El vacío legal que existe sobre el uso de drones para la investigación de la vida silvestre
El vacío legal que existe sobre el uso de drones para la investigación de la vida silvestre - UNIVERSIDAD DE ADELAIDA

El uso de drones para la investigación de la vida silvestre: sus efectos y las lagunas legales

Aún existen pocos estudios acerca del impacto de estos vehículos aéreos no tripulados sobre el bienestar animal

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La osa arriesgó su vida y la de su cría para dar esquinazo a un dron que seguía su pista desde el aire tomando un camino más peligroso de lo habitual. El vehículo no tripulado asustó a la hembra y esta se precipitó trazando «la ruta de huida». Así opinan, al menos, la mayoría de expertos en vida silvestre que se han manifestado en Twitter tras ver el vídeo que ha compartido en dicha red social una popular presentadora de televisión canadiense.

En el clip se observa cómo el osezno intenta remontar una y otra vez, durante casi tres angustiosos minutos, una empinada ladera nevada. Desde la cima, su madre contempla impotente los ímprobos esfuerzos de su cachorro. De hecho, ella misma, momentos antes, también parece haber encontrado dificultades a la hora de trepar por la montaña.

Cuando el reencuentro está a punto de producirse, el operador del dron decide acercar el aparato aún más a la pareja. En ese instante, el pequeño cae de nuevo, deslizándose con rapidez muchos metros. Se halla, si cabe, cada vez más alejado de su progenitora. Sin embargo, no ceja en su empeño de reunirse con ella. Y lo consigue. Un final feliz que, ahora sí, se intuye ha sido filmado desde una distancia superior a la que con anterioridad había inquietado a la osa y desestabilizado a su cría.

El latido del corazón de un oso aumenta de forma considerable cuando detecta la presencia de un dron. Esto se sabe desde 2015, fruto de una investigación liderada por la Universidad de Minnesota (Estados Unidos), que estudió el efecto que los vehículos aéreos no tripulados ejercían sobre cuatro ejemplares de la especie. «El latido de uno de ellos se incrementó, en un momento dado, un 400%. De, aproximadamente, 41 latidos por minuto pasó a más de 160», aseguraba el autor principal.

Recomiendan el desarrollo de protocolos específicos para cada especie a fin de reducir la posible perturbación de los drones sobre la vida silvestre

Otro animal al que perturba en extremo la presencia de los drones es el elefante. Lo documentaron investigadores de la Universidad de Duke (Estados Unidos) en Gabón en 2016, cuando su idea de rastrear a un grupo mediante tres de estos sistemas fracasó. Los elefantes temen a las abejas y el sonido que emiten los drones les recuerda su zumbido. «En muchos casos, se les notaba claramente agitados. Algunos de ellos salieron corriendo. Y una hembra que iba acompañada de su cría se valió, incluso, de su trompa para arrojar barro en dirección a la supuesta abeja», relataba la directora del laboratorio de robótica de la citada institución.

Los niveles de ruido producidos por los vehículos aéreos no tripulados se encuadran dentro del rango conocido, en determinados mamíferos marinos, como «causante de perturbaciones». Es el caso de las nutrias y de las focas. En cambio, las denominadas «observaciones oportunistas» de ballenas, cetáceos y sirenios a partir de drones, aún cuando estos les sobrevuelan a menos de 10 metros, no originan fuertes respuestas en su etología. Algo que sí ocurre cuando se trata de aeronaves y helicópteros convencionales, afirman desde la Universidad de Murdoch (Australia).

Ballenas jorobadas
Ballenas jorobadas - ABC

La Universidad de Montpellier (Francia), por su parte, demostró hace tres años que un tipo específico de cuadricóptero podría volar a cuatro metros de las aves sin modificar visiblemente su comportamiento. También comprobaron el impacto poco significativo que les provocaban la velocidad de aproximación de tales dispositivos, su color o las repetidas interacciones. A las tres especies de aves acuáticas analizadas, no obstante, sí les afectaba el diferente ángulo de aproximación elegido por el piloto. «Para adoptar un enfoque de precaución, recomendamos lanzar drones a más de 100 metros de las aves y no acercarse a ellas verticalmente», advertían los autores, preocupados porque «las normas de tráfico aéreo controlan estrictamente su uso civil, pero no existen pautas éticas con respecto a sus posibles efectos sobre el bienestar animal debido a la escasez de investigaciones que lo evalúan en la actualidad».

Comprender y administrar la biodiversidad

«Aunque un animal no parezca estar perturbado, podría estar muy estresado; por ejemplo, un ave puede optar por permanecer cerca de un vehículo aéreo no tripulado incluso cuando está alterado porque está incubando un huevo o protegiendo a sus pollos», reconocía la Universidad de Adelaida (Australia) en 2016, cuando propuso, precisamente, un código de buenas prácticas donde «adoptar un principio de precaución antes de comenzar las pruebas con drones en el medio natural» constituye el primer mandamiento.

Las reacciones de los animales varían dependiendo de múltiples factores, como la especie, el contexto ambiental e histórico o el tipo de dron y su manejo. Por ello, los expertos animan al desarrollo de protocolos específicos para cada taxón, dado que los robots, los cuales hoy suponen herramientas marginales dentro del estudio ecológico, contribuirán en el futuro próximo a mejorar la comprensión, administración y conservación de la biodiversidad del planeta.

Rinoceronte indio
Rinoceronte indio- ABC

En el Parque Nacional de Kaziranga (India), hogar de la mayor población de rinocerontes de un solo cuerno que existe (2.413 ejemplares, según el censo de 2018), están encantados con la reciente llegada de tres drones. Llevaban cinco años esperándolos y se sumarán a los tres de que ya disponen los gestores del espacio para combatir el furtivismo. Con el añadido de que estos últimos gozan de una mayor autonomía (2 horas frente a los 15 minutos de los otros), lo que permitirá a los agentes forestales cubrir una superficie mayor y ayudar, cuando corresponda, a los rinocerontes que hayan salido de los límites del parque a regresar a la seguridad del mismo.