Denuncian que el «botellón» de La Raza pudo provocar el incendio de la gasolinera
Lo de la macrobotellona del jueves pudo acabar en tragedia, porque los jóvenes abarrotaron la gasolinera de Repsol contravinieron todas las normas: fumaron sentados encima de los surtidores, hablaron
Lo de la macrobotellona del jueves pudo acabar en tragedia, porque los jóvenes abarrotaron la gasolinera de Repsol contravinieron todas las normas: fumaron sentados encima de los surtidores, hablaron por los móviles e impidieron trabajar a los empleados, que terminaron por encerrarse en el local, cerrar las puertas «y esperar que Dios nos acogiera».
El susto fue muy grande y el establecimiento no pudo vender combustible alguno debido a la invasión. A las siete de la tarde del jueves, el gerente de la gasolinera, José Miguel Varela, presentó una denuncia contra el Ayuntamiento en la Policía Local del Distrito Sur, en la calle Jorge Guillén. Sólo a las doce de la noche, y tras haber pasado por allí las cuadrillas de Lipasam, pudieron de nuevo atender a los clientes.
La del jueves fue la segunda macrobotellona en la que se envuelta la gasolinera de La Raza. El jueves anterior, 28 de septiembre, ya tuvieron un anticipo del horror, pero ni con mucho puede asemejarse a los vivido el 5 de octubre. El 28 eran 5.000 personas, y el pasado jueves más de 7.000, y eso que en teoría en la gasolinera estaban preparados: nada más conocer que habría botellona, en la gasolinera retiraron de la tienda el alcohol de pocos grados que venden, algo de vino y cervezas. Manuel Romero, el encargado de la estación de servicio, comenta que a las doce del mediodía ya había en la zona doce o quince policías locales.
«Tomar» la gasolinera
Sobre la una y las dos de la tarde empezaron a llegar los jóvenes. Venían de Reina Mercedes, donde estaba convocada la concentración porque otros agentes les impedían quedarse en la avenida. Al no poder utilizar tampoco la calle Tramontana y Profesor García González, escenarios de otros botellones, los jóvenes se fueron concentrando en La Raza. Desviar a los jóvenes de una zona a otra se llama desnudar a un santo para vestir a otro, y eso fue estrictamente lo que pasó. Para despejar Reina Mercedes el problema se trasladó a La Raza.
A mediodía se abrió para los jóvenes un solar de albero de la Autoridad Portuaria, vallado y cerrado con candado, que está delante de la calle Tarfia. Al rato de estar bebiendo a pleno sol, los jóvenes de la botellona estaban asfixiados y muy «cargados», y salieron del recinto en busca de la sombra que había en la acera derecha de la Avenida de la Raza, junto a las naves industriales. Como no paraban de llegar chicos y chicas, la masa tomó la Avenida, que quedó cortada, y luego se apoderó de la gasolinera.
Señala Manuel Romero que a las cinco de la tarde ya se produjo el desmadre. Chicos y chicas invadieron la gasolinera e impidieron entrar a los clientes y trabajar a los empleados. Se subieron a los surtidores, que utilizaron como asientos, y allí, no contentos con eso, fumaron y hablaron por los móviles, dos cosas que están especialmente prohibidas en las gasolineras.
A la poca cabeza de los convocados, quizás por los pocos años, se sumaban los efectos del alcohol y el resultado fue demoledor. Uno de los empleados comentó ayer que a los que estaban fumando en los surtidores les daba todo lo mismo: «Se les decía que podía haber una explosión porque estaban fumando y contestaban que les daba igual». Romero es de la misma opinión cuando comenta «que iban a pasarlo bien y a consumir, porque eso no era una fiesta, era sólo beber alcohol y los correos electrónicos decían que iban a beber hasta emborracharse».
Un gravísimo peligro
Sin poder vender gasolina, los empleados de la estación de servicio, desbordados por el gran número de jóvenes y asustados por el grave peligro del tabaco y los móviles, que era un alto riesgo, señala Romero que decidieron «meterse dentro del establecimiento, cerrar las puertas y que Dios nos acogiera». Comenta que estaban fumando junto a las bocas de los seis tanques de combustible dela gasolinera y los surtidores y que también junto a la caja nocturna tienen 20 bombonas de butano, y «ya sabemos lo que una bombona puede provocar»
La tienda se quedó en autoservicio y ellos atendían por la caja nocturna las escasas ventas: el poco hielo que les quedaba, que se acabó enseguida y cuatro vasos de plástico. Contra los que dicen que hicieron negocio, Romero señala que la tarde fue pésima: «Una tarde nula de venta de combustible y graves pérdidas por deterioro en bollería y golosinas y robos», explica.
A las siete de la tarde, los cuatro carriles de La Raza estaban cortados desde la calle Paez de Ribera, por donde desviaban a los coches, hasta otra calle que da a un espacio universitario entre las Facultades de Químicas y Matemáticas. Hubo coches que quedaron atascados más de dos horas.
Cuenta Manuel Romero que a las ocho y media de la tarde llegaron los antidisturbios. Lograron echar a los jóvenes y acordonaron el espacio de los surtidores con cintas. Nadie podía entonces acceder a la estación. Tampoco los clientes, porque la suciedad lo impedía. Sólo se abrió el establecimiento al público a las once y media o doce de la noche tras el paso de una cuadrilla de Lipasam que quitó lo más gordo, como botellas rotas y bolsas. Ayer todavía quedaban restos de vasos y en la calzada de la avenida se veían claramente las manchas de la «juerga». Dice Romero que a los niños los echaron de Reina Mercedes y se vinieron a La Raza. Su deseo es que esto no vuelva a ocurrir: «Hay sitios adonde pueden ir y tenerlos controlados. Y sobre todo, hay que evitar poner en riesgo a la ciudadanía».
El gerente de la gasolinera, José Miguel Varela, puso ayer una denuncia contra el Ayuntamiento en la Policía Local del Distrito Sur, en la calle Jorge Guillén, que fue el sitio que le dio como más cerca el 010. La denuncia expone el desorden y la peligrosidad de los hechos. Señala Varela que un policía les dijo que era una manifestación pacífica y que no podían hacer nada. Él le respondió que no que estaban haciendo destrozos. El policía, por lo visto, no sabía que lo de la botellona no era una manifestación, sino ocupación de vía pública, y eso está contemplado en las Ordenanzas Municipales.
Dice Varela que en 2002 salió una ley que prohibía a las gasolineras vender alcohol de más de 20 grados «se supone que para evitar las botellonas, y aquí la hubo el jueves y consentida».
Otros perjudicados fueron los vecinos de la calle Tarfia. Muchos tardaron horas en poder llegar a sus casas y sus calles y portales -las casas tienen la entrada entre bloques- fueron los servicios públicos de la botellona y estaban llenas de orines y excrementos.
También estas calles las tuvo que limpiar a las doce y media de la noche los coches de Lipasam. Un vecino comentaba que en los bloques hay muchos pisos de estudiantes, dada la cercanía de las Facultades, y pedía al Ayuntamiento que se lleve las concentraciones lejos «al Charco de la Pava, para que no molesten».
Ruidos, suciedad, una avenida de cuatro carriles cortada, la imposibilidad de personas de llegar a su casa y un grave peligro fueron las consecuencias del traslado de escenario de la botellona. En Reina Mercedes muchos comerciantes comentaron que la cosa estuvo mucho más tranquila que en otras ocasiones porque la Policía no dejaba que se situaran los grupos de jóvenes. Pero el peligro estaba en la gasolinera.
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