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JORNADA 32

0-2: Ni lesiones ni entorno ni gaitas: qué desastre

Hablar de UEFA, una broma de mal gusto tras el vergonzoso partido del Betis, que permitió pasearse al Mallorca sin oponerle ni fútbol ni carácter

JOSÉ MARÍA IGEÑO

SEVILLA. Una mala tarde de fútbol la tiene cualquiera, pero arrastrarse por el campo y dejar por los suelos la imagen de un club es otra cosa y tiene muy difícil disculpa. Que un equipo al borde del descenso venga a tu campo y te gane con claridad es algo que puede encajar en un juego con múltiples factores imprevisibles y una importante carga de azar; que se pasee delante de tus narices y no seas capaz de oponerle no ya fútbol, sino un mínimo de carácter, de amor propio cuando ves que te da veinte pases seguidos mientras miras moverse la pelota, eso ya no se puede despachar con los pretextos al uso. Es motivo de sobra para dar un puñetazo encima de la mesa, ahora que visto lo visto no queda objetivo que poner en peligro, y exigir responsabilidades a los que juegan y al que los entrena, especialista por cierto en el despliegue de atenuantes cuando su equipo no da la talla.


Excusas, excusas, excusas

La cadena de lesiones del año pasado, ciertamente brutal, sirvió en bandeja a Víctor Fernández la excusa para una campaña decepcionante. Últimamente era ya un «entorno negativo» lo que impedía que el Betis desarrollara el potencial que Víctor predijo cuando llegó anunciando que había equipo para codearse con los grandes. Y ante el partido de ayer aparecieron de nuevo algunas lesiones, minimizadas a la hora de autos por la recuperación de Assunçao. Es verdad que hubo que improvisar un lateral zurdo -el elegido, Melli, ni es zurdo ni es lateral-, pero el resto del «once» sumaba centenares de partidos en Primera y cuenta con muchas y seguramente merecidas cifras en sus fichas anuales. Además, enfrente no estaba lo que se dice un aspirante a la Champions. El Mallorca llegó a Heliópolis al borde de la zona de descenso y asfixiado por la posibilidad de cualquier reacción del Español o el Celta.Por si fuera poco, y exceptuando precisamente al equipo de Vigo, el conjunto que entrena Luis Aragonés es el más goleado de toda la tabla.

Venta de humo al descubierto

De modo que era un partido para ganar, aun que después el juego, lógicamente, pudiera deparar cualquier cosa. Era una oportunidad para acometer una ilusionante semana, con dos partidos más, que podía poner al equipo verdiblanco en la órbita europea. Al menos eso se vendió desde dentro una vez que el Betis logró salir con un punto de Riazor. Pero los noventa minutos de ayer pusieron al descubierto que la venta había sido de humo, un producto que cuenta con demasiados agentes comerciales en el fútbol sevillano y al que nunca, por extraño que parezca, le falta comprador.

Fue el propio Betis, con su falta de recursos y su negativa actitud, el que enseñó al Mallorca el camino del triunfo más fácil que podían soñar Luis y sus futbolistas. Los baleares empezaron metidos atrás y confiando a la velocidad de sus puntas -Perera y Eto'o amargaron la tarde a la lentísima defensa verdiblanca- cualquier posibilidad de llevarse el partido. Y con eso les sobró.


El centro del campo bético -con tres en el eje, al modo de Riazor- no produjo más fútbol que el que ofreció Benjamín con tres o cuatro cambios de orientación y un pase por dentro a Joaquín. En las bandas casi todo fue ruinoso, particularmente en el caso de un Denilson que llegó a verse desbordado en carrera por el semirretirado Finidi. Alfonso se mató a correr para nada y nadie le acompañó las dos veces que se fue de Lussenhoff. Y la defensa fue de chiste. Rivas y Lembo fueron presa fácil para Eto'o y Perera, que les enseñaron la matrícula cada vez que les vino en gana. Y Varela fue culpable directo -aunque no el único- en los dos goles. El primero en una contra por su banda que condujo Perera y culminó Eto'o. Y el segundo en un regalo de balón que el mediapunta del equipo balear aprovechó para partirle la cintura a Rivas, encarar a Prats y superarlo con un toque elevado de mucha calidad.

Parecía imposible, pero el Betis logró ir a peor. Víctor cambió el «trivote» -el ritmo de Assunçao es mínimo- por un cuatro-cuatro-dos más ofensivo y terminó con tres arriba. Nada. Ni pase, ni desmarques, ni colocación para los rechaces, ni un mínimo de intensidad. De remate, por supuesto, ni hablar. Uno desviado de Fernando, para ser exactos. La grada explotó como cabía esperar, llena de rabia y de impotencia al ver que el equipo adversario se permitía tocar de lado a lado del campo, a lo ancho y a lo largo, sin que los jugadores de verde y blanco vieran la pelota. Los amargos «oles» que el beticismo dedicó al Mallorca debieron resonar de forma ominosa y sonrojante en los oídos de los profesionales, los que estaban representando al club en la yerba y en el banquillo. ¿O ni siquiera eso?


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