SEVILLA. Intolerable. Si a estas alturas los jugadores
del Betis, esos que son capaces de hilvanar un juego espectacular, de tocar con la
precisión, la velocidad y la brillantez de los elegidos, no tienen claro que el fútbol
también es concentración, también es agresividad, también es, en suma, actitud; si no
tienen claro que el rival más negado desde el punto de vista técnico puede quitarle la
cartera con sólo reunir esas virtudes relacionadas con el carácter, entonces el equipo
se merece un castigo tan cruel como el que sufrió anoche frente al Español en su estreno
de la temporada en Heliópolis. El cuadro de Víctor Fernández, sobrado en su
superioridad sobre el equipo barcelonés, puesta de manifiesto desde el primer minuto de
juego, hizo una primera parte prodigiosa, en la que cobró una ventaja de dos goles y
dibujó un fútbol muy cercano a la perfección. Pero a la vuelta del descanso no sólo no
regresó la brillantez, sino que se quedó en la caseta esa mínima tensión competitiva
que cabe exigirle a un equipo profesional cuando se está jugando los puntos. Carente de
esa indispensable condición, el Betis vio cómo los dos únicos tiros entre los tres
palos del Español, el último de ellos en el descuento, se traducían en un empate a dos
que, a la luz de la abismal diferencia entre los dos equipos, se antoja todavía
incomprensible.
Analizar el extraordinario fútbol del primer tiempo
bético no hace más que profundizar en la herida de lo que pasó en el segundo. Pero es
de justicia reconocer el juego espectacular que desplegó el Betis en esa primera fase. El
equipo logró el cumplimiento exacto del manual de toque, velocidad, apoyos y precisión
que pregona su entrenador pero que no siempre puede desplegarse con la facilidad de ayer.
En el primer tiempo redondo del Betis tuvo mucho que ver la debilidad del Español, un
equipo limitado en todas las facetas del juego y cuyo papel sobre el terreno de
Heliópolis no pasó del de mera comparsa del recital de equipo y de genio individual
-Assunçao, Joaquín, Fernando, Denilson...- que dieron los verdiblancos. La calidad del
Betis, su superioridad en todos los órdenes, fue imposible de aguantar más de media hora
por el equipo de Clemente, que a falta de futbolistas brillantes había llegado con un
cartel de aguerrido que tampoco justificó.
El Betis no dio tregua ni esperó un solo instante para
empequeñecer al rival a golpes de autoridad. A los dos minutos de juego ya había llegado
dos veces al fondo Denilson. Sólido en defensa, pese a algunos despistes de Lembo y
Varela que el Español era incapaz de aprovechar, el Betis jugaba con asombrosa fluidez de
Assunçao en adelante. Joaquín y Denilson hacían lo que querían por las bandas, pese a
que de la nutrida defensa españolista siempre salía alguno con el intento vano de tapar
sus incursiones. Pudieron marcar Palermo, Joaquín y Fernando antes de que, minuto 30, el
Betis acertase con la portería. El tanto llegó en un pase magistral de Assunçao a
Joaquín, que remató cruzado sin dejar caer el balón.
En plena borrachera de fútbol bético se produjo el
segundo gol, tan brillante o más que el primero. Pase interior medido de Joaquín sobre
Fernando, amago del malagueño delante del portero y balón en bandeja a Palermo
únicamente para empujar a portería.
Todavía antes de irse al descanso iba a desperdiciar el
Betis -se le fue alto el balón a Joaquín después de superar al meta Lemmens- una gran
ocasión para el tres-cero. Nadie, absolutamente nadie podía imaginar lo que la mandanga
bética del segundo tiempo iba a traer consigo.
En circunstancias normales, el absentismo con que el
Betis afrontó el resto del partido no debería haber traído tan funestas consecuencias,
porque no entra dentro de la lógica que el Español logre un «dos de dos» en sus
ocasiones mientras el Betis falla varias de tanta o más claridad para aumentar su
ventaja. No es lógico, pero el equipo de Víctor dio pie a que esta insólita
circunstancia se produjera.
Esta segunda parte transcurrió durante muchos minutos
sin que ninguno de los dos equipos aportara ritmo, con el tiempo pasando sin que el
partido diera ni tan sólo la impresión de que los veintidós futbolistas estaban
jugándose algo. Por lo menos hasta que el españolista Raúl Molina aprovechó un pase a
la espalda de Juanito para lograr el 2-1 de tiro cruzado, imposible para Contreras.
Con Alfonso en la cancha hubo algo más, sólo algo más
de ganas. Y el gol visitante había hecho ya que los de Clemente, aunque fuera a golpe de
balones bombeados y de posibles rechaces, se creyeran que todavía era posible sacar algo
de la visita al campo de un adversario muy superior. Llegaron los nervios en los de casa
al tiempo que el Español se iba arriba con lo poco, con lo único que tiene. La falta que
dio lugar, en el descuento, al cabezazo con que Lopo enmudeció Heliópolis ni siquiera
había existido. Y qué. El Betis tuvo ni más ni menos que lo que se mereció.
Ficha técnica
Real Betis: Contreras, Varela, Juanito,
Lembo, Luis Fernández; Arzu (Ito, m.80), Assuncao; Joaquín, Fernando, Denilson (Ismael,
m.62); Martín Palermo (Alfonso, m.69).
RCD Espanyol: Lemmens; Tayfun, Torricelli, Lopo, Jarque (Raúl Molina,
m.54), Wome; Maxi, Domoroud, Bastia; Bobson (Alex, m.49); Jordi Cruyff (David Garcia,
m.75).
Goles: 1-0: m.30, Joaquín. 2-0: 38,
Martín Palermo. 2-1: m.68, Raúl Molina. 2-2: m.93: Lopo.
Árbitro: González Vázquez (c.
gallego). Expulsó a Joaquín, por doble amonestación (m.53 y 93), además mostró
tarjeta amarilla a Bastia (m.12), Tayfun (m.23), Jarque (m.29), Lembo (m.33), Arzu (m.36),
Wome (m.53), Joaquin (m.53), Raúl Molina (m.80), Luis Fernandez (m.93)