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JORNADA 35
2-0: El Valencia, sin una sola fisura, devora a
un Betis inanimado
EDUARDO BARBA
Infinitamente superior, el Valencia aplastó al
Betis a base de presión y contragolpes letales. Los de Víctor casi dicen adiós al
sueño europeo con una pésima imagen en Mestalla
VALENCIA. El líder desnudó de sus falsas vestiduras al
Betis y volvió a demostrar que transformar a once atletas en once futbolistas ganadores
es más sencillo que convertir a otros tantos futbolistas técnicos, de buen «look» y
magníficas poses en un grupo resolutivo y ordenado, en un equipo a fin de cuentas. Esa
habitual confrontación de estilos (pragmatismo versus estilismo) se agudiza radicalmente,
no obstante, cuando el bloque que funciona es un Valencia lanzado hacia el título y el
que intenta entorpecer su camino es el conjunto verdiblanco, sin duda uno de los cuadros
más endebles mentalmente del Campeonato y con menos pegada del mismo. Ayer, por ejemplo,
un sólo tiro entre los tres palos. Y eso ante un enemigo de tal calibre... Estaba el
Valencia con el cuchillo entre los dientes para apuntillar el título y con la rabieta
añadida de las «amnistías» de Apelación, pero no tuvo ni que desplegar todo su
arsenal para desmontar el rústico tinglado bético. Se bastaron los de Rafa Benítez con
una buena presión en la zona ancha y un par de pisadas del acelerador para noquear al
débil contrario, que con la derrota de anoche prácticamente se despide de la meta
europea al quedar ahora los puestos UEFA a cinco puntos cuando quedan nueve por
disputarse. Para pelear por algo hay que creérselo antes.
Gustaba el empate
Ya olía mal el asunto cuando se hablaba tanto en los días
previos de las bondades del empate en feudo valenciano. Víctor Fernández no ocultó su
gusto por la igualada en este envite y se notaron sus intencionnes desde que se hizo
público el once. Se decidió finalmente, como se sospechaba horas atrás, que el dibujo
del once bético fuera distinto al de ocasiones precedentes y volvieran a jugar tres
volantes en la zona ancha. Ese trivote, que se diluyó hasta quedar en simple
juguete, fue formado en su vértice más adelantado por Arzu para realizar labores de
media punta (lo que nunca logró) junto a los extremos Joaquín y Denilson, que regresaba
a la titularidad tres jornadas después y que no aportó mayor novedad. Para cerrar el
triángulo, eso sí, no se decantó Víctor por el capitán, Ito -jugador de marcado
carácter defensivo con el que, teóricamente, deben contenerse mejor las acometidas del
potente centro del campo levantino-, sino que dispuso por delante de la retaguardia al
cañonero Assunçao apoyado por Benjamín, que se unía al propio Arzu cuando tocaba
acercarse al área de Cañizares, doble y laboriosa labor destinada al hombre más en
forma del equipo, de ahí el interés del club verdiblanco en que jugara el pucelano. En
la zaga, la nota llamativa volvió a estar en el flanco izquierdo, que quedó en esta
ocasión para Melli al ocupar Rivas, recuperado, el centro de esa defensa al lado de
Juanito para reforzar los antiaéreos vista la eficacia con el balón lejos del suelo de
Mista o Angulo. Y arriba, cual islote (querría el técnico verticalidad y explosividad
con el trianero), Dani, que con la variación de sistema dejó en el banquillo a Alfonso,
atacante sacrificado para intentar asfixiar con más medios al líder.
Y lo consiguió el conjunto albiverde durante la primera
media hora de encuentro, en la que supo maniatar a su enemigo con una sabia presión en la
zona ancha. Anulados los ataques por el interior de los locales, sólo las internadas de
Rufete y Vicente por los costados causaban algún quebredero de cabeza de índole menor.
El mayor peligro valencianista llegaba a balón parado en saques de esquina y faltas,
resueltas sin dilema. Eso sí, el talante ofensivo de los de Víctor era inexistente. El
trabajo se centraba en tapar al oponente y agotarlo, con lo que sólo una falta de
Assunçao, alejada y con disparo ligeramente desviado, asustó a la tribuna. Cabe recalcar
también una mano dentro de su área de Ayala en su pugna con Dani -desvió a córner- que
el árbitro no apreció, ya que de haberlo hecho tendría que haber indicado penalti
favorable a los visitantes. Demasiadas miradas críticas ayer para que el trencilla
tuviera tanta vista. O valor.
Pero conforme pasaban los minutos se notaba mejor que el
Betis estaba desperdiciando una magnífica ocasión de hacer daño al dueño de la Liga,
que andaba nervioso por lo mucho que se jugaba y no llegaba con claridad. A esa
precipitación local sólo oponía el cuadro de Heliópolis balones perdidos en el centro
del campo, desmarques inútiles y errores en la marca. Ante un oponente así, parecía
claro que los disgustos iban a llegar pronto dadas las facilidades. Y así fue. Pasada la
media hora, el aluvión blanco, basado en una presión ejercida con maestría por sus
mediocampistas, comenzó a afectar de lleno a la contención bética.
En el 34, Prats salvaba (otra vez) a su equipo del primer
tanto al desviar un golpeo de un solitario Mista (Rivas no tiró bien el fuera de juego)
con la izquierda. Acto seguido, en el minuto siguiente, acción similar y mismos
protagonistas: el meta balear repeliendo un golpeo en el segundo palo del delantero
murciano a centro de Curro Torres desde la banda. Pero la apisonadora se había puesto en
funcionamiento y sólo en otro minuto el frágil entramado defensivo verdiblanco se
rompía definitivamente en una pifia en el marcaje de Denilson, que dejó pasar a su
espalda a Curro Torres (el brasileño rompió el mismo orsay que solicitó manos arriba)
tras estupendo pase interior de Baraja; el lateral derecho, en franquía ante Prats, sólo
tuvo que golpear seco y poner por delante a su equipo, que se fue al descanso con media
Liga en el bolsillo sin demostrar brillantez pero sí resolución y contundencia. Hasta el
descanso, ineptitud bética con el balón en los pies, jolgorio en las gradas y un codazo
de Ayala en un salto con Melli que dejó al barbateño fuera de combate durante tres
minutos.
Se recuperó el defensa, pero luego se quedó en la caseta,
entrando por él Varela para ocupar ese lateral zurdo, como ante la Real. Casualidad o no,
lo cierto es que por ese carril, nada más reiniciarse el choque, llegó el segundo gol
che. En una contra rapidísima, Aimar -que había entrado por Angulo- se escapó casi
hasta la línea de fondo y centró atrás. Resultado: Baraja recibe sin oposición al
borde del área y dispara duro con la diestra al fondo de las redes de los béticos,
blandos como siempre pero más expuestos que nunca ante tan potente rival. El desbarajuste
era total y el Valencia, en plena juerga y con letales oleadas, está a punto de hacer el
tercero en el 52 gracias a un nuevo error en el marcaje de Varela, al que se le escapa
Curro Torres para cruzar un chut que lamió al palo derecho de Prats. Víctor intenta
entonces paliar el caos admitiendo un nuevo fracaso de su «trivote» y sacando del campo
al inoperante Denilson para dar entrada a Alfonso en busca de algo de mordiente. Benjamín
se escoró a la izquierda del ataque (lugar al que también se dejaba caer el propio
Alfonso) y Arzu retrasó entonces su posición (volvía el 4-2-3-1) para escoltar a
Assunçao, único argumento atacante con sus faltas, como
la del minuto 58, que se fue algo arriba. Como tampoco el experimento daba muchos
resultados, en el 67 se marchó del tapete Assunçao para que entrara Ismael, ocupando el
jiennense definitivamente la izquierda del ataque. Pero esos tímidos intentos arriba
tenían la cotraprestación de enormes errores atrás, especialmente por el sitio de
Varela, descolocado y muy precipitado al sacar la pelota.
Con Ismael, mejor
La entrada de Ismael hizo que el Betis lo intentara algo
más por el costado una entrada suya hasta la línea de fondo fue cortada al límite
del reglamento dentro del área sin que González Vázquez apreciara penalti, aunque
fue por el sitio de Joaquín, en una esporádica aparición del portuense, por donde
llegó el escaso peligro: una internada del internacional en el 74 con pase a Dani, que
dispara por bajo desviando ágilmente y a una mano Cañizares. Fue el único tiro entre
los tres palos en todo el partido de un Betis que volvió a sufrir muchísimo al final,
cuando pudo recibir varios tantos más en contras peligrosísimas (vaselina de Aimar, chut
desviado de Mista, tiro cruzado de Curro Torres...).
No se cebó el líder, con todo, y se limitó a disfrutar
con su público entregado de una victoria que les otorga media Liga y que logró
cómodamente por la sencilla razón de que delante tenía a un equipo que está a años
luz en todos los aspectos. Europa queda tan lejos como el club de Mestalla. Cruda
realidad.
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