La Europa previa a la Segunda Guerra Mundial especuló con la independencia de Cataluña
La Europa previa a la Segunda Guerra Mundial especuló con la independencia de Cataluña - ABC

El libro publicado en la Alemania nazi que fantaseaba con la independencia de Cataluña

Varios informes diplomáticos y militares de las principales potencias europeas analizaban ese durante la Guerra Civil

MadridActualizado:

Cuando estalló la Guerra Civil el 18 de julio de 1936, la Europa previa a la Segunda Guerra Mundial especuló con los posibles escenarios que le esperaban a España y cómo estos podrían influir en el devenir del viejo continente. Una parte hablaba de una posible revolución anarquista o comunista, lo que no era una idea muy descabellada si tenemos en cuenta que el régimen contra el que se había levantado Franco era la Segunda República. Otra parte veía una futura invasión de Francia. Pero había una tercera parte que fantaseaba con la posibilidad de que se produjera la independencia de Cataluña, o más bien con la creación de un Estado formado por Cataluña, Valencia y las Islas Baleares, es decir, lo que hoy se conoce de manera confusa como los Países Catalanes.

Efectivamente, varios informes diplomáticos y militares de las principales potencias europeas daban por hecho este escenario de una manera más o menos inmediata. Los expertos en geopolítica consideraban a Cataluña una de las regiones más importantes en el Mediterráneo. Una región que podía jugar un papel decisivo en una futura guerra europea. Y analizaban, además, los efectos que un posible gobierno independiente en manos de Esquerra Republicana (ERC) y Lluís Companys podía tener en las fronteras del sur de Europa, sobre todo en lo que respecta a Andorra y la región francesa de Rosellón.

Estos informes defendían que la independencia de Cataluña se produciría, sobre todo, si Madrid caía en manos de Franco. Y que el nuevo país quedaría protegida por Francia. Esa era la opinión, al menos, de los cónsules italiano (Carlo Bosi), británico (Norman King) y francés (Jean Tremoulet) que estaban destinados en España al comienzo de la Guerra Civil. El almirante italiano Vittorio Tur, enviado a Barcelona, llegó a informar de que sus colegas franceses manifestaban continuamente su deseo de que se produjera esta secesión, porque estaba convencido de que así sería más fácil conectar por mar con sus colonias en el norte de África.

«La cuestión catalana»

Fue en este contexto en el que apareció el libro de Franz Pauser en Alemania: « Spaniens Tor Zum Mittelmeer Und Die Katalanische Frage» («La puerta española en el Mediterráneo y la cuestión catalana»). Una obra publicada en 1938, en pleno Tercer Reich, que hacía referencia explícita a la independencia de Cataluña. Hitler había firmado ese mismo año los acuerdos de Munich con Francia y Gran Bretaña. Los primeros ministros Neville Chamberlain y Édouard Daladier regresaron triunfales a casa convencidos de que habían apaciguado las aspiraciones bélicas de los nazis, pero se equivocaban.

Poco después, en agosto de 1939, Stalin y Hitler firmaron otro pacto en el que acordaban no agredirse mutuamente. Algunos pensaron que se había impuesto la paz y que ya no habría guerra, pero erraron de nuevo, como muchas de las cuestiones que analizaba Pauser en el libro, donde casi daba por hecha ya a independencia de Cataluña. La ansias expansionistas del «Führer» eran demasiado grandes y, al no tener ya enemigos en el frente ruso, decidió comenzar la conquista de Polonia el 26 de agosto del 39. La Guerra Civil acababa de terminar y la Segunda Guerra Mundial estaba a punto de empezar. Hitler barajaba el apoyo de Franco en el conflicto.

Los observadores internacionales, por su parte, pensaban en una Cataluña independiente que pudiera ampliar sus fronteras a las islas Baleares y Valencia. Pauser insistía en la importancia que tendría el futuro estatus de los Países Catalanes. Una visión que sería aprovechada también por los círculos nacionalistas catalanes ante los representantes diplomáticos franceses destinados en Barcelona durante los últimos meses de la Segunda República y al comienzo de la Guerra Civil.

Cataluña y Francia

El libro de Pauser, aunque difícil de encontrar hoy en día y nunca traducido al español, tuvo cierta repercusión en la Alemania nazi y despertó el interés en algunos círculos extranjeros. El 27 de septiembre de 1938, un día antes de que se iniciaran los mencionados Acuerdos de Munich entre el Tercer Reich, Francia y el Reino Unido, el consejero de Justicia de la Generalitat, Pere Bosch Gimpera, enviaba al embajador francés, Eirik Labonne, uno de los capítulos de «La puerta española en el Mediterráneo y la cuestión catalana». En concreto, el que analizaba la propensión natural que tendría una Cataluña independiente a establecer una alianza con Francia. Una situación hipotética que, según defendía autor germano, sería de enorme importancia para controlar el Mediterráneo occidental y a la Italia de Mussolini por parte del Gobierno galo.

De ahí que Hitler también barajara hacerse con el control de Cataluña en algún momento de los años 30. Se cree que los líderes nazis mantuvieron contactos con la agrupación nacionalista radical catalana Nosaltres Sols! y con el Partit Nacionalista Català (PNC). Y que hubo una cooperación estrecha entre ambos antes del inicio de la Guerra Civil, hasta el punto de que un grupo de independentistas llegaron incluso a ofrecer al «Führer» que desplegara sus bases militares en el territorio del futuro Estado catalán a cambio de «recibir entrenamiento en el manejo de aviones y en la preparación de explosivos». Una hipótesis que nunca ha sido confirmada.

En cualquier caso, cuando se publicó el libro de Pauser en 1938, todavía no estaba descartada la susodicha independencia. De hecho, hasta ese momento se habían producido tres declaraciones unilaterales del «Estado catalán»: 1873, 1931 y 1934. Todas acabaron en fracaso, al igual que el intento de invasión de Cataluña que se llevó a cabo una década antes, durante la dictadura de Primero, por parte de quinientos independentistas. Un golpe de Estado en toda regla que contó con la ayuda en la sombra de Mussolini y que también fue reprimido.

«La importancia de Cataluña»

Según la traducción al español que hizo el consejero de Justicia de la Generalitat al embajador francés del capítulo de Pauser, el libro decía: «Si no se llegará a constituir la Cataluña grande, sería suficiente con una Cataluña que incluya la isla de Menorca, la cual no se encuentra todavía bajo el poder de Franco. De esta forma se reduciría la fuerza naval que tiene Italia en aguas del mar Tirreno y, en último caso, se amenazaría la posición italiana en Cerdeña. Cataluña es, además, un campo de tensión sobre el cual no todos han dicho aún la última palabra, especialmente Gran Bretaña».

Análisis parecidos serían recogidos por otros autores del bloque democrático europeo en títulos como « Axis planes in the Mediterranean: an analysis of German geopolitical ideas donde Italy, France, Balearic Islands, Gibraltar, Catalonia and Spain» (1939). Un libro en el que el lector podía encontrarse capítulos como «El puente terrestre de Cataluña a África», «El eje contra Cataluña» o « La importancia de Cataluña».

Al principio de este último podía leerse: «La frontera de los Pirineos es la frontera de Cataluña. ¿Cuál es el papel que los estrategas alemanes atribuyen a ese país? Algunas respuestas fueron dadas en el libro de Franz Pauser “La puerta española en el Mediterráneo y la cuestión catalana” (Teubner, Leipzig y Berlín, 1938). El libro forma parte de la serie: “Poder y tierra”. Discutiendo sobre Barcelona, la capital de Cataluña, el autor comenta: “Aquí yace la principal puerta de España al Mediterráneo. La distancia de Barcelona a Marsella es de 200 millas, a Génova, 380; a Alger, 300; a Palma de Mallorca, 150, y al puerto de Valencia, 170. Barcelona es, además, uno de los centros de tráfico más importantes del Mediterráneo occidental»

«Una Cataluña autónoma»

Ambas obras incluían interpretaciones bastante alejadas de la realidad, premeditadamente o no. Una de ellas, incluídas en este último, decía: «Pauser entra en detalles para mostrarnos cómo son los países catalanes (Cataluña, Valencia y Baleares), un antiguo reino independiente, y cómo el Movimiento Nacionalista Catalán, que trabaja por la libertad de estos países catalanes, ha logrado establecer una Cataluña autónoma desde la proclamación de la República española».

Cataluña nunca fue independiente y ni tan siquiera estuvo entre las reivindicaciones de muchos de los presidentes de la Generalitat. Josep Tarradellas, el primero en ocupar ese cargo tras la muerte de Franco, llego a decir: «Yo soy contrario a la independencia igual que no creo en los Países Catalanes». Tampoco el dictador español apoyó a Hitler ni entró en la Segunda Guerra Mundial, de manera que, poco a poco, las potencias extranjeros dejaron de analizar los posibles escenarios de Cataluña.