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Política de calle

Juan José

Borrero

¿NO querían un gobierno de progreso preocupado por las calles? Pues ahí lo tienen dedicado en cuerpo y alma a las calles de Sevilla. No hay asunto que más importe ahora que las calles. Tanto que incluso el tema está a punto de provocar una crisis interna de gobierno. No sé cuantos borradores lleva ya elaborados la junta revisionista que encabeza el hijo de la alcaldesa Amalia Torrijos para dejar las calles limpias de nombres «franquistas». Un término peliagudo en manos de la nueva inquisición cuya memoria histórica es muy sensible a los espadazos de Fernando III -franquista, por supuesto- pero que olvida con facilidad la reciente infamia a la humanidad cometida por sus compañeros de siglas en los ayuntamientos norteños que dedican calles a los asesinos etarras.

Y aquí están dedicados en cuerpo y alma a las calles de Sevilla en todos los distritos, impartiendo cátedra de historia de las libertades, aunque no nos permitan tenerla para elegir la escuela de nuestros hijos. Ahí están señalando franquistas en las listas negras del callejero, donde no quieren más Parias que los de la tierra, ni más Pío que el de los pajaritos, nombre por cierto de barriada que construyó la Obra Sindical del Hogar de Federico Mayo y que en estos tiempos de prosperidad clama sin éxito para que los políticos se hagan cargo de su alto riesgo de marginalidad.

Pero los políticos que gobiernan la ciudad están preocupados en otros asuntos. Han dejado las listas electorales para redactar las listas de las calles malditas, en la eterna transición de su interés por revivir los fantasmas que utilizan para presentase como los únicos referentes de una democracia que es de todos y cuyos valores quieren vincular interesadamente a una república del siglo pasado con clarísimas intenciones de futuro.

Y mientras atienden a sus urgencias políticas, en las calles seguiremos esperando con paciencia gestores que las limpien más allá de sus nombres y su historia. Políticos de su tiempo, capaces del consenso, preocupados por las calles y sus gentes, que las cuiden, las mantengan y las limpien de papeles, de gamberros, de orines, y de cagadas, de perro y en todos los sentidos.

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