Se nombra la Feria de Alcalá y llega el calor. A quien le parezca que es mucho, le responderán los autóctonos que esto no es nada. Ellos han visto lipotimias, ferias desoladas como páramos desérticos, chorreones líquidos en la frente. Lo de este año se aguanta. Existe el consuelo del recuerdo de la pasada edición. Y la vaga esperanza, que se va perdiendo, de que la cordura cambie la fecha y la sitúe antes para evitar estos grados y estos malos tragos.
La fecha de la Feria de Alcalá, además de ser mutable, (debe ser la única que cambia cada año) no deja conforme a nadie. Cada año hay perjudicados. En esta ocasión, por ejemplo, los rocieros que tiene caseta y que regresaron ayer por la tarde, cuando ya todo está más que empezado. Entre los damnificados constantes están los estudiantes. Les cae en plena época de exámenes. Cristina cuenta cómo este año, tras acabar la carrera, es la primera ocasión en la que puede acudir más de un día. Otros años lo hacía sólo una noche y con grandes remordimientos. La feria de día era para ella una simple referencia. La feria la tenía ella en su casa, entre apuntes.
Se habla también del cartel de Feria. Así lo diría el delegado de Fiestas Mayores, Enrique Pavón, «como no podía ser de otra forma», el cartel de este año luce un dragón. El mitológico animal que sirve de inspiración al nuevo puente sobre el río Guadaíra. El puente ha gustado mucho y quita mucho atasco, pero su inclusión en un cartel de Feria le da un cierto aire extraño al conjunto. «Cada cosa tiene su sitio», afirma un alcalareño castizo mientras observa la reproducción del cartel en la revista ferial.
El cartel y los toros
En Alcalá, estas cosas de los carteles y la pintura, se miran mucho. Debe ser el pueblo con mayor densidad de pintores por habitante y eso se nota. El de este año lo ha realizado Miguel Ángel Márquez y en conjunto ha gustado. Aunque se presta a algunas maldades. ¿Qué hace un torero pintado en el cartel de una ciudad que tiró su plaza de toros para poner un multicines recientemente cerrado y un burger?.
Dice el autor que es un homenaje al barrio en el que se crió, el que se conoce como «Los Toreros», porque estaba al lado de la plaza. Según esto, el barrio debería ser ahora el de «los hamburgueseros».
Se habla de la nueva Caseta Municipal. El edificio antiguo se ha derribado y en su lugar se ha levantado uno totalmente nuevo, más grande y más alto. Permanente y definitivo. Suma en total 2.400 metros cuadrados de extensión. Dispone de un gran escenario en el que se anuncian grandes actuaciones para estos días. Pero no es una caseta de feria. Lo que se ha hecho es vestir un edificio de caseta. Miles de metros cuadrado de lona azul y blanca lo recubren y en su interior se disponen farolillos y motivos de decoración feriales.
El resultado es objeto de disparidad de criterios. Hay quien dice que el interior parece un pabellón deportivo y quien considera que no es funcional mantener un edificio como el anterior, que sólo se usaba una vez al año.
Cámaras de vigilancia
También es novedad la presencia de cámaras de vigilancia, sobre todo en las zonas de mayor afluencia de juventud. A algunos les tranquilizan. Otros las consideran innecesarias. Esa función ya la hace la televisión local, Antena Oromana. Antonio Brito, sus hijas y su gente, cogen una cámara y a pie de albero sacan a todo el que pasa por la Feria. Le huyen los maridos de desmarque, los políticos que tuvieron un disgusto la jornada electoral del pasado domingo o quienes saben que la manzanilla ha mermado su capacidad oratoria.
Más comentarios sobre un acto que se ha eliminado. Cada año se organiza un reconocimiento a alcalareños destacados. Primero fueron denominados «Alcalareños del Año» y la distinción se entregaba el mismo miércoles. Luego el acto se adelantó una semana y se le puso como nombre «Alcalareños Distinguidos». Este año nada. Al parecer los partidos políticos, que son los que deciden los nombramientos, no se han puesto de acuerdo durante la campaña electoral.
Quienes serían acreedores de una distinción, y sobradamente, serían los caseteros, que cada año soportan calores y cambios de fecha y dan forma y vida a la Feria.
La feria tiene en el jueves su día íntimo, es laboral, y quienes acuden son en su mayoría alcalareños en el momento en el que se despiden del trabajo hasta el lunes
A. MALLADO
Interior de la abarrotada Caseta Municipal, que se ha estrenado este año
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