Paulino Castañeda y los Simposios de la Historia de la Iglesia

Josemaría García de Lomas MierAcademia de Historia Eclesiástica de SevillaDesde el primer momento que veías a Paulino Castañeda llamaba la atención la sencillez y simpatía de un profundo castellano en

Josemaría García de Lomas Mier

Academia de Historia Eclesiástica de Sevilla

Desde el primer momento que veías a Paulino Castañeda llamaba la atención la sencillez y simpatía de un profundo castellano en Andalucía. Su rica personalidad se manifestaba en las numerosas iniciativas culturales que impulsó. Dejó honda huella en la Cátedra de Historia de la Iglesia y de las Instituciones Canónicas Indianas de la Universidad de Sevilla, donde fraguó un magnífico grupo de investigación; participó en la Cátedra General Castaños; promovió la Academia de Historia Eclesiástica de Sevilla; y todo ello, con una incansable labor de investigación que recogió en publicaciones de prestigio como sus estudios sobre Prelados Americanos de los Siglos XVI-XVIII o su magna obra sobre Bartolomé de las Casas.

Capítulo aparte merece su amistad con los Padres Dominicos, si la palabra amistad puede definir la relación fraterna marcada por años de convivencia en el Convento de la Calle San Vicente. Al igual que la cercana relación con el Señor Cardenal, que tan decididamente ha impulsado y presidido, durante estos dieciocho años, los Simposios de Historia de la Iglesia en España y América, uno de los principales focos de análisis y estudio de la Historia de la Iglesia en la Edad Moderna y Contemporánea que se lleva a cabo en Sevilla y tiene resonancias en toda la geografía Hispanoamericana.

Precisamente al recordar el origen de estos Simposios me viene a la cabeza la reacción de Paulino cuando José Carlos Martín de la Hoz le sugirió la idea de organizar algunas reuniones destinadas a sacerdotes y profesores universitarios con motivo del Quinto Centenario del Descubrimiento de América. Nihil sine Episcopo! -nada sin el Obispo-, fue la respuesta de Paulino. Se reunieron con el Señor Arzobispo. Y desde ese momento D. Carlos Amigo hizo suya la iniciativa de organizar los Simposios para afrontar el reto cultural -y la oportunidad- que para la iglesia suponía este aniversario y explicar el desarrollo histórico de la Evangelización del Nuevo Continente, a veces oculto a los propios sacerdotes.

Después de pensar y trabajar mucho surgieron estos Simposios que han ido desarrollándose año tras año gracias al buen hacer de Paulino. Por ellos han pasado personalidades ilustres de la Iglesia -Don Carlos Amigo a veces recuerda como el Cardenal Ratzinger canceló su asistencia, ya comprometida, para entrar en el Cónclave del que saldría como Benedicto XVI-, de la cultura, e incluso de la política, con la presencia de Adolfo Suárez gracias a las gestiones de Manuel Cociña. No rehuyó los grandes temas de actualidad que tienen una raíz histórica que hay que desentrañar, siempre con la mayor imparcialidad. Destacaba en él ese afán por des-ideologizar la Historia y por respetar a cada persona, por construir sin herir.

Si su categoría intelectual llamaba la atención, más aún destacaba por ser una persona de bien. Trató siempre a sus compañeros y alumnos con generosidad abundante. Recuerdo su disponibilidad, incluso su gozo, ante la petición por parte de alguno de sus amigos, de un casamiento o bautizo. ¡Con que alegría recordaba: a esta persona que yo casé, o, aquél a quien bauticé un hijo!. En todos queda el recuerdo de un hombre de fe y de servicio a la historia y sobre todo a los demás.