Suscríbete a
ABC Premium

Adiós al kiosco de Tina

TEXTO: GLORIA GAMITO FOTOS: RAÚL DOBLADO Y ARCHIVOLas obras del Metrocentro están provocando muchos damnificados económicos: comerciantes, hosteleros, taxistas... Ahora le ha llegado el turno a los

Las obras del Metrocentro están provocando muchos damnificados económicos: comerciantes, hosteleros, taxistas... Ahora le ha llegado el turno a los kioscos. Ayer, un cartel anunciaba que el kiosco de chucherías de Agustina, Tina, como la conoce todo el mundo, se cerraba por ruina económica. Debido a las obras del Metrocentro, el kiosco, que estaba en la Plaza Nueva cerca del semáforo de Tetuán, ha pasado a ubicarse en la Plaza de San Francisco, concretamente en la esquina del Banco España con la calle Hernando Colón. Y el cambio de sitio, unido a la desolación de las obras y a que ya no llegan los viajeros que utilizaban las once líneas de autobús que entraban hasta Plaza Nueva, ha provocado que las ventas de este kiosco, antes próspero, hayan descendido en un 90 por ciento.

La titular de este kiosco es Agustina Jiménez Sánchez, conocida popularmente como Tina, que en septiembre cumplirá 82 años, y el auxiliar su hijo, Luis Manuel Jiménez, de 56. Cuenta Luis que este kiosco forma parte de la historia de su familia y que para su madre es su vida. A la tatarabuela de Luis, la compañía de tranvías con mulas le puso en 1860 un kiosco en la acera de la antigua Audiencia, que es hoy la Caja San Fernando. Era un tallero de agua con cántaros y búcaros.

Bonobuses «de capirote»

Después, este kiosco se lo llevaron a la Plaza Nueva, junto al semáforo de la calle Tetuán. Estaba entonces en el perímetro de la Plaza Nueva, que entonces tenía una urbanización compartimentada. En 1969 ya pusieron los kioscos anteriores a los actuales y los incluyeron dentro de la Plaza Nueva, que se agrandó. Piensa Luis que con la instalación del nuevo tranvía de nuevo tendrán que retranquearla de nuevo para dejar más calzada.

Lo que empezó siendo un tallero de agua amplió su oferta, y en el kiosco se vendían chucherías y golosinas, patatas fritas, donuts, refrescos y agua, y por supuesto bonobuses, muy demandados por los usuarios para los que la Plaza Nueva era su puerta de entrada y salida al centro.

El traslado del kiosco desde la Plaza Nueva a la de San Francisco ha perjudicado al kiosco, y las cosas no son lo mismo. Tanto han descendido las ventas que ayer el kiosco se cerró por ruina económica.

Bonobuses «con capirote»

Dice Luis que antes en Plaza Nueva vendían al día, en bruto, una media de 900 a 1.100 euros: «Ahora de siete de la mañana a siete de la tarde, en que me voy harto de no hacer nada cuando yo me quedaba hasta las nueve, lo máximo que vendo en bruto son 150 euros. El descenso es del 90 o 92 por ciento».

La bajada se aprecia en la venta de los bonobuses: «Yo vendía algunos días 150 bonobús sin trasbordo y 25, 30 o 50, según, con trasbordo, y algunos mensuales. Y todavía tengo ahora bonobuses «con capirote» porque los compré en Semana Santa y no he salido de ellos». Se queja de que el acuerdo del traslado se tomó en junio de 2003 y a ellos se le informó el 30 de marzo de 2006 por una carta certificada. Luis dice que ha tenido que cerrar porque con los que ganan no se puede vivir y tiene que buscarse la vida. Además, tiene que operarse de una hernia umbilical y quizás este sea el momento. Tampoco su hija, a la que han contratado, ha podido hacerse cargo. El kiosco no abrirá sus puertas «hasta que esto se solucione y volvamos a Plaza Nueva».

Esta funcionalidad es sólo para suscriptores

Suscribete
Comparte esta noticia por correo electrónico
Reporta un error en esta noticia