El menor mantenimiento del coche eléctrico puede destruir hasta 30.000 empleos en los talleres

El gasto de reparar y conservar un eléctrico en diez años es de apenas 489 euros, frente a los 3.429 euros de un coche de combustión

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La electrificación, la digitalización de los servicios ligados al coche y el incremento de la tecnología de los vehículos son retos que no afectan solo a los fabricantes. También inciden en la distribución de automóviles y en los talleres de reparación, donde están en riesgo miles de puestos de trabajo si no logran adaptarse a los nuevos escenarios.

Solo en los centros de reparación podrían verse amenazados entre 20.000 y 30.000 puestos de trabajo directos, según cálculos de la consultora Solera, con 35.000 de 45.000 negocios en riesgo. Así lo detalla en su informe «La descarbonización de la posventa», presentado en el XXVIII congreso de la federación de concesionarios Faconauto.

«El que no se digitalice tendrá que cerrar», asegura, contundente, José Luis Gata, responsable de posventa de Solera, que recuerda que el coche actual «es en un 80% tecnología». Por ello prevé que el taller de mañana «ofrecerá unos servicios más encaminados a la actualización del software». Una estrategia con la que tendrá que suplir el desplome del 60% en la facturación por mantenimientos, ya que el coche eléctrico tiene 25 elementos menos de desgaste que el de combustión. También el retroceso en los trabajos de chapa y pintura, ante la reducción del número de siniestros gracias a las ayudas tecnológicas ADAS, como la frenada automática.

Entre las piezas que integran los coches de combustión y no los eléctricos, están elementos clave como el aceite y sus filtros, la correa de distribución, las bujías o inyectores o los escapes. Todos ellos suman, de media, unos 15.000 euros, y su reemplazo y mantenimiento, solo en mano de obra obligan a gastar 3.429 euros al cabo de diez años.

Por contra, el principal elemento de desgaste de los coches eléctricos es su batería. Con un coste medio de unos 11.000 euros (y modelos en los que supera los 20.000) se reemplaza de media cada diez años. Unas métricas que hacen que el gasto en mano de obra en este tipo de vehículos sea un 86% inferior que en los de combustión, con solo 489 euros cada diez años.

Todo ello hace preveer al experto que puedan surgir nuevos negocios, «como autocentros de cambio de baterías, al igual que ya existen hoy en autocentros de neumáticos y de mecánica rápida».

Aún así, Solera no cree que los talleres deban afrontar el futuro con temor, ya que tildan el final del coche de combustión más como un «desiderátum» que como una realidad. «Solo dos de cada diez hogares en España tienen una renta de más de 2.500 euros mensuales, que son los que permitirían pagar un coche de estas características, que por su precio es un producto Premium».

En este sentido la consultora ve como más probable una transición inmediata del diésel a la gasolina, que de hecho ya lleva meses produciéndose. Mientras tanto, continuará el progresivo envejecimiento del parque, al tiempo que aumenta la venta de coches usados.