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JORNADA 33

0-1: Otro cañonazo a la mediocridad

EDUARDO BARBA

Una nueva falta directa de Assunçao le dio al Betis los tres puntos de la tranquilidad, pues ponen al equipo con los deseados 43 puntos

MURCIA. Tras el Entierro de la Sardina del sábado, en Murcia se vivió otro funeral, éste sí triste, en la tarde de ayer: el de la efímera etapa en Primera de los de La Huerta, que certificaron de manera matemática su descenso y apenas opusieron resistencia a un Betis que disfrutó de su partido más cómodo desde hacía mucho tiempo y que pudo «celebrar» la consecución de su objetivo primario, marcado por el presidente, el de los 43 puntos que aseguran la permanencia en la categoría una campaña más. Es lo que pedía Manuel Ruiz de Lopera y su equipo, a falta de cinco jornadas, se lo ha dado como ha hecho todas las cosas en estos dos últimos años, sin brillo y con un fútbol que dista mucho de ser el que promulgaba su entrenador cuando desembarcó en el club en el verano de 2002.

La oportunidad para lograr tan ilustre meta la pintaban calva, ya que el enemigo era el más débil al que el Betis se podía enfrentar y así lo demostró de principio a fin del encuentro. Pero ni por esas se mostró arrollador el conjunto verdiblanco, que basó su victoria en La Condomina -que rompe una racha de ocho jornadas consecutivas sin saborear un triunfo- en otro golazo de Marcos Assunçao de falta directa y en agotar a su contrincante haciéndolo correr detrás del balón, que esta vez sí fue de los de Heliópolis. Con un oponente así y en tan agónica coyuntura, cualquiera...

El choque, con una alarmante falta de intensidad, resultó todo un bodrio del que prácticamente sólo se salva el magistral gol bético. Quizás el agotamiento de las tres jornadas de la semana pueda explicarlo en parte.


Poca cosa en juego

Que lo que había en juego era ya bien poco se dejó notar hasta en la alineación, en la que Víctor Fernández incluyó el factor sorpresa de la entrada de Fernando en la mediapunta, lugar que parecía destinado a Alfonso, al que el maño reservó de inicio para que sus piernas no tuvieran que soportar la carga de tres choques en una misma semana. El malagueño y Dani, por tanto, conformaron una delantera inédita esta campaña. No sólo renunció el técnico al getafense sino también al experimento anterior del llamado «trivote», al menos de partida: Assunçao fue finalmente -y afortunadamente por el tanto que consiguió- el acompañante de Benjamín por delante de la defensa, con Joaquín por la derecha e Ismael en el sitio habitual del descartado Denilson y frente al equipo que le sirvió de trampolín hacia la máxima categoría. Atrás, Juanito, recuperado de su lumbalgia, y Rivas actuaron como centrales, mientras que los laterales quedaron para Tais y Luis Fernández.

Si al partido en sí ya le faltaba el punto adecuado de tensión, el tempranero tanto verdiblanco acabó por destrozar cualquier atisbo intensidad de uno y otro lado. La relajación era palpable de arranque, especialmente del lado local, lo que propició numerosos acercamientos béticos. En el primero, a los cuatro minutos, falta al borde del área sobre Fernando y, como se intuía en la grada, otro soberbio golazo de Assunçao, cuyo misil fue dirigido esta vez al palo del portero, quien sólo pudo rozar el esférico y ver cómo se metía por la misma escuadra. El protocolo se cumplió a rajatabla, y asusta verdaderamente el porcentaje de acierto del brasileño a balón parado.

Hundido aún más e impreciso, el Murcia no ponía en apuros al Betis, que con una parsimonia inusual en Primera división controló sin quebraderos de cabeza el ritmo del choque y movió la pelota con soltura. Incluso dejó acercarse bastante a las inmediaciones de Toni Prats a los pimentoneros, que gozaron de alguna que otra ocasión generada casi siempre por Luis García, de lo poco salvable del grupo entrenado por John Benjamin Toshack.

Al menos hasta los 25 minutos se pudieron presenciar oportunidades (cabezazo de Fernando a centro de Joaquín desde la izquierda que detuvo en dos tiempos Juanmi; disparo alto de Richi desde fuera del área...), pero después la cosa decayó aún más, ya que el equipo levantino no encontraba la forma de conectar tres pases seguidos y el andaluz fue presa de la propia falta de presión. Así, las conexiones con Dani o Fernando resultaron cada vez más complicadas y la relativa fluidez por banda se perdió. La primera parte, con el Murcia muerto, se diluyó sin mayor nota de interés que un cabezazo ligeramente desviado de David Rivas a la salida de un córner sobre los 40 minutos de juego. Llegado el descanso se barruntaba el triunfo del Betis, por lo fácil que le estaba resultando controlar el partido, y el descenso matemático del Murcia.


El panorama no varió en absoluto tras el descanso, y a los ataques desesperados y romos de los locales oponían los béticos el simple toque de balón para controlar el «tempo» del envite y aburrir a su endeble rival (y al público, de paso). Pese a la superioridad y al aparente dominio, carecía el juego bético de profundidad, especialmente por las bandas, donde Joaquín, cansado, e Ismael jugaban más hacia atrás que mirando a la portería contraria. Sólo varios disparos alejados (uno en falta de Benjamín en el minuto 55 que detuvo Juanmi y otro de Fernando en el 65 algo desviado) inquietaron al arquero granate.

Víctor dio entonces entrada a Ito para que descansara Marcos Assunçao después de una semana de problemas físicos, introduciendo luego a Arzu por Fernando, con lo que regresó el dibujo de los tres volantes de semanas anteriores para el último cuarto de hora, con el capitán como hombre más retrasado de los tres. Esa modificación tampoco mejoró el alicaído y conformista juego de los albiverdes, como tampoco dio más mordiente atacante la entrada de Alfonso por Dani a falta de diez minutos.


El tiempo fue pasando y el «statu quo» parecía contentar a unos, tocados de muerte desde hace meses, y otros, que se llevaban los tres puntos, de modo que el tramo final del partido se convirtió en una auténtica pachanga en la que sólo alguna internada por la izquierda de Ismael, con ganas de demostrar cosas, resultaba digna de mención. El árbitro, el gallego Puentes Leira, hizo un favor a todos, aficionados incluidos, cuando pitó el final de un partido en el que los béticos, sin el mínimo lucimiento, hicieron valer su superioridad y obtuvieron su décima victoria del presente ejercicio sin alarde de ningún tipo. No está la temporada para eso, aunque al menos ya queda el consuelo de que no hay que mirar abajo porque en ese sentido la tarea está resuelta. En la calle Jabugo se congratulan del éxito.


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