Frank «Curro» Stephenson: el mago «malagueño» del diseño que trabaja en el taxi volador del futuro

Padre de míticos modelos como el nuevo Mini, el Fiat 500 y superdeportivos como el Ferrari 530 y el McLaren P1, el diseñador, a sus 58 años, se ha involucrado en su proyecto más ambicioso

MadridActualizado:

Es el diseñador más reputado de la industria del automóvil. Padre de míticos modelos como el BMW X5, el nuevo Mini o el Fiat 500, además de superdeportivos de reconocidas marcas como Ferrari, Maserati y McLaren. Frank Stephenson, «Curro» para los amigos, de padre noruego y madre malagueña, nació en Casablanca (Marruecos) en 1959. «Me siento más español que nada ya que la gran parte de mi niñez la pasé en Málaga. Me siento muy identificado con la música, el arte, los coches... A pesar de vivir en otros países gran parte de mi vida, me atrae la tierra y me gusta volver, algo que hago bastante a menudo para ver a mi familia». Stephenson explica a ABC durante una entrevista cómo comenzó su atracción por los coches, o más bien por su diseño.

Aunque pudo ser el destino. Con tan solo diez años, comenzó a trabajar en el concesionario de coches que regentaba su padre en Málaga y a hacer sus primeros pinitos en el taller de Chapa y Pintura de su tío. De hecho, debe mucho a sus raíces: «Tras varios veranos rodeado de coches, mi afición por ellos fue creciendo y mi pasión por los colores, por cambiar sus formas y demás», detalla. Lo que «Curro» todavía no sabía es que su afición se podía convertir en una actividad profesional. «Y así fue cuando lo dejé todo, mi familia, el Campeonato de España de Motocross en el que había corrido tantos años» y se trasladó a Pasadena (California) a graduarse en el Art Center College of Design, en 1982.

El diseñador asegura que lo que hace «más reconocible a un profesional del diseño o lo que le da su carácter son sus ideas. Y las mías parten de la naturaleza», indica. «Son diseños que duran en el tiempo. La mayoría se fija en el momento, en lo que es “trendy” ese año, pero al siguiente ya está viejo; sin embargo, yo prefiero optar por la naturaleza, la cual te ofrece la inspiración de crear productos más duraderos en el tiempo, que solo cambian cuando viene algo mejor», añade.

Y qué mejores ejemplos de diseños que perduran, como el Fiat 500 o la nueva generación del Mini. Para él, en el año 2006, el 500 «fue un gran reto». «Solo tenía diez meses para diseñar un coche que consiguiera salvar a la marca italiana de la bancarrota, una acción casi imposible. De hecho, tuve la suerte de dar con una idea –coger un Fiat Panda, mantener la base y cambiarle la carrocería y el estilo– que funcionó», explica. Y así fue como Stephenson convirtió a este vehículo en el coche de moda entre la juventud y los que vivieron la época del histórico 600. No obstante, ese no fue el mayor reto de su carrera profesional. «Crear el Mini para el siglo XXI tuvo un impacto enorme: un coche pequeño que fue capaz de atraer a toda clase de personas, que aunaba potencia, calidad y diversión, y que ha conseguido ser una marca muy fuerte en el portfolio de BMW», asegura.

Es más, con este modelo, se demuestra que el diseño es una «parte clave en una marca». Stephenson detalla que, la mayoría de las veces, «primero se ve la ingeniería y la calidad y luego el diseño, pero con la nueva generación del Mini, se demostró que los consumidores se fijaban en él por la estética y, si te interesaba, ya luego buscabas las características». Una característica que también primaba en su día a día cuando pasó a formar parte del equipo de Ferrari, Maserati y McLaren, tres marcas que consiguieron que el nombre de Frank Stephenson fuera reconocido en cualquier lugar del mundo.

De ahí salieron joyas como el Ferrari 430 o 530, el Maserati Mc12 o GT, además del buque insignia de McLaren, el P1 –un auténtico superdeportivo de 900 CV capaz de acelerar de 0 a 100 kilómetros en 2,8 segundos–, entre otros. Para él, «el trabajo de un diseñador no es más o menos difícil cuando estás con un coche u otro, lo importante es conseguir el éxito deseado con ese modelo, una tarea que no es fácil. Y siempre se debe respetar los valores de cada compañía».

A la conquista del cielo

En la actualidad, a sus 58 años, el diseñador se ha involucrado en un ambicioso proyecto: diseñar los taxis voladores del futuro. «Cuando ya lo has vivido todo en el automovilismo, comienzas a pensar en nuevas metas, en montañas más altas, aunque no es fácil llegar al Everest. Y fue cuando me contactaron de la casa Lilium, en Múnich, para trabajar en el diseño de sus aeronaves», relata el diseñador. Esta compañía ha creado un «jet» de despegue y aterrizaje completamente eléctrico, un taxi aéreo autónomo para hasta cinco personas que alcanza los 300 km/h, «disponibles para todos y tan asequibles como conducir un vehículo», aseguran desde la compañía.

Una oportunidad para la que Stephenson no se lo pensó dos veces. «Todos sabemos que es lo que va a llegar, es el futuro, y aunque me parezca de película ya es una realidad que estoy viendo y formar parte de su creación es algo espectacular», manifiesta. «Y costará menos que un taxi. Cuando te apetezca tener una reunión, por ejemplo, en Segovia, podrás coger este helicóptero y en pocos minutos estar en una comida y volver a tiempo a la oficina», concluye.