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JORNADA 12

0-0: Lección de carácter del Betis ante el líder y el agua

JOSÉ MARÍA IGEÑO

El equipo de Víctor fue mejor que el Deportivo en un campo impracticable, pero falló un penalti, vio cómo se le anulaba un gol de forma injusta y malogró en el descuento una clara ocasión por medio de Capi

SEVILLA. El Betis no ganó el partido pero sí ganó autoestima después de una racha horrible, de una serie de tres derrotas que hacía aún más temible la visita del líder a un campo, encima, encharcado y más propicio a priori para la consistencia del Deportivo que para las individualidades del cuadro verdiblanco. Pero el Betis, tocado en su amor propio por su criticado mal juego, por su falta de solidez y de idea de equipo en los encuentros precedentes, afrontó el partido de principio a fin como demandaban las circunstancias: no rehuyó jamás el choque frente a la tropa que comanda Mauro Silva, no escatimó una gota de sudor y fue siempre más que el líder tanto en el despliegue físico como en el juego, el poco juego que permitió el agua caída sobre el Ruiz de Lopera.

Los verdiblancos expusieron más que el Deportivo en busca de la victoria, que sólo se escapó porque Fernando falló su primer penalti y porque el árbitro, Megía Dávila, señaló injustamente juego peligroso en una chilena de Martín Palermo que Dani aprovechó para mandar el balón a la red de Molina, amén de un par de ocasiones muy claras de Juanito y Capi, al que en el descuento le sobró un regate cuando lo tenía todo a favor para dejar los tres puntos en casa. Hubiera sido el final más ajustado posible a un partido lleno de épica, apto sólo para futbolistas de verdad y no para figuras de adorno, un encuentro en el que el Betis se reivindicó ante su gente y que, más allá de un punto siempre meritorio cuando se suma frente a tan cualificado enemigo, debe servir para ganar en confianza y despejar las crecientes dudas que sobre el equipo estaba empezando a acumular la afición verdiblanca.

Era un partido para jugarla en largo, para no correr riesgos en imposibles circulaciones de balón, para embarcarla sin complejos en defensa y cometer menos equivocaciones que nunca. El Betis tardó un poco más que el Deportivo en adaptarse al agua, a los balones súbitamente frenados en los charcos o a los que salían disparados después de un bote. Pero poco a poco, el equipo de Víctor Fernández empezó a situarse como mínimo igual de bien que el líder para recoger los rechaces; empezó a aprovechar los barullos para inquietar a Molina o a provocar faltas que dieran lugar a jugadas de peligro.

Con la necesaria concentración defensiva ante la referencia de Pandiani y las entradas por las bandas de Víctor, Fran o Munitis -al que recurrió de salida Irureta por entender que el campo no estaba para Valerón-, el Betis pasaba muy pocos apuros y mantenía en general lejos de Contreras el desarrollo del juego. El que no lo hacía igual de bien era el Deportivo, cuya defensa, pese al poderío aéreo de Andrades, César e incluso Héctor, pasaba apuros en los balones que Assunçao o Joaquín metían en el área.

Un rebote que favoreció a Juanito en una subida al remate dio lugar a que Molina le hiciera un claro penalti antes de la media hora de juego. La ocasión más clara imaginable para cobrar ventaja y hacer que el adversario tuviera que sufrir el doble en un campo tan poco a propósito para llevar la iniciativa. Pero Molina tenía más que estudiada la forma de lanzar penaltis del especialista bético, Fernando, a juzgar por el acierto con que supo aguantar, no vencerse en el amago a cámara lenta que suele hacer el malagueño y lanzarse después al lado correcto, favorecido por la poca potencia del disparo del jugador verdiblanco.

El Betis no acusó el fallo. Siguió echándole coraje al partido y aprovechó una ligera mejoría en el estado del terreno de juego en la segunda parte para mover el balón con bastante sentido. Juanito acababa de fallar una clara ocasión al mandar alto un disparo franco y sin oposición cuando Víctor Fernández dio el paso adelante de recurrir a Palermo -era un partido para buscar arriba a quien supiera rematar o bajar el balón- en lugar de Fernando. A los treinta segundos de haber entrado en el campo, el ex de Boca Juniors cazó de chilena un centro al área y Dani empujó el balón a gol, pero Megía Dávila pitó juego peligroso -no había un rival tan cerca como para eso- en la acción del argentino. Fueron, sin duda, los mejores minutos de Palermo desde que es jugador del Betis. No sólo respondió por arriba, sino que supo jugar el balón para los compañeros.

También mejoró el Betis con la posterior entrada de Capi, que creó mucho peligro por la izquierda en el último cuarto de hora del encuentro. Esta fase final también contó por parte deportivista con dos o tres balones de peligro metidos por Valerón, sustituto de Fran. Pero el que estuvo más cerca de resultar decisivo fue el camero, que en el descuento se inventó una jugada personal a la que le sobró un regate para haber terminado en gol. Capi se perfiló para el disparo después de un par de recortes espectaculares, pero dio tiempo a la llegada in extremis de Andrade.

El partido no tuvo el final soñado y probablemente merecido por el Betis, pero de estos noventa y tantos minutos de choque y de lucha contra el rocoso Deportivo de Mauro y de Irureta sólo cabe extraer conclusiones esperanzadoras sobre un equipo que, más allá de sus excelentes individualidades, demostró que también sabe sufrir.

Ficha técnica

0 - Real Betis: Contreras; Juanito, Rivas, Lembo, Luis Fernández; Joaquín, Assuncao, Arzu, Ismael (Capi, m.77); Fernando (Palermo, m.58) y Dani (Benjamín, m.84).

0 - Deportivo de La Coruña: Molina; Héctor, Andrade, César, Capdevilla; Mauro Silva, Sergio; Víctor (Scaloni, m.57), Fran (Valerón, m,63), Munitis (Romero, m.81); y Pandiani.

Arbitro: Carlos Mejía Dávila (Colegio madrileño). Amonestó a los visitantes Sergio (m.47+), César (m.60) y Pandiani (m.74) y a los locales Lembo (m.68) y Capi (93).

Incidencias: partido disputado en el estadio Manuel Ruiz de Lopera, ante cerca de treinta mil espectadores. Terreno de juego blando, resbaladizo y, en algunas zonas, encharcado por la lluvia.


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