La sombra del Cid Campeador, un héroe español ejemplo de valor, superación y lealtad

El autor de «Sus nombres son leyenda» repasa y da forma a algunos de los «muchos españoles excepcionales que dedicaron generosamente sus vidas al servicio a España y a la humanidad»

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«Héroe», dícese de aquella persona que realiza una acción muy abnegada en beneficio de una causa noble. De manera indudable, los anales de todas y cada una de las naciones están llenos de estos ilustres personajes que merecen un hueco en la posteridad por el calado, relevancia y carácter deseable de su obra, sea cual sea la materia e idiosincrasia de la misma. Sin embargo, la veneración que el imaginario colectivo profesa a magnánimos hechos y sus protagonistas en ocasiones no se corresponde con la fidelidad de lo ocurrido. Significativas figuras del pasado son encumbradas o denostadas atendiendo a distintas motivaciones, lo que contribuye a pulir ciertas efigies que se transmiten a lo largo de la línea del tiempo.

«Naturalmente, una versión distorsionada de la Historia beneficia a muchos toda vez que les permite imponer una versión determinada del presente», opina Juan Antonio Garrido Ardila. Con esta reflexión, el autor de «Sus nombres son leyenda: Españoles que cambiaron la Historia» (Espasa, 2018) no se refiere únicamente al ámbito político, donde lo más provechoso es construir un discurso fundamentado en confrontaciones quiméricas del ayer, sino a todos los países que se enfrentaron a España en el pasado. Es por ello que, dada la casi siempre interesada canalización del orgullo nacional para servir a utilitarios fines, este libro pretende subrayar y demostrar que «España ha dado una serie de personajes cuyas gestas heroicas hicieron que España y Europa sean lo que son hoy».

Para ejemplificar tal denuesto, que «está a la orden del día», el escritor recurre a la figura de Felipe VI al considerarlo el «gran héroe de la España de hoy, no hay en la actualidad monarca europeo que haya hecho tanto por su país como don Felipe por España y en circunstancias tan difíciles». Sin embargo, fue centro del reproche, y no exclusivamente en territorio patrio, por su discurso de compromiso con la integridad del país y la igualdad de todos los españoles a tenor de los sucesos del 1-O. «En Gran Bretaña se criticó que se inmiscuyese en política y se repitió que Isabel II jamás haría algo así».

Que existan aquellos que no habitan en el Olimpo del heroísmo, a pesar de que el peso de sus acciones ineludiblemente ahí ha de situarlos, es un problema que, para Ardila, «estriba en el desprestigio de las humanidades y propicia que la Historia y las Artes se minusvaloren y se den al olvido». Y es que solo la veraz comprensión del discurrir de los siglos permite alcanzar una visión fidedigna del hoy e, incluso, del mañana. «El auge del regionalismo separatista y del populismo antisismtea en toda Europa se debe, en su raíz, a que muchísimos votantes desconocen la Historia. El daño que este descuido está causando se encuentra a la vista de todos».

Hay una leyenda negra española que favorece la desfigurada percepción de la Historia. No obstante, Ardila considera que la «representación grotescamente distorsionada» igualmente se da en otros países y menciona las recreaciones de la historia de Inglaterra «hasta el punto de que en algunas producciones cinematográficas norteamericanas como 'El Rey León' los malos hablan inglés con acento británico». En cualquier caso, asimismo apunta que «los ingleses han sabido contrarrestar su leyenda negra por medio de un culto a la Historia que han logrado imponer al desprestigio generalizado de las humanidades». Quizás esto sea algo que España aún no ha logrado.

Juan Antonio Garrido Ardila
Juan Antonio Garrido Ardila

«España destaca soberbiamente en la Historia universal por la influencia que, como potencia política y cultural, ejercimos en Europa y en otros continentes. Somos una gran nación que ha dado al mundo más que otras porque muchos españoles excepcionales dedicaron generosamente sus vidas al servicio a España y a la humanidad». Desde El Cid hasta Ortega y Gasset, pasando por Hernán Cortes, Isabel I, Teresa de Jesús, Miguel de Cervantes o Unamuno, «Sus nombres son leyenda» reconoce y da visibilidad a las proezas de algunos de nuestros excelsos héroes, algo que «España ha sido prolija». Para ello, Ardila los organiza en cinco categorías: el héroe como guerrero, como estadista, como santo, como artista y como intelectual. Se trata de un modo de subsanar lo mal que se conoce la realidad histórica de España. Aunque es solo un paso en la necesidad de «acometer un plan ambicioso, con unas líneas estratégicas definidas y contundentes, de difusión exterior de la cultura y la historia españolas, que vaya mucho más lejos de lo que hasta ahora se ha hecho».

«Invictísimo príncipe Rodrigo el Campeador»

1-El Cid. ¿Quién fue Rodrigo Díaz de Vivar: la leyenda del «Cantar de Mio Cid» o el mercenario desmitificado?

Ni una cosa ni otra. Fue un militar que venció en todas sus empresas. Para mí, el Cid es el exponente supremo del espíritu meritocrático de sus antepasados visigodos: cuanto tiene lo gana por sus méritos. Fue ejemplo de valor, superación y lealtad.

2-Dice usted en el libro que «con el correr de los siglos, el Cid se implantó en el imaginario hispano como el héroe por antonomasia». ¿Se ha conservado tal percepción?

Aún hoy los españoles conocemos al Cid y reconocemos su contribución a la Reconquista. Pero cada vez se le conoce menos, como a tantos otros personajes insignes de nuestra Historia.

3-¿Por qué habla de el Cid como el «gran protector de España»? ¿Ha habido desde entonces algún otro a su altura?

En mi definición del “héroe” tengo en cuenta la etimología del término, y parece que deriva del sánscrito “ser”, que significa “proteger”. En su origen cultural, el “héroe” habría sido aquel que nos “protege”. El Cid desempeñó un papel de capital importancia para la protección de España capitaneando la contención del temible ejército almorávide, con las consecuencias que eso tuvo para la Historia. Los héroes que estudio en este libro protegieron los intereses de España.

4-¿Hay una ocultación actual de las gestas del Cid por ser fiel adalid de las instituciones monárquica y religiosa?

La casi entera Historia de Occidente la protagonizaron gentes que se declaraban adalides de la monarquía y del cristianismo. Tan defensor del cristianismo fue él como la mayoría de los héroes que trato aquí, desde Isidoro de Sevilla y Carlos V hasta Pardo Bazán o Ganivet.

Fíjese: desde la Edad Media el lema de los monarcas ingleses es el “Dieu et mon droit”, o “Dios y mi derecho”, y hasta hoy utilizan el título de “Fidei defensor” o “defensor de la fe” que les otorgó León X. Eso en una sociedad tan aconfesional como la británica. El lema de los Estados Unidos es “In God We Trust”. En España debemos aceptar que, como en el resto de Europa, la monarquía y la fe fueron los principios de nuestra Historia durante siglos. Esa religiosidad española produjo, por ejemplo, las misiones jesuitas por todo el mundo, de las que hablo en el capítulo sobre San Ignacio, así como las Leyes de Indias o el derecho internacional concebido por Francisco de Vitoria.

5-¿Hay una tendencia a leer el «Cantar de Mio Cid» como la mitificación patriotera excesiva y banal y no como aliento a la sociedad para asentar su libertad y ascenso social en la entrega y el esfuerzo? ¿Por qué?

El Cantar se lee poco y cuando se enseña quizá se tienda a presentarlo como un bodrio patriotero. Pero no lo es. Debemos tratar de contextualizar la literatura en su momento histórico. Cuando estudié Robinson Crusoe en mis años de universitario en Estados Unidos, me enseñaron que esa obra ensalza el ideal económico de los puritanos calvinistas. En el capítulo sobre el Cid discurro sobre cómo merece tenerse como el primer homo oeconomicus de la Historia.

6-Miguel de Unamuno sería lo opuesto a El Cid, el héroe como intelectual. ¿Es patriótica la preocupación intelectual de Unamuno por España?

En la parte sobre el héroe intelectual incido en esa preocupación intelectual patriótica desde el siglo XVII hasta el XX. En torno al Desastre del 98 todos escribían por amor a España. Unamuno, en ese momento crítico, escribió sobre las causas de la decadencia. Por otro lado, su obra no posee un carácter estrictamente católico ni tampoco exclusivamente español. Él admiraba el pensamiento protestante, y su literatura aborda cuestiones filosóficas y sociales, muy en la línea de Kierkegaard e Ibsen.

7-Unamuno se mostró contrario al régimen del general Primo de Rivera, acabó desencantado de los preceptos revolucionarios de los socialistas y terminó por comprender que la solución de los sublevados era tan nefasta como la deriva marxista de los republicanos. ¿Le ha pasado factura a su figura como héroe el no abanderar de manera acérrima ninguna causa?

Paradójicamente, hoy se le recuerda sobre todo por su posicionamiento político. La aportación excepcional de Unamuno a la Historia no reside en que un día plantase cara a un general, sino en la excelsa calidad de sus obras literarias y filosóficas. Sus manifestaciones políticas han ensombrecido un punto su grandeza literaria.