MONTE-CARLO (MÓNACO). Impresionante, la verdad es que Mónaco es espectacular, un lugar bellísimo que parece haber sido dibujado a conciencia por un cuentacuentos, aunque no se puede decir que la gente del club que le tocó en suerte al Betis como rival esté a la altura del paisaje.
La jornada comenzó temprano, pues a las nueve de la mañana estaban preparados el Betis y todo su séquito para tomar el vuelo chárter rumbo a Niza. Primer revuelo. Salía a Kosovo un destacamento militar sevillano, con lo cual se multiplicaron las fotos y firmas. El aparato tenía cabida para cien personas y sólo quedaron cinco plazas libres al participar en la expedición 24 periodistas y más de treinta aficionados acompañando al equipo verdiblanco.
La salida, sin embargo, se demoró porque a Assunçao se le olvidó el pasaporte, de modo que hubo que buscar una fórmula para que el brasileño atravesara las fronteras. Lo hizo con la ficha federativa, aunque para regresar se articuló rápidamente una argucia burocrática por parte de Óscar Arredondo, que se puso en contacto con Extranjería para que se preparara el retorno a España del jugador. Por cierto, si en el avión viajaron cinco consejeros (Manuel Castaño, Gregorio Conejo, José Luis Jiménez, Ángel Martín, jefe de la expedición, y el citado Arredondo), en el hotel Palace Vista esperaban otros cuatro (Jaime Rodríguez Sacristán, Balbino de Bernardo, Francisco Nunchera y Víctor López). La ausencia de Lopera, comentaron, tenía el exceso de trabajo como motivo.
Almuerzo con la prensa
Después de un vuelo tranquilo que duró dos horas, el Betis llegó a Niza. Tres autocares recogieron al grupo. El Betis y los periodistas se fueron al hotel Palace, que está a las afueras de la ciudad sobre un enorme risco y con un paisaje a sus pies realmente espectacular. El consejo bético retomó la costumbre de invitar a almorzar a la prensa, pero el horario previsto había sido alterado por los retrasos y hubo que cortar la reunión antes de los postres para acudir a la rueda de prensa de Serra, que contó con la presencia de sólo tres periodistas locales.
En Sevilla, mientras tanto, se había quedado el gerente del Betis, José Antonio González Flores, atendiendo a la comisión delegada de la UEFA que inspeccionó el estadio Ruiz de Lopera para cerciorarse de que habían comenzado las obras ordenadas para adaptar el coliseo de La Palmera a la normativa de la Champions, que obliga a dar una serie de servicios a la prensa y, sobre todo, a los patrocinadores del torneo. El club había pedido una moratoria para empezar dichas obras mañana, pero la UEFA no transigió y los trabajos comenzaron la semana pasada.
El lujo por bandera
Por la tarde se trasladó el Betis al estadio Luis II, una preciosa construcción moderna, funcional como obliga el nombre de esta ciudad, y elegante, que en realidad es un inmenso polideportivo enterrado en medio de la metrópolis y junto a un impresionante pantalán en el que se podían admirar varios yates de lujo. Y es que eso es Monte-Carlo, lujo en las construcciones, en las calles, en los comercios, en los vehículos... Un lujo, llámenlo glamour, cuyo culmen es el fantástico palacio de la familia Grimaldi, que desde una atalaya de roca natural sobre la que está levantado, se erige sobre toda la ciudad.
En el estadio, no obstante, llamó la atención la organización del AS Mónaco, estricta hasta un nivel espantoso. Un ejército de voluntarios vestidos de rojo se desplegó para atender al Betis y a los periodistas. La poca amabilidad, unas miradas nada amistosas y un mínimo interés por hacerse entender soliviantó a los informadores sevillanos, que, además, al llegar al estadio se encontraron con que la rueda de prensa de Didier Deschamps ya se había celebrado. El único respiro llegó cuando apareció la directora de comunicación del Mónaco, una española llamada Sonia Díaz que facilitó un poco el trabajo a los periodistas. Si los representantes de los medios monegascos y franceses presentaron a la UEFA una protesta formal por la insuficiencia de medios para el trabajo en el Ruiz de Lopera, aquí habría que presentarla por el trato, aunque hay que decir que en cuanto a instalaciones, servicios y medios este estadio del Mónaco está a años luz del que aún no ha terminado de remozar el Betis.
Se supone que hoy será un día más tranquilo, de espera desde luego y de turismo, que merece la pena hacerlo, sobre todo si sale el sol que durante toda la jornada de ayer acompañó a la delegación bética y que abarrotó las poquitas pero preciosas playas de Monte-Carlo, a los pies de las calles que forman el legendario circuito de Fórmula 1.
No costará mucho presenciar el partido, ya que las entradas se pueden adquirir desde los ocho euros hasta los sesenta. Aquí hay que motivar al aficionado para que acompañe al equipo, pues en un lugar donde una cerveza cuesta seis euros en cualquier bar normal, los precios del fútbol podrían ser otros.
En fin, es el mundo, dispar y sorprendente, y esta participación del Betis en la más importante competición europea da la oportunidad de comprobar cómo son las civilizaciones más ricas, por dentro y por fuera, y merece la pena vivirlo porque si bien no todo lo que brilla es oro, desde luego que la experiencia, a pesar del estrés y las prisas, bien vale un esfuerzo.