A pesar del tiempo transcurrido y de que en la actualidad ejerce la abogacía, al ex fiscal jefe de Sevilla Alfredo Flores le satisface que la gente aún le reconozca por este cargo. Sigue siendo el mismo, un profesional sin prejuicios al que le importa el hombre y oír su causa.
-¿Qué le ha parecido la sentencia de Farruquito, ya que usted era el fiscal jefe de Sevilla cuando ocurrieron los hechos?
-Hoy ejerzo la abogacía y al no haber intervenido en el juicio no puedo expresar una opinión fundada.
-Con la Ley en la mano, ¿Farruquito tenía que ir a la cárcel por lo que hizo?
-Hacer ejecutar lo juzgado es misión exclusivamente reservada a los tribunales y el principio de legalidad marca los límites y las modalidades de ejecución, así como el alcance de la discrecionalidad.
-¿Y usted ahora, desde el otro lado del bando, como abogado, qué diría del caso Farruquito?
-La visión que tiene el abogado desde la cercanía con los hechos y con la personalidad de su cliente excluye cualquier intento de teorizar sobre lo ocurrido.
-Si pudiera ser su abogado defensor, ¿qué plantearía?
-Dar consejo a quien lo ha menester es una obra de misericordia, y cuando no es menester, aconsejar es una impertinencia.
-¿Le han venido con asuntos de cuando usted era Fiscal Jefe en Sevilla, por lo que ya le sonaban, y ha dicho que no? ¿Son muchos?
-Muy pocos, y además el despacho ya sabe que suelo ser muy escrupuloso con la incompatibilidad. Hasta ahora no hay ningún problema.
-¿Le veremos por los estrados sevillanos en algún caso penal?
-En los juzgados ya he tenido que intervenir, tanto en la capital como en los de la provincia; todavía no ha llegado ningún asunto a juicio oral.
-¿Qué opinión le merece la fiscal jefe y la actual Fiscalía?
-Con María José Segarra tengo desde hace mucho tiempo una relación muy fuerte de aprecio mutuo y que ella me sigue demostrando en cualquier situación, lo que agradezco sinceramente. Desde el aspecto institucional, ese afecto se tiñe de respeto y admiración, porque su tarea no es nada fácil. La actual Fiscalía, cuyos componentes son casi los mismos con los que trabajé tantos años, constituyen un grupo de profesionales, de altísimo nivel y eso lo digo desde la visión de abogado. Son el mejor capital con el que cuenta el ministerio fiscal y no siempre reciben la atención que merecen y los sacrificamos en exceso, regateándoles medios.
-Por cierto está usted en otro famoso caso como letrado, en la conocida «Operación Malaya». Defiende a uno de los más conocidos, Rafael Gómez Sánchez. ¿Qué diría de este caso?.
-Puedo decir poco. Al estar declaradas secretas las actuaciones, nos movemos con la información de nuestro defendido y con lo que se desprende de los autos judiciales. Vamos a intentar que no se olvide que estamos en un proceso penal, para depurar responsabilidades por hechos concretos y mediante pruebas contundentes y dejar a un lado el sensacionalismo.
-¿Su cliente qué papel juega?
-Ahora mismo, pudiéramos decir que está en el banquillo y deseando poder acreditar la verdadera realidad de su persona y de su vida de trabajo.
-¿Como abogado se ven las cosas distintas que cuando era fiscal o sólo cambia la posición?
-Sigo pensando, que lo importante es el hombre, acercarse a él sin prejuicios e intentar que su causa sea oída para seguir creyendo en la justicia.
-¿Durante este tiempo cual ha sido el caso más interesante dónde ha estado y de qué iba?
-No debo olvidar que los asuntos pertenecen a los clientes y es a ellos a quienes corresponde administrar su difusión, pero los problemas derivados del urbanismo y la presencia de la Administración como empresa, creo que es la tarea que merece más atención.
-¿Qué queda hoy de Alfredo Flores como fiscal jefe de Sevilla durante dos décadas?
-Yo me veo exactamente igual, con dos años más, pero me llena de alegría que, a pesar del tiempo transcurrido, muchas personas sigan viendo al «fiscal Flores».
-Si tuviera que empezar, ¿qué sería abogado o fiscal?
-Sigo firme en mi idea de que el ejercicio libre de la profesión es lo más gratificante, para el que le guste el Derecho. Es cierto que lo de «libre» cada vez se pone más difícil y no todo el mundo puede esperar que su trabajo le permita una vida digna. Desde la Administración de Justicia se podía colaborar para que al letrado, ya que debemos ser respetuosos, se le dé el lugar que merece y el respeto y reconocimiento a su labor.
-Cuando entra en la Audiencia Provincial, ¿qué siente?
-Es una sensación muy compleja. Más que nostalgia son recuerdos. Siento alegría por las muestras de cariño y aunque no se crea, siempre lamento la pérdida de la vieja Audiencia de la Plaza de San Francisco, pero realmente hoy soy muy feliz entre abogados.
TEXTO: JAVIER RONDA FOTO: ABC
Accede sin límite a todo el contenido
¿Ya eres suscriptor? Inicia sesión