Amaxofobia: cómo superar un trauma que sufre más del 28% de los conductores

No todas las personas que tienen miedo a conducir han sufrido necesariamente un accidente de tráfico, también presentan cuadros de ansiedad, claustrofobia, agorafobia...

ABC MOTOR
MadridActualizado:

Todos conocemos a alguien que, pese a haber obtenido el carné de conducir e incluso tener coche, no son capaces de ponerse detrás del volante. Es la «amaxofobia», o el miedo a conducir un vehículo resultado de un proceso traumático, un problema que según un estudio de la Fundación CEA sufren más del 28% de los conductores. Puede deberse a factores como haber sufrido un accidente, la participación de seres queridos o conocidos en algún tipo de percande en la carretera o a cualquier tipo de recuerdo doloroso relacionado con la conducción.

Aunque no siempre se debe «haber sufrido un accidente para desarrollar el problema», detalla el psicólogo especialista en Amaxofobia, Ignacio Calvo. «Para la mayoría de las personas que lo padecen, suele comenzar experimentando sensaciones de mucha ansiedad e incluso pánico en determinadas circunstancias en las que no pueden escapar fácilmente como ocurre a velocidades superiores a 100 km/hora y entornos como las autovias», añade.

Por lo tanto, el cerebro asocia que el problema viene dado por conducir en ese tipo de circunstancias, aunque el motivo suele ser una acumulación de estrés «con la consiguiente incapacidad para regular la ansiedad que al no poder hacerlo mientras se conduce la persona tiende a rechazar el afrontamiento anticipando catástrofes al conducir así», analiza.

Calvo menciona también que la persona que padece «amaxofobia» manifiesta taquicardias, sudoración, rigidez muscular y sensación de mareo, entre otros. Asimismo, también pueden convivir con muchos pensamientos catastrofistas anticipatorios que les incapacitan para sentirse capaces de conducir como lo hacían anteriormente. «Ello afecta a su autoestima y restringe su libertad de movimientos», enumera.

En ocasiones, puede ser tal la angustia que genera ponerse delante de un volante, que hay personas afectadas por «amaxofobia» que «evitan conducir a toda costa». Son los casos más extremos. Otras veces esta patología se debe a situaciones concretas, como miedo a quedarse en una cuesta o conducir con lluvia o niebla, entre otras. Así lo detallan desde la Academia del transportista.

Es más, según Rafael Soto, Responsable de Formación de Academia del Transportista y experto en Seguridad Vial, Logística y Transporte: «el miedo a conducir es tan poco recomendable para el que lo padece como para quienes comparten carretera con el afectado. La amaxofobia puede y debe tratarse en beneficio de todos».

Por lo tanto, a nivel psicológico, las estrategias que se trabajan tratan de abordar los tres sistemas de respuesta en donde se manifiesta la ansiedad: fisiológico, cognitivo y motor. Se trabaja con técnicas de relajación y meditación para rebajar la sintomatología y fortalecer la atención adecuada mientras se conduce.

También se trabajan los pensamientos reconociendo aquellos irracionales que aparecen con el problema para luego «aprender a relacionarse con esos pensamientos de forma diferente, utilizándose técnicas como las autoinstrucciones». Y, por último, cada persona ha de planificar un «abordaje gradual» hacia su problema con la intención de ir superando su miedo progresivamente.