-¿Por qué quitaron el programa de José Luis Garci?
-Debiera haber sido en versión subtitulada, sin cortes publicitarios y en mejor horario. Respetamos el presupuesto inicial pese a los aumentos del coste de vida. Incluso se aceptó programar casi exclusivamente películas que TVE tenía en archivo. José Luis cooperó con las circunstancias y el índice de audiencia era bueno. Lo que algunos han pensado como una maniobra política creo que sólo ha sido incompetencia.
-Una crítica pintoresca al programa era que iban más hombres que mujeres.
-Con sinceridad, yo cuando disfrutaba era en las grabaciones en que coincidí con los cinco o seis amigos y expertos con los que sintonizaba.
-¿Mantiene contacto con Garci?
-Aunque decidí cambiar Madrid por Andalucía, cuando necesita algo de mí, José Luis me lo pide porque nos entendemos muy bien y respeta nuestras discrepancias en aspectos de la política y hasta que yo no comparta su pasión sin límites por «Casablanca».
-Lo malo de vivir en Vejer es que se pierde los estrenos...
-En los estrenos actuales faltan obras interesantes. Vejer está haciendo un nuevo cine y en el anterior se veía semanalmente una película reciente. He asistido a sesiones de cinco o seis espectadores. ¿No es triste?
-¿Se ha hecho amigo del proyeccionista del pueblo?
-El proyeccionista durante muchos años en Vejer fue Angel Tinoco, todo un personaje y un hombre de bien. Dice que su vida es como la del niño de «Cinema Paradiso», y le regalo revistas, libros y lo que veo que le interesa.
-¿Comparte la idea de Welles de que es en la sala de montaje donde se hacen las películas?
-Totalmente. Los meses de montaje de «Campanadas a Medianoche» los viví en un pequeño cuarto junto a Welles y el montador, pasando una y otra vez las escenas y secuencias de la película viendo mejorar su ritmo,.. Fui la primera persona a la que enseñó la famosa batalla de la película que hoy todos admiran. También el primero que le dijo que era una pieza extraordinaria. En los más de cuarenta documentales que he rodado, lo más valioso de mi labor ha sido aplicar lo que aprendí viéndole montar.
-El maestro dijo una vez que se había pasado el 98% de su vida buscando dinero y el 2% rodando. ¿Fue tan dramático?
-Mucho más. He leído en su casa guiones interesantísimos que no pudo hacer. No logró reanudar con medios en los años 60 su «Don Quijote». Una vez me mostró en Madrid un contrato inglés que le enviaban para trabajar como actor con un director debutante y me preguntó «¿Juan, por qué no me dan a mí el presupuesto que ahora le dan a cualquiera para hacer una película?»
-¿Qué es lo más importante que aprendió de Welles?
-Aprendí mucho... Lo que no podía aprender es la visión que tenía del cine. Eso era fruto de un talento único, ligado a una personalidad que abarcaba mucho más que el campo del cine.
-¿A Welles le gustaba España?
-No le gustaba Italia, admiraba a Francia y amaba a España. Cervantes, Ortega, Unamuno, Baroja estaban en su biblioteca. Disfrutaba en silencio oyendo a los toreros hablar de su arte, se podía pasar horas ante Velázquez y le gustaba el pueblo llano.
-¿Es cierto que su hija, Beatrice Welles, se quedó con las ganas de transmitir a Felipe González la solidaridad de su padre ante el 23-F?
-El 23-F estuvo todo el tiempo pegado a la televisión y la radio, pendiente de lo que sucedía en España, y luego habló con mucho cariño de la actitud de Don Juan Carlos recordando que muy joven, con su padre, había conocido en Montecarlo a Alfonso XIII.
-¿Tanto le gustaba el NO-DO que compró miles de metros...?
-No le gustaba el NO-DO, salvo como aficionado taurino. Para la serie documental «La Spagna di Don Chisciote» pidió un operador del noticiario, Juan Manuel de la Chica, cuya labor elogiaba, para dar una visión en nueve capítulos de la España que amaba.
-¿Usted posee anotaciones de Welles sobre su idea para montar su «Quijote»?
-En unas Navidades que se iba a pasar en Londres, me pidió que buscase a un montador y juntos repasásemos los empalmes resecos del celuloide de «Don Quixote». Durante ocho días revisábamos los rollos con su sonido, cuando lo había, hasta dejarlo en las mejores condiciones de conservación. Al regreso me mandó un cheque por mi labor y se le devolví diciendo que lo que había visto en la moviola era más valioso que cualquier cheque.
-¿Guarda otros recuerdos suyos?
-Una nota que me trajo su chófer un día con un sobre que contenía la cantidad exacta que le habían estafado a mi mujer mediante un engaño sobre la salud de mi hermano. Era lo que teníamos para vivir ese mes. No sé cómo se enteró. La nota decía: «Juan, esto que quede entre nosotros. Orson».
-¿Qué fue de su «Orson Welles en España»?
-La Filmoteca Española y la de la Generalitat Valenciana publicaron dos tomos -el de Esteve Riambau y el mío- sobre el cine de Welles y España. Yo lo titulé: «Orson Welles. España como Obsesión».
-Le hizo una entrevista para «Cahiers du Cinéma» que ha sido citada infinidad de veces. ¿Qué le preguntaría hoy?
-Como era lector voraz de literatura, política, economía, ciencia, le preguntaría, por dónde cree que caminamos y qué podría hacerse para enderezar el rumbo. En 1945 en la Conferencia de San Francisco, su nombre se rumoreó para primer secretario de las Naciones Unidas...
-¿Qué es lo peor de dirigir una revista de cine?
-La soledad y la lucha contra el tiempo. La dirección tendría que ser colegiada. En «Nickel Odeon» el grupo era muy valioso pero todos estaban muy absorbidos por sus profesiones. Lo más doloroso para mí en estos diez últimos años es que Garci perdiese dinero deportivamente, como es propio de él, en esta aventura.
-¿Cuáles son las tres mejores películas del cine español?
-Plácido, la inacabada El Sur y Viridiana.
-¿Podría calcular cuantas películas ha visto?
-Mi suerte es haber conocido y charlado con Keaton, Hitchcock, Nicholas Ray, Fellini, Visconti, Antonioni, Godard, Fuller, Hathaway, Rivette, Truffaut, Rohmer, Berlanga, Ferreri, Resnais, Mackendrick, A. Penn, Boetticher, Buñuel y muchos más que me trataron como una persona que se sentía cercana a ellos...
TEXTO: ALFREDO VALENZUELA