Monumento a María Pita
Monumento a María Pita

La verdad que esconde la gesta de María Pita: la Invencible inglesa que Drake estrelló contra España

La gesta de esta brava gallega que se defendió del ataque de Francis Drake al grito de «quien tenga honra que me siga» es archiconocida, y, sin embargo, pocos saben enmarcar dónde se coloca su defensa de la Coruña en términos históricos

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María Pita es un personaje popular de la historia de España. Tiene calles con su nombre. Tiene una estatua de bronce en su honor. Y se la recuerda cada año en festejos. La gesta de esta brava gallega que se defendió del ataque de Francis Drake al grito de «quien tenga honra que me siga» es archiconocida, y, sin embargo, pocos saben enmarcar dónde se coloca su defensa de la Coruña en términos históricos. Porque hasta hoy escasos españoles, y aún menos ingleses, tienen noticia de que, un año después de que la Gran Armada de Felipe II fracasara en su intento de invadir Inglaterra, este país estrelló una flota de la misma envergadura con todavía más estrépito.

Foro de Luis Gorrochategui
Foro de Luis Gorrochategui - Angel de Antonio

La suerte de la Grande y Felicísima Armada forma parte del imaginario popular y vertebra uno de los mitos fundacionales de la Inglaterra protestante. De su homóloga inglesa, en cambio, se conocen únicamente leyendas, a pesar de que el fracaso fue de un tamaño superior. Según el historiador británico M. S. Hume, la campaña costó la muerte o la deserción del 75% de los más de 18.000 hombres que formaron originalmente la flota que partió con más de 150 barcos, un año después de la famosa Armada invencible.

«España salvó a dos tercios de la flota y conservó su poder naval y económico, mientras que Isabel I no fue capaz de pagar ni los salarios de los superviviente de aquella ofensiva», afirma a ABC el historiador Declan M. Downey. Este profesor irlandés ha participado esta semana en el I Congreso Internacional de la Armada española de 1588 y la Contra Armada inglesa de 1589, que concluyó este viernes en el Museo de Arqueología Subacuática de Cartagena.

Fuera de la historiografía oficial

El congreso internacional reunió la pasada semana a expertos de todo el mundo para analizar los últimos hallazgos arqueológicos y documentales de estas dos ofensivas de la Guerra anglo-española (1585-1604). Derrotas y victorias, frente a frente. «En España estamos acostumbrados a una historia negra, por eso es importante sacar tanto las derrotas, con sus matices, como victorias tan poco conocidas como la Contra Armada», explica Luis Sobrino Pérez-Crespo, actualmente almirante de Acción Marítima. No obstante, la propia organización de estas jornadas reconoce la dificultad de encontrar expertos en Inglaterra sobre lo ocurrido en 1589, que se antoja un total desconocido para la historiografía europea.

«La historia de Inglaterra es algo que ha estado muy controlado por el Estado, cuya obsesión ha sido crear estados de opinión a conveniencia»

«He podido comprobar que los ingleses no conocían la historia, ni siquiera a nivel académico. No es que no haya especialistas, es que hay incluso académicos que la conocen de pasada. La historia de Inglaterra es algo que ha estado muy controlado por el Estado, cuya obsesión ha sido crear estados de opinión a conveniencia», asegura Luis Gorrochategui, autor de «La Contra Armada: la mayor catástrofe naval de la historia de Inglaterra», que ha sido editado también en inglés.

En 1589, Isabel Tudor puso en manos de Francis Drake y de John Norreys una flota que superaba en número, aunque no en tonelaje, a la enviada por Felipe II . Su plan consistía, precisamente, en la idea de aprovechar la supuesta indefensión de las costas españolas. Los objetivos de esta armada, que incluía un ejército embarcado, eran atacar los restos de la Gran Armada, principalmente refugiada en el puerto de Santander, levantar Portugal contra España y capturar la Flota de Indias en su regreso de América. No en vano, Francis Drake descubrió pronto que no es lo mismo atacar puertos indefensos del Caribe o a barcos mercantes que hacer la guerra. «Se trataba de una gigantesca flota de armadores privados, más interesados en un botín que en atacar la bien defendida Santander. La influencia de estos armadores sobre los oficiales reales llevaron al fracaso la empresa», sostiene Gorrochategui.

Los armadores privados forzaron a los mandos a no intentar siquiera tomar Santander, de modo que se escogió La Coruña, de apenas 5.000 habitantes, como la primera presa de la Contra Armada. Tampoco allí las cosas fueron fáciles. Felipe II y el Marqués de Cerralbo, gobernador de la ciudad, tomaron medidas para defender la ciudad: todos los hombres de infantería llegados en barcos de la Armada se quedaron para defender la ciudad y en el islote de San Antón se hizo a gran velocidad un castillo. «Tomaron la ciudad baja, pero con la ciudad alta se encontraron una resistencia fuerte», recuerda Gorrochategui sobre el éxito de las medidas defensivas que obligaron a Drake a un ataque por tierra.

De golpe en golpe y tiro porque me toca

El 14 de marzo, los ingleses sufrieron enormes pérdidas en sendos ataques contra las murallas», relata el autor de «La Contra Armada: la mayor catástrofe naval de la historia de Inglaterra». A causa de una enorme explosión subterránea por una mina colocada por Norris en la muralla, los ingleses sufrieron 300 bajas. En una de las brechas abiertas por la artillería, destacó la célebre Pita al frente de las milicias coruñesas, que incluían mujeres, que entraron en combate y destrozan a los atacantes usando incluso piedras. Drake y Norris se marcharon de la ciudad sin tomar nada y, sí, perdiendo a centenares de bajas en sus filas.

Desde La Coruña, la flota británica se dirigió a Portugal, donde pretendían levantar el reino luso contra Felipe II valiéndose de los derechos dinásticos de Don Antonio, Prior de Crato. Los ingleses lograron desembarcar sus tropas, pero la durísima guerra de desgaste que padeció el ejército de Drake durante su marcha hacia las inmediaciones de la capital lusa y la brillante actuación de Alonso de Bazán –hermano del célebre marino– al frente de una escuadra de galeras hicieron imposible que Lisboa fuera rendida.

Drake con su nuevo escudo de armas
Drake con su nuevo escudo de armas

Al contrario, el 16 de junio, siendo ya insostenible la situación, Drake ordenó la retirada. «La vuelta a Inglaterra fue terrible por problemas de alimentación y de epidemias. De los 27.667 hombres que partieron, se presentaron solo 3.722 a la paga», apunta Gorrochategui. A diferencia de Felipe II, que ordenó que los supervivientes de su armada fueran bien pagados y «gratificados en lo que hubiera lugar», la Reina de Inglaterra escatimó hasta la última libra adeudada a sus soldados. El propio Drake permaneció durante un lustro en cuarentena y no se le encargaron más empresas.

Curiosamente, las dos grandes operaciones navales de su siglo, con permiso de Lepanto en el Mediterráneo, se saldaron sin un enfrentamiento de entidad entre las dos flotas. En 1588, apenas se produjeron choques navales y fue, en verdad, rodeando las costas escocesas e irlandesas cuando muchos barcos naufragaron o se hundieron. En 1589, únicamente hubo una lucha prolongada cuando un grupo de galeras hundieron a entre cinco y siete barcos ingleses durante la retirada de Drake de las costas lusas. Los elementos fueron, en ambos casos, la fuerza a batir.