| Genio
más orden más eficacia, igual a goleada memorable. Si a la brillantez individual con que
cuenta el Betis -léase Joaquín muy por encima de un nada despreciable resto- se le une
un buen funcionamiento colectivo del equipo, tanto para defenderse como para salir en
ataque, y una apabullante eficacia en el remate, parar al cuadro verdiblanco está ahora
mismo muy lejos del alcance de una Real Sociedad cuya plantilla no da, por lo visto, para
manejarse con solvencia al mismo tiempo en la «Champions» y en las competiciones
domésticas. Inmejorable
forma la que tuvo ayer el Betis de espantar su crisis a costa de un adversario que
demostró muchos más motivos para la inquietud. Nervioso y vulnerable, impreciso en la
creación de juego y lleno de agujeros en defensa, la Real Sociedad no se parece en nada
al equipo que el año pasado presentó una seria candidatura al título de Liga. El Betis
lo machacó con la aparente facilidad que transmite este equipo cuando le salen las cosas
y, por qué no decirlo, ayudado por alguna decisión arbitral que el marcador alcanzado
por el equipo de Víctor Fernández dejó en simple anécdota.
Jugar con las dudas, las
prisas y los problemas del rival cuando en la casa propia se vive una situación parecida
no es fácil, y el Betis lo hizo a la perfección en Anoeta. Tal vez todo salió redondo
porque se puso de cara nada más empezar, pero cuántas veces no había desperdiciado
anteriormente el Betis ventajas más sustanciosas que la que obtuvo anoche a los cuatro
minutos de juego. Arzu -magnífico su partido- abrió un balón a la banda izquierda,
donde Ismael controló y recortó ante López Rekarte antes de mandar al área un centro
que Capi, anticipándose a la defensa realista, cabeceó al marco de Westerveld.
El Betis supo jugar a partir
de ahí con la precipitación del equipo de Denoueix. La disciplina defensiva del equipo
de Víctor -fundamental el trabajo de Ito y Arzu por delante de la zaga, así como el
sacrificio de Capi en la presión- no sólo traía consigo la seguridad para Contreras,
sino que ponía los cimientos de una salida en ataque que iba a resultar mortal muy
pronto, apenas transcurrido el primer cuarto de hora de juego y mediante una jugada de las
que los clásicos llamaban de tiralíneas. Intervinieron Arzu, Capi, Juanito y Joaquín,
que llegó al área con el balón pegado a la bota, quebró a un defensa y batió el
portal realista con un tiro con la izquierda.
Aunque el Betis, muy
agresivo en la disputa del balón, no dio a la Real muchas opciones para desbordar, los
locales ganaron terreno tras el cero-dos a base de empuje, de irse muy arriba, pero en muy
pocas ocasiones aparecía la clarividencia de Xabi Alonso en el pase y menos aún se
dejaban notar, por delante, Nihat y Kovacevic. Éste último, sin embargo, protagonizó en
el minuto 23 una jugada que bien pudo haber dado otro rumbo al partido. Recibió en
posición legal un magnífico centro de Xabi Alonso y superó con un remate raso al meta
Contreras, pero el árbitro anuló injustamente la jugada que podía haber metido a la
Real en la pelea.
A partir de ahí, con
excepciones como una buena intervención del meta bético ante Nihat, el equipo de Víctor
supo cerrar espacios para no dejarse sorprender. El partido, salvo vuelco improbable,
estaba más que sentenciado antes de llegar a su mitad, y no sólo por la claridad del
marcador, sino por la solvencia que mostraba el Betis y el cada vez más caótico juego
del equipo blanquiazul.
Pero por si aún quedaba
algún resquicio para la duda -partidos aún más claros se le han ido otras veces a este
equipo-, el Betis asestó un tercer golpe nada más comenzar la segunda parte, esta vez
con algo de fortuna. Capi peleó un balón dentro del área -increíble la pasividad de la
defensa realista- y una carambola que pasó por Dani y Westerveld dejó la pelota a los
pies del defensa Juanito, que, muy atento en la subida al ataque, no tuvo más que empujar
a la red.
La Real no dejó de atacar,
pero ya no sólo le faltaba acierto; ahora le faltaba también convicción. Los jugadores
blanquiazules dejaban ver a las claras su deseo de que el partido acabara cuanto antes,
circunstancia que aprovechó el Betis para lucirse. Y quien más se lució fue Joaquín,
que desplegó generosamente el muestrario de sus galopadas hasta culminar su gran partido
con el cuarto gol, logrado en una contra espectacular. Arzu le puso al de El Puerto un
magnífico balón con metros por delante y el extremo bético enfiló a Westerveld,
eludió su desesperada salida con un toque suave y volvió a recoger el balón para
mandarlo dentro y culminar la gran noche del Betis en Anoeta.
Quedaba mucho tiempo, pero
resultó tiempo de sobra. El Betis levantó el pie del acelerador, la Real sufrió la
expulsión por doble amarilla de Aramburu, precisamente después de una entrada a
Joaquín, y uno y otro equipo economizaron ya esfuerzos, los donostiarras pensando en
clasificarse el miércoles para los octavos de la Liga de Campeones y los béticos para
afrontar, desde la tranquilidad de una victoria que se antojaba muy necesaria, una
«vuelta a la normalidad» después de una racha de partidos sin ganar que duraba ya seis
jornadas. La inquietud estaba más que justificada, como también lo está la confianza en
un equipo que, por encima de la inspiración de sus figuras, también sabe comportarse
como eso, como un equipo. Y así sí es temible.
Ficha técnica
Real Sociedad:
Westerveld; López Rekarte, Schþrrer, Kvarme, Aranzabal; Xabi Alonso (Alkiza min. 62),
Aranburu, Karpin (De Paula min. 62), Gabilondo; Nihat (Boris, min. 72) y Kovacevic.
Betis:
Contreras; Mingo, Lembo, Rivas (Varela, min. 66), Juanito; Arzu (Cañas, min. 80), Ito,
Capi, Ismael, Joaquín; Dani (Tote, min. 59).
Goles: 0-1,
min. 4: Capi. 0-2, min.15: Joaquín. 0-3, min 49: Juanito. 0-4, min 58: Joaquín.
Árbitro:
González Vázquez (Galicia). Expulsó a Aranburu en el minuto 68 por doble amonestación.
Mostró tarjetas amarillas a Alkiza, Lembo, Ismael y Rivas. |
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