Córdoba


miércoles 20 de noviembre de 2002
Valoración:
Por VALENTÍ PUIG
UN exceso de melancolía histórica puede llevarnos a la impresión inexacta de que a la sociedad española le caen mejor los okupas que los empresarios. Desde el hidalguismo a la utopía colectivista, las tradiciones más dispares se aúnan en el rechazo al beneficio económico. Ahora se habla de economía productiva para ennoblecer los afanes del capitalismo, como si un nosequé sudoroso de la idea de producción fuese menos indigno que la actividad especulativa. En los años de la transición democrática, el empresariado era un colectivo casi tenebroso frente a la esplendorosa luminosidad de -por ejemplo- los sindicalismos. En la actualidad, las cosas se manifiestan a la inversa.
La historia del «Círculo de Empresarios» refleja los cambios que ha vivido España en los últimos veinticinco años, hasta ahora mismo, cuando el líder del PSOE propone empleo estable, flexible y móvil, una economía con un techo de gasto público del 40 por ciento del PIB y con presión fiscal también estable. Para Rodríguez Zapatero, es una falacia identificar a los ricos a través del IRPF. Esa nueva melodía socialista justifica sobradamente los esfuerzos del «Círculo de Economía» desde su fundación en 1977. En el libro «25 años del Círculo de Empresarios», el profesor Carlos Rodríguez Braun recuerda como el PSOE quiso en sus años de poder ilimitado propiciar una CEOE de izquierdas. Ahora llega Zapatero y asume lo que el «Círculo de Empresarios» dijo en su día, cuando comenzaba a alejarse del modelo alemán y se aproximaba a un paradigma USA.
Con sus sucesivas presidencias y el conjunto de sus publicaciones y programas, las gentes del «Círculo de Empresarios» asumen las características del club de ideas y del «lobby» que sugiere políticas y soluciones: sistema de pensiones, medioambientalismo de mercado, regulación de piquetes y voto secreto para aprobar huelgas, control del gasto público autonómico, liberalización del suelo, la ilusión por competir en Europa y en el mundo.
Pasan los pactos de La Moncloa, el primer gobierno socialista en Francia, el felipismo, Rumasa, el ingreso en la Comunidad Europea, tres millones de parados, Aznar, la convergencia y el euro, una fase económica expansiva, atisbos de inflación. También se podría escribir una curiosa antología de críticas socialistas a la idea de privatización propiciada por Reagan y el thatcherismo. Al final, el verbo privatizar también tuvo su conjugación social-demócrata.
Para una economía globalizada es tan esencial dar mucha más flexibilidad a los mercados de trabajo como atajar la caricatura tan fácil y eficaz del «pensamiento único» por contraste con unas economías como las occidentales cuya característica primordial sigue siendo el intervencionismo del Estado y un peso del sector público en el PNB superior al 45 por ciento. Esos son penúltimos objetivos del «Círculo de Empresarios».
Todo eso algo tiene que ver con el gran cambio en la mentalidad empresarial, de la devoción arancelaria a la búsqueda audaz de mercados exteriores, del intervencionismo a la liberalización. Miles de empresas españolas hacen todos los días su apuesta tecnológica, en las antípodas de aquellas cavernas del capitalismo que el pensamiento marxista poblaba con gemidos de proletario sometido al potro de tortura. Luego cayó el muro de Berlín y ya nadie salvo «Le Monde Diplomatique» discute la veracidad de la economía de mercado. En el horizonte emergen los nuevos paradigmas del metacapitalismo. Internet acoge el capitalismo como la mejor expresión de su naturaleza evolutiva y tan capaz de adaptación. Llegan los nuevos empresarios, imaginativos, vegetarianos, en chándal, un poco ecologistas y con la vista puesta en Silicon Valley. Quien sabe como será el «Círculo de Empresarios» al cabo de otros veinticinco años.
vpuig@abc.es