Sé lo que es jugar al fútbol en campos de barbecho y entre olivos. En su restaurante El Bohío -estrella Michelín- utiliza «el zumo de la aceituna cornicabra»
Sé lo que es jugar al fútbol en campos de barbecho y entre olivos. En su restaurante El Bohío -estrella Michelín- utiliza «el zumo de la aceituna cornicabra» - ANA PÉREZ

Pepe Rodríguez: «Cocinar nos humaniza y une a la familia en torno a los fogones»

El veterano cocinero de Masterchef se ha dado cuenta de que el programa de TVE ayuda a que la gente se cuide y utilice productos naturales

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Para Pepe Rodríguez Rey, vivir en medio de la naturaleza es algo habitual desde su infancia. Tanto que casi no repara en ello, salvo que le falte. «Me he criado en plena naturaleza, no tengo que salir el fin de semana a buscarla. Sé lo que es jugar al fútbol en campos de barbecho y corretear por el monte de crío». De aquella época recuerda en especial «la sensación de libertad y tranquilidad» asociada a sus paseos campestres, que hoy se ven reducidos más de lo que le gustaría a causa de sus muchos quehaceres culinarios y televisivos. Nació en Madrid, pero a los tres años se trasladó a Illescas. Entonces, desde la plaza del pueblo se divisaba el campo, y los partidos de fútbol infantiles se disputaban en la primera línea de olivos, hoy desaparecidos, explica.

«Me encanta la naturaleza y lo que más me gusta es andar, es la mejor manera de disfrutarla. Me parece también de lo más sensato a mi edad», dice medio en broma medio en serio Pepe Rodríguez, en una mañana de sábado en el parque de Manuel de Vega, en Illescas. Ha elegido este lugar porque es «la zona verde más representativa de Illescas». Con sus 37.000 metros cuadrados, este pequeño triángulo vegetal resiste a la presión del ladrillo, atrincherado entre el asfalto de las calles San Pedro, Camino Ugena y Río Alberche. En su interior, como no podía ser de otra manera, el olivo tiene su sitio, porque en estas tierras castellano manchegas «es el árbol más importante», destaca Pepe. El olivo, u oliva como llaman aquí, (Olea europea), que no suele sobrepasar los quince metros de altura pero puede llegar a milenario, es el representante por excelencia de la cultura mediterránea, que regala años de vida a aquellos sabios que aún siguen ese saludable estilo de vida.

Pepe habla del aceite, «el zumo de la aceituna cornicabra», autóctona de Toledo, con su forma picuda y su maduro color morado característicos, que, cómo no, él utiliza en la cocina de El Bohío, el restaurante que regenta con su hermano Diego. «Es un mesón que lleva en funcionamiento desde el año 36, antes de la guerra civil. Nosotros somos la tercera generación».

Sin embargo, su fidelidad a esta aceituna autóctona es relativa y aclara «sin pudor» que utiliza cualquier otra variedad de aceite. «Lo importante es que sea virgen extra». Y es que, dice, se ha criado entre olivos. Aunque algunas de ellas, como las que eran testigo de sus partidos de fútbol infantiles, ya no están, porque el ladrillo les ha ganado el terreno. Ahora ocupa su lugar una línea de chalets adosados. Aún así los otros olivos, los de la segunda línea, aún siguen resistiendo, destaca.

Tradiciones renovadas

En El Bohío, que tiene una bien merecida estrella Michelín, gustan de transformar los platos tradicionales, como el cocido, en versiones modernas, para lograr una cocina de vanguardia aunque «apegada al producto y a los sabores de la tierra». Y es que, asegura Pepe, esa es «una forma magnífica de enseñar a la gente que este plato tradicional no se ha perdido. Recuerdo llevarme la pringada del cocido al colegio. Me lo ponía mi madre en pan: el chorizo, el tocino, la carne. Era un manjar». Ahora procura que sus hijos puedan disfrutar también de estos platos tradicionales.

Y esa afición por enseñar a las generaciones más jóvenes el valor de la cocina tradicional es precisamente, en su opinión, uno de los logros de programas como Masterchef, que inicia ya su segunda temporada. Pero antes veremos a los más pequeños, de ocho a doce años, lidiar con los fogones: «Hay que ver cómo cocinan, su afición, su gusto y ganas. Han aprendido de sus padres, de sus abuelas....». La mecánica es la misma en esta versión junior: «los niños tienen un estrés que no te imaginas. Es bonito verlos picar y cortar y venían con sus cuchillos de casa». Eso sí, los pequeños, al parecer, «se toman mejor las críticas. Tienen su ego y quieren ganar, pero lo admiten con más naturalidad, para ellos es un juego».

No cree que el objetivo del programa sea crear una cantera de cocineros: «Me he dado cuenta con el Masterchef de mayores de que este programa sirve para que la gente se anime a cocinar, se cuide, utilice productos naturales. Cocinar es un valor que nos humaniza y une a toda la familia en torno a los fogones. Con eso me doy por satisfecho. Muchas personas que ven el programa dicen que ahora no comen igual y que emplatan de otra manera. Te cuentan que dedican un día a cocinar, en el fin de semana, para hacer, por ejemplo, un cocido».

No le gusta la caza, salvo para utilizarla en su cocina: «No me gusta la escopeta, me parece demasiado fácil, aunque lo respeto», pero «de pequeño iba mucho a ver cazar con galgos, porque un camarero del restaurante los criaba. Me parece algo más natural, una lucha de poder a poder. Y no te imaginas qué forma de conocer la naturaleza es esa, porque te recorres todo Illescas un domingo por la mañana. Eso sí que es hacer deporte», comenta. Cada vez tiene menos tiempo para estas aficiones relacionadas con la naturaleza, asegura, «pero me gustaría llevar a mis hijos a que lo vieran».

De momento, se conforma con dar largos paseos cuando sus muchas actividades se lo permiten: «Es la mejor manera de relajarte, de quitarte toda la tensión y el estrés. Te permite respirar aire puro y ver profundidad, ver fondo, y, sobre todo, no llevar prisa. Puedes ir pensando en tus cosas de una manera más reposada, como no lo haces en casa. Te permite desconectar de todo. Salgo a pasear sin más, no voy buscando el primer espárrago. Tampoco setas, porque, aunque las distingo, me da miedo coger alguna que no sea la buena, y por eso prefiero comprarlas y disfrutarlas», explica. Tampoco recolecta hierbas aromáticas para utilizar en la cocina: «Me gusta verlas y tocarlas, pero no me las llevo a no ser que se trate de tomillo o romero. Aunque hay de todo, también hinojo, pero intento no cogerlo, prefiero que me lo traigan».

Si tuviera que recomendar un plato natural no duda en destacar el pisto manchego. Una combinación aparentemente sencilla de pimiento rojo y verde, berenjena, calabacín y tomate, pero que resulta «de lo más natural y gustosa» y que define como «memorable». Un manjar unido también a recuerdos de su infancia, cuando el domingo de Ramos, como es tradición en Illescas, iba con su familia a comer al arroyo Vedado, con la tortilla de patata y, cómo no, con el pisto.

Sin caminos trazados

Aunque le gusta ir al mar, prefiere la montaña, pero reconoce que no le gusta subir muy alto. Destaca la sierra que rodea El Escorial, por ejemplo. Le gusta internarse en el monte aunque no haya caminos trazados, prefire dejarse llevar. Tampoco tiene una ruta especial que le guste seguir. Lo que le importa es alejarse del mundanal ruido, asegura. Y la mejor época para hacerlo es el otoño, cuando aún no hace mucho frío, y la primavera, para no tener que llevar mucha ropa y poder andar cómodamente.

Donde sí tendrá que abrigarse en unos días será en las tradicionales campanadas de Nochevieja desde la puerta del sol. Este año las dará en la Primera, junto con Anne Igartiburu y Jordi Cruz, su compañero en Masterchef. «Es el momento culmen del año. Una vez que te metes en la tele y haces un programa como Masterchef te parece lo máximo. Pero la guinda de un año tan bonito como éste serán las campanadas, en un momento en el que todos están pendientes de la televisión».