Brassaï, como un tigre en Sevilla

POR FERNANDO IWASAKILa mirada de ciertos artistas -pintores, fotógrafos y escultores- también merece un lugar dentro de nuestra Biblioteca de Apócrifos Sevillanos, y así convoco el asombro en blanco y

Escena ferial captada por la cámara de Brassaï
Escena ferial captada por la cámara de Brassaï.

La mirada de ciertos artistas -pintores, fotógrafos y escultores- también merece un lugar dentro de nuestra Biblioteca de Apócrifos Sevillanos, y así convoco el asombro en blanco y negro de Brassaï, quien ya se había convertido en uno de los grandes fotógrafos de la vanguardia gracias al álbum Paris de nuit (1932), prologado por Paul Morand.

Cuando Brassaï retrató a las más turbias criaturas nocturnas de París -fulanas, mendrugos, travestis, alcohólicos y pederastas-, sus fotos deslumbraron por esa viscosidad humana que las supuraba, como si fueran texturas. Henry Miller se engolfó con aquellas imágenes y prologó un nuevo álbum de Brassaï -L´ Oil de Paris (1952)- antecedente inmediato de Séville en fête, porque ambos libros fueron caprichos del editor Robert Delpire.

Séville en fête fue prologado por Henry de Montherlant -a la sazón director de la Academia Francesa- y la cervantista Dominique Aubier escribió siete capítulos sobre la primavera sevillana y sus fiestas mayores, dirigidos al gran publico francés. El libro se cerraba con un texto del propio Brassaï -«De la Semaine Sainte à la Féria»- donde exaltaba la naturaleza dionisíaca de las fiestas sevillanas y comentaba algunas de las fotos reunidas en su álbum. Séville en fête nunca volvió a reeditarse y jamás fue traducido, hasta que la Obra Social de la Caja San Fernando rescató aquellas fotos para organizar una gran exposición y editar un bello catálogo: Brassaï en Sevilla (2007), con estudios preliminares de Oliva María Rubio y Agn_s de Gouvion Saint-Cyr. La edición sevillana no tradujo ni el prólogo de Montherlant ni los textos de Dominique Aubier, aunque sí ofrece una versión española de los carnets sevillanos de Brassaï, sólo que cambiando la numeración original.

A uno le sorprende que Brassaï llame «seguidillas» al baile por sevillanas («...danse la séguedille, la danse sévillane»), pero sí me hace ilusión imaginar cómo habría sido la Feria sin altavoces y sin micrófonos, tan sólo animada por pianos, guitarras, palillos y panderetas. ¡Qué pena que Brassaï no hubiera tomado una foto de la célebre «Caseta del 77», donde se capeaban novillos y el piano era trasladado por un par de borricos! ¿Qué pensarían los lectores parisinos al ver a esas ayas de negro acompañando a las niñas vestidas de flamenca? En el prólogo de Séville en fête, Henry de Montherlant aseguraba que para un ciudadano francés, los sevillanos eran tan extraños o extranjeros como un tigre («Pour le Français du Nord, le Sévillan est, lui aussi, quelque chose de plus étranger qu´un tigre»), pero seguro que para esos sevillanos de comienzos de los 50 un tigre sería más normalito que un húngaro-francés con una cámara.

¿Por qué casi nadie sonríe en la Sevilla de Brassaï? Sonríe Ava Gardner vestida de gitana, sonríen cuatro flamencas paseando por el Real y sonríe una criada sobre un coche de caballos, pero nadie vuelve a sonreír en esa Séville en fête, a pesar de la rotunda exaltación que Henry de Montherlant le dedicó en el prólogo a la alegría andaluza: «L´émotion que semblent ressentir avec le plus de jet les Andalous, parce que presque tout, dans leur province, est enchanteur, c´est le plaisir. Alegria est un mot typiquement andalou. La plupart des expressions remarquables du caract_re espagnol, et surtout andalou, sont des fusées de alegria, un trop-plein de plaisir esthétique et de plaisir de vivre confondus, qui s´échappe. Alegria, les exclamations au passage des femmes. Alegria, la politesse, qui n´est qu´une fleur du plaisir d´être agréable aux autres. Alegria, le desplante, c´est-à-dire la «fioriture» que le matador ajoute à sa passe. Alegria, la familiarité, la cigarette offerte, la main sur votre épaule. Alegria, ces diminutifs qu´on donne à tous et à tout, comme chez nous au Moyen Age: un âne dans un pré, ni plus ni moins petit qu´un autre, provoque cette exclamation: «Un borriquito solito!» («un petit bourricot seulet!»); une vieille de quattre-vingts ans est apostrophée: chica! («petite!»). Alegria, ces messieurs de la meilleure société, et d´âge mûr, qui, se rencontrant, se tapent dans le dos, se pincent la nuque, restent une minute dans le bras l´un de l´autre: cest vraiment une poussée trop forte de bienveillance, de bonne nature qui explose. Alegria, ce goût des larmes et de la plainte, de la pitié et de l´horreur: prendre plaisir à souffrir n´est pas un mouvement «sadique», c´est un des mouvements élémentaires d l´homme».

Para cualquier lector que carezca de una vivencia sevillana, esa alegría andaluza de la que habla Montherlant no existe en las fotos de Brassaï, porque Brassaï vino a Sevilla de cacería. A mirar a los tigres con ojos de tigre.