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JORNADA 9

2-0: Así, la «Champions» sólo es una quimera

GERARDO TORRES

Pues ya no puede decir Víctor Fernández que ningún adversario fue claramente superior al Betis, porque el Osasuna, que no ocupa la cuarta plaza de la tabla clasificatoria por casualidad, fue mejor que el cuadro blanquiverde casi desde la caseta, ya que el planteamiento que el mexicano Aguirre presentó a sus jugadores en la pizarra de los vestuarios era sin duda ganador ante el estilo invariable de Víctor, que consiste, fundamentalmente, en atacar según el libre albedrío y el talento de sus mediapuntas. Poco más.

Y es innegable que el Betis tiene jugadores de una tremenda calidad, pero sólo con eso no se puede optar a los puestos nobles de la clasificación, a esas cuatro plazas que dan derecho a participar en la Liga de Campeones y que tan caras les resultan a los clubes verdaderamente grandes de nuestro Campeonato. La calidad le basta al Real Madrid, pero esa calidad es desorbitada e inalcanzable para la economía de los demás. Los otros equipos que pelean por tan altas metas basan su fortaleza en un entramado defensivo sin fisuras y en una extraordinaria intensidad en su juego, con un ataque desde luego determinante. Ahí están los casos del Valencia y del Dépor. Y el de la Real Sociedad de la pasada temporada. E incluso el del Celta, que roneó con la «Champions» en tiempos del valiente Víctor hasta casarse con ella de la mano del conservador Lotina. El cuarto puesto, en fin, es para los que suman calidad, orden, sacrificio y recursos tácticos. Para ellos y para el Real Madrid, claro.

El caso es que este Betis no da para tanto con los argumentos que está defendiendo en este arranque liguero. Que tiene jugadores de mucha clase es cierto. Es un hecho constatado que Joaquín, Denilson, Tote y Capi pueden desequilibrar un encuentro con un golpe de imaginación, y ya se ha comprobado que Assunçao es capaz de resolver una situación complicada con una falta directa. También se vio el año pasado, y seguro que volverá a verse esta temporada, que Fernando puede aparecer en cualquier momento por cualquier sitio y hacer goles decisivos e inverosímiles. Pero los buenos equipos también lo pasan mal en muchas ocasiones, y para eso también tienen que prepararse. Ahí flaquea el Betis. ¿Por qué? Porque su filosofía, que es la de Víctor, está coja en su planteamiento al ignorar al rival. Y hay que reconocerlo: el Betis no respeta a sus adversarios, los desmerece y hasta los trata con desdén. Cuando un entrenador recurre a esa expresión ganadora del «que se preocupen ellos de nosotros, que somos muy buenos», frase que, que por cierto, tiene mil versiones, lo que está haciendo realmente es un brindis al sol. No hay equipos invulnerables, así que estudiar al contrario sirve para descubrir sus debilidades. Si eso no se hace en el Betis y sí lo hacen los rivales con el conjunto bético, la partida de ajedrez se desequilibra y, como quedó escrito en otras crónicas, todo queda al albur de la fortuna.

Siempre juega igual

El componente de la improvisación en el juego del Betis tiene demasiado peso. La prueba es que siempre juega igual, sea cual sea el adversario y esté como esté el partido. Y esto quedó demostrado, una vez más, ayer mismo.

No puede jugar Denilson. Se cae de la lista Tais. No importa. La plantilla tiene alternativas, según el técnico. Entonces la solución es pasar a Capi a la banda izquierda y ubicar al joven Melli en el lateral derecho para que el equipo mantenga la misma forma sobre el campo. El problema es que al hacer estas cosas no se tiene en cuenta que las prestaciones de los futbolistas no son las mismas.

¿Qué hace el Osasuna? Pues lo que esperaría cualquier aficionado. Asfixiar en su estrecho campo al Betis, presionar con un orden inflexible en las permutaciones de los jugadores en sus puestos, chocar una y otra vez, tener siempre preparada la jugada de rechace, mantener en su poder el balón todo el tiempo posible y tocar con mucha rapidez. Desde el primer minuto. ¿Y qué hace el Betis? Correr. Correr y correr detrás de los contrarios, desubicarse constantemente, perder en cada choque y en cada rechace. Y atacar sin convicción porque el Osasuna tapa las vías para conectar con Joaquín y Tote, lo cual obliga a conducir el balón muchos metros y a ralentizar el juego ofensivo para poder pensar o esperar un desmarque. No hay chispa. Y tampoco reacción desde el banquillo.

Bakayoko se convierte en un estilete negro vestido de rojo en los primeros minutos. Hace enloquecer a Juanito y a Lembo y falla una ocasión clamorosa ante Contreras. Luego es Aloisi el que cruza demasiado su remate, y otra vez el africano lo intenta. Sucede todo esto antes de que los béticos se enteren de qué va la película. Arzu y Assunçao, que no forman buena pareja, se ven ante una situación desesperada porque esta gente juega con más rapidez que otros por su zona. ¿Dónde está Ito? Luego se despereza el Betis, aprovecha un bajón en la intensidad de la presión osasunista y crea ocasiones. Una de Fernando en un rechace a la salida de un córner, otra en un lanzamiento lejano de Tote, y una más en un disparo de Melli al saque de una falta. Pero gracias a una jugada elaborada no se ve más que una posibilidad de gol: balón largo y preciso de Assunçao a Tote, control excelente del madrileño con el pecho... y el defensa que se adelanta lo justo para evitar el remate del delantero ante Sanzol en el último metro.

Después de todo esto, el Betis llegó al descanso entero. Había aguantado bien la fuerza futbolística del Osasuna, rústica en lo técnico, trabajadísima en lo táctico, y guardaba intactas sus posibilidades de ganar. Pero el cántaro va otra vez a la fuente y se rompe. El ataque rojillo baila a los centrales béticos a los cinco minutos de la reanudación y Moha bate en la salida a Contreras. ¿Reacción? Ninguna. No hay más velocidad en el ataque bético y se siguen dejando espacios para la contra osasunista. Había salido al campo Ismael por un Fernando que apenas se vio en la primera mitad, pero el extremo, que iba a ser el relevo o la competencia de Denilson -y que ayer no lo fue porque la plaza del brasileño la ocupó Capi-, tampoco aporta profundidad. Sale entonces Palermo, vuelve Martín el día que menos pintaba la situación para su juego. Nada. Y encima sustituye a Melli, cuyo sitio en el lateral lo cubre un Arzu con el que alguien ha confundido elegancia con polivalencia. El nazareno sufre en defensa -porque siempre, siempre, a ver si queda claro, fue un atacante-, y por ahí entra el Osasuna hasta hacer el segundo. Pase desde la banda al área, toque para bajarla y Muñoz que remata en las narices de Contreras con los centrales mirando. Partido sentenciado.

El talento bético da para un par de acercamientos, para una filigrana de Tote que no termina en gol porque los defensas del Osasuna son jabatos. Y con el quiero y no puedo, final. El cuarto puesto exige más. El rival se preocupó tanto del Betis que le cogió las vueltas. «No somos tan buenos», tendrá que decir quien apuesta por el «que se preocupen ellos».


Ficha técnica

Osasuna: Sanzol; Izquierdo, Cruchaga, Mateo, Antonio López; Rivero (Muñoz, m. 67), Puñal, Alfredo, Moha (Pinheiro, m. 89); Bakayoko (Palacios, m. 77) y Aloisi.

Betis: Contreras; Melli (Palermo, m. 61), Lembo, Juanito, Luis Fernández; Assuncao, Arzu; Joaquín, Fernando (Ismael, m. 46), Capi; y Tote (Dani, m. 79).

Árbitro: Pérez Lasa, del Comité Vasco. Amonestó a los locales Mateo y Puñal y a los visitantes Capi y Arzu.

Goles: 1-0, m. 50: Moha. 2-0, m.82: Muñoz.


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