Córdoba


lunes 14 de julio de 2008
Valoración:
JAVIER CREMADES, Abogado y Presidente del Notariado para la Sociedad de la Información.
CUANDO hace poco más de diez años, Larry Page y Sergey Brin crearon Google, nadie podía imaginar que terminaría siendo el buscador de Internet más usado en el mundo. La razón de este éxito gira, sin duda, en la eficacia de su algoritmo que confiere, entre otros parámetros de búsqueda, más importancia a las páginas que reciben una mayor cantidad de enlaces procedentes de otras páginas.
Google ha puesto de forma instantánea y selectiva al alcance de centenares de millones de personas el enorme caudal de información de Internet haciendo posible una gigantesca revolución cultural. Además, ha sido capaz de generar un modelo de negocio basado principalmente en la gratuidad para el usuario y explotación de la publicidad con sus famosos programas AdWords y AdSense e incrementar su oferta a innumerables servicios como correo electrónico (Gmail), portales de vídeo (Youtube y Google Video), la geolocalización e información sobre desplazamientos (Google Maps y Google Earth), y otros muchos (Google desktop, Picasa, Google News). Por todo ello, existe un reconocimiento generalizado a la aportación de Google al desarrollo y estructuración de la Red y procede darles a sus creadores la enhorabuena por haberles sido concedido el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2008.
Google también ha sido noticia en los mercados bursátiles en reiteradas ocasiones. Su salida a bolsa en agosto de 2004 se convirtió en un hito importante para muchos puesto que marcó la vuelta de la confianza de los inversores a las empresas «punto com» y contribuyó a que el dinero volviera a fluir de nuevo por Internet, tras el estallido de la burbuja tecnológica en el año 2000. La acción del flamante premiado salió al parqué a un valor inicial de 85 dólares y ha llegado a superar la barrera de los 700 dólares por acción.
En la breve historia de la compañía, también han aparecido algunos desafíos de alto calado. Google forma parte del ecosistema de la industria de la creatividad, que constituye la sexta más productiva de España y contribuye al empleo en un 7,8 por ciento sobre el conjunto de los asalariados. Paradójicamente, muchos titulares de derechos de propiedad intelectual, verdadera columna vertebral de esa industria, piensan que Google resulta un freno para la creatividad. Recientemente, la cadena de televisión Tele 5 interpuso una demanda contra el portal de vídeos YouTube, propiedad de Google, por vulneración de sus derechos de propiedad intelectual. Según Paolo Vasile, Consejero Delegado de Tele 5, YouTube no es un mero intermediario, sino que se ha convertido en un proveedor de contenidos ajenos, ya que los explota comercialmente. Con un fundamento parecido, YouTube afronta desde 2007 una compleja demanda de Viacom (propietaria entre otras de las marcas MTV, Nickelodeon, Paramount y DreamWorks) por lo que califica de violaciones masivas intencionadas de sus derechos de propiedad intelectual. En concreto se demandan 1.000 millones de dólares por haber permitido la subida de casi 160.000 vídeos no autorizados de sus programas, que han sido vistos más de 1.500 millones de veces. Se trata del mayor desafío hasta la fecha para las ambiciones de Google para transformar YouTube en el mayor vehículo existente para la publicidad y el entretenimiento. Por ahora la demanda está prosperando. Louis Stanton, el juez encargado del caso, ha obligado al buscador a desvelar los datos de los usuarios de YouTube en Estados Unidos. Con esos datos la multinacional demandante pretende probar que en YouTube se usa primordialmente material audiovisual protegido por derechos de autor y que el proveniente de la creatividad de los usuarios es escaso.
En este mismo sentido, Google News, el servicio de noticias del buscador, ya ha sido objeto de varias demandas ante Juzgados y Tribunales de diferentes jurisdicciones por parte de los editores de noticias y de diarios. Una de las primeras demandas fue la de agencia France Press, que exigió ante los Tribunales estadounidenses que el servicio de noticias del buscador respetara sus derechos sobre los contenidos creados. Finalmente, el Tribunal del Distrito de Columbia no se pronunció sobre el fondo del asunto porque el buscador y la agencia de noticias francesa resolvieron sus discrepancias con un acuerdo extrajudicial.
Otro conflicto judicial es el iniciado por la entidad belga Copiepresse, que representa a los editores de diarios belgas. Copiepresse obtuvo dos sentencias favorables que han obligado a eliminar del servicio de Google News a los diarios más relevantes de Bélgica. Paradójicamente, muchos editores de diarios dedican importantes recursos a conseguir que sus noticias estén bien posicionadas en Google News. Pero no por ello quieren renunciar a ejercer el derecho a explotar la mercancía propia, la única de que dispone el tradicional negocio de edición de diarios: los contenidos.
Y es que Google ha entrado de hecho en el negocio de la edición de diarios digitales. Las diferentes demandas planteadas que ha tenido que afrontar y las que podría verse obligada a soportar en el futuro hacen difícilmente viable la continuidad de su servicio de Google News, si no consigue aplicar a ese servicio la forma tradicional de hacer negocios del conocido buscador: que todos ganen (win win). Tras el primer paso de permitir a los afectados por la información realizar comentarios, el siguiente podría ser explotar la publicidad en su servicio de noticias, entrando aún más en directa y estrecha competencia con el resto de editores de diarios. En este conflicto no se puede olvidar que los editores afrontan importantes inversiones en recursos tecnológicos y capital humano para generar sus productos informativos, mientras Google simplemente los utiliza, una vez producidos. De esta forma, se ha convertido, en el sexto medio de comunicación digital más visitado en España. Es un claro caso de aprovechamiento del esfuerzo ajeno.
En la era de la información y el entretenimiento, la propiedad intelectual no es sólo un elemento más que incentiva a los creadores, sino que se configura como un factor necesario del propio negocio, que una compañía debe cuidar. Con mayor atención deberá velar por estas cuestiones una empresa que aspira a liderar globalmente Internet y necesita de la seguridad jurídica que sólo pueden conferirle los titulares de derechos de propiedad intelectual.
Por todo ello, es de esperar que en el futuro Google afronte las cuestiones de propiedad intelectual, y otras como la protección de datos, de manera adecuada y desarrolle sus servicios con la seguridad jurídica de que sean, en todos sus aspectos, lícitos. Sería sorprendente que la aclamada compañía que cotiza con éxito en bolsa y es conocida en la Red por su máxima de «Don´t be evil» no resolviera los frentes abiertos y diera argumentos adicionales a los que cada vez miran al buscador con menos simpatía en perjuicio de su valiosa y apreciada imagen en Internet.