía sentado en la mesa de su despacho, vestido con chaqueta oscura, camisa azul celeste y una corbata azul oscura a rayas blancas. En el margen izquierdo del plano general podían verse la bandera española, un retrato del Rey y un tapiz enmarcado que representaba a una mujer. Sobre la mesa, un mechero, un cenicero y su discurso, que empezó a leer tras un rápido zoom que se convirtió en un plano medio.

[ Lee la edición completa de ABC del 30 de enero de 1981]

«Hoy tengo la responsabilidad de explicarles, desde la confianza y la legitimidad con la que me invistieron como presidente constitucional, las razones por las que presento, irrevocablemente, mi dimisión como presidente del Gobierno y mi decisión de dejar la presidencia de la Unión de Centro Democrático. No es una decisión fácil. Pero hay encrucijadas tanto en nuestra propia vida personal como en la historia de los pueblos en las que uno debe preguntarse, serena y objetivamente, si presta un mejor servicio a la colectividad permaneciendo en su puesto o renunciando a él. He llegado al convencimiento de que hoy, y en las actuales circunstancias, mi marcha es más beneficiosa para España que mi permanencia en la Presidencia», aseguraba Suárez al principio de su alocución, con los ojos húmedos y un reflejo luminoso en la frente.

Desde aquel momento crucial de la historia, un mes antes del golpe de Estado del 23-F, se han escrito ríos de tinta sobre los motivos de su dimisión. En su discurso no quedaron muy claras: «No me voy por cansancio. No me voy porque haya sufrido un revés superior a mi capacidad de encaje. No me voy por temor al futuro. Me voy porque las palabras ya no parecen ser suficientes y es preciso demostrar con hechos la que somos y lo que queremos», explicaba el presidente de manera ambigua. Y siguió después con la frase más controvertida de su despedida: «Como frecuentemente ocurre en la historia, la continuidad de una obra exige un cambio de personas, y yo no quiero que el sistema democrático de convivencia sea, una vez más, un paréntesis en la historia de España».

Presiones de su partido

Muchos medios de comunicación y observadores políticos achacaron su dimisión a las supuestas presiones ejercidas por determinados sectores de poder en contra de su continuidad, que consideraban en ese momento un peligro para la democracia tras cinco años en La Moncloa. Detrás de esa hipótesis aún tenía peso el hecho de que el primer presidente democrático tras la dictadura había ocupado varios cargos durante el régimen anterior (ministro-secretario general del Movimiento, director general de Radiodifusión y Televisión, gobernador civil de Segovia y procurador en las Cortes franquistas), olvidando pronto que fue él mismo uno de los responsables, quizá el principal, de traer las libertades a España.

Portada de ABC al día siguiente de la dimisión de Suárez
Portada de ABC al día siguiente de la dimisión de Suárez - ABC

«Suárez dimitió acosado por su propio partido», apuntaba ABC en su portada del 30 de enero, que en páginas interiores subrayaba «el golpe de efecto totalmente inesperado que ha producido su abandono. La sorpresa fue ayer el denominador común que sacudió todos los ámbitos políticos y ciudadanos de la vida española». Sin embargo, era difícil acertar con las razones reales, puesto que el presidente no las dío en su alocución ni después.

La hipótesis de que dimitió obligado por el Ejército o para desactivar un golpe de Estado en ciernes tiene poca consistencia actualmente. En los mismos días de su abandono, los círculos políticos y oficiales ya negaron cualquier tipo de presión militar. El propio Ministerio de Defensa desmintió inmediatamente esos rumores. A posteriori, y en las pocas entrevistas que concedió tras dejar la Moncloa, el propio Suárez insistió en varias ocasiones que no hubiera dimitido de haber sabido que se estaba fraguando la asonada contra la recién instaurada democracia. Él mismo lo defendió en una entrevista a TVE en los años noventa, cuando ya estaba apartado de la política activa. Nunca aclaró los motivos de su sorprendente dimisión ni, tampoco, la causa de que no mencionara al Rey en su discurso de despedida.

En este tan solo apuntó que había sufrido un «importante desgaste» durante sus casi cinco años de presidente. «Ninguna otra persona, a lo largo de los últimos ciento cincuenta años, ha permanecido tanto tiempo gobernando democráticamente en España. Mi desgaste personal ha permitido articular un sistema de libertades, un nuevo modelo de convivencia social y un nuevo modelo de Estado. Creo, por tanto, que ha merecido la pena», declaraba, sin precisar que esa era la razón.

Suárez conversa con LeopoldoCalvo-Sotelo durante el congreso de UCD en el que Suárez presentó su dimisión
Suárez conversa con LeopoldoCalvo-Sotelo durante el congreso de UCD en el que Suárez presentó su dimisión - ABC

En los años posteriores apenas concedió entrevistas a los medios para echar más luz sobre este asunto. Antes incluso de abandonar el cargo ya era reticente a ello, tal y cómo se puede comprobar en la respuesta que dio a ABC en el verano de 1980. Una de las preguntas era: «¿Sabe por qué quería entrevistarle? Creo que es usted el gran desconocido. Los españoles no sabemos nada de Adolfo Suárez persona. Cómo se siente, cómo piensa». Y él contestó: «Quiero utilizar más los medios de comunicación. La televisión sobre todo... Porque en televisión soy responsable de lo que digo, pero no soy responsable de lo que dicen que he dicho. Tengo muchísimo miedo de cómo escriben después las cosas que he dicho. Soy reacio a las entrevistas… muy reacio a las entrevistas... Muy reacio».

Su aversión a ser interrogado por periodistas y al rifirrafe parlamentario fue obvio durante toda su vida. Incluso delegaba en sus ministros las respuestas a cuestiones tan importantes como la moción de censura presentada por el líder del PSOE, Felipe González, ese mismo año 1980. Prefería no polemizar a cargar contra sus adversarios, aunque fuera blanco de todas las críticas. Y al abandonar el poder fueron contadas las veces que habló sin reservas. De ahí que se haya especulado tanto sobre la causas que le llevaron a dimitir.

Un año después de abandonar la presidencia, el expresidente confesó a Jaime Peñafiel que, políticamente, «tenía poca capacidad de negociar, de abordar los grandes retos del Estado». Y también cuestionó la imagen que, según creía, se había transmitido de él, de político al que le importaba «el poder por encima de todo». Su sucesor, el presidente Leopoldo Calvo-Sotelo, escribió que dimitió «porque ya no era capaz de seguir inventando el futuro».

«¿Tú también vienes a pedirme dinero?»

En el libro que José Oneto publicó en 2006, «Conspiración contra un presidente» (Zeta), apuntaba muchas de las incógnitas que quedaban por despejar un cuarto de siglo después de su renuncia sobre este asunto. Barajaba varias hipótesis, aunque no se aferraba a ninguna: la presión de sus compañeros de partido, la previsible asonada del general Tejero o la supuesta pérdida de confianza por parte del Rey. ¿Qué pasó entre el sábado 24 en el Don Juan Carlos I suspendiese una cacería que tenía programada y el 29 de enero?, ¿por qué Suárez informó antes a los barones de UCD que al Rey? o ¿cuál fue la gota que colmó el vaso para que dimitiera? Todas ellas preguntas que han quedado sin respuesta.

En «Suárez y el Rey», el teólogo, escritor y periodista Abel Hernández recoge una declaración del Rey en un ámbito distendido, en el que el monarca comentó a sus interlocutores: «No hay que cambiar a Suárez, pero Suárez tiene que cambiar». A finales de 1980 y principios de 1981, la sintonía entre Don Juan Carlos y el entonces presidente no era, evidentemente, la misma. Quizá sea esa la razón de que este no le mencionara en su discurso en TVE, pero no tiene que ser la razón principal de su marcha.

En 2003, Adolfo Suárez se retiró de la vida pública después de que se le diagnosticara la enfermedad de Alzheimer. Murió el 23 de marzo de 2014. Cuando el Rey fue a verle a su casa en julio del 2008, ya muy enfermo y sin recordar nada acerca de su pasado, el expresidente solo acertó a preguntarle a Don Juan Carlos: «¿Tú también vienes a pedirme dinero?».