Jóvenes de Sevilla en un concurso, «Tras la huella de Magallanes»
Jóvenes de Sevilla en un concurso, «Tras la huella de Magallanes» - ABC
RESISTIENDO FRENTE AL PARO

Así son los jóvenes andaluces de la generación triunfo

Formados y solidarios se dan de bruces con la realidad de una tasa de paro que se ceba con los menores de 30 años

SEVILLAActualizado:

Reza el himno de Andalucía, a modo de declaración de intenciones: «Los andaluces queremos/ volver a ser lo que fuimos/ hombres de luz que a los hombres/ alma de hombres les dimos». ¿Sigue siendo lo que escribió Blas Infante el deseo del pueblo andaluz? ¿Aspiran los jóvenes a volver a ser luz de España y la Humanidad? Las preocupaciones de las nuevas generaciones de andaluces están más bien lejos de esos ideales de pasado glorioso y se centran, en gran medida, en mirar más hacia el futuro, en construir una Andalucía de futuro, abierta, conectada y tolerante.

Los andaluces menores de 30 años son los primeros en vivir de forma plena integrados en la Unión Europea. Son las generaciones de becas Erasmus, de viajes a Londres a aprender inglés, de los vuelos ultrabaratos que les dejan moverse por una Europa sin fronteras. Son ambiciosos (el 51,9 por ciento quieren estudiar una carrera universitaria), familiares (valoran como lo más importante el tener buenas relaciones con sus familiares) y concienciados con problemas como la igualdad en las relaciones de pareja y el maltrato.

El mismo muro

Pero todas esas virtudes chocan con el mismo muro una y otra vez:el paro. Si bien es cierto que en los últimos 30 años se ha duplicado el número de jóvenes andaluces que tiene estudios universitarios (eran 115.726 en 1986 y fueron 213.789 en 2016, según datos del Instituto Andaluz de Estadística, IAE), las cifras de empleo no han corrido parejas a esa ambición de formación.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), el paro en Andalucía para quienes tenían entre 20 y 24 años en 1986 era del 48,8 por ciento. Uno de cada dos jóvenes menores de 25 años estaba parado entonces. Treinta años después, la cifra se ha reducido, pero solo en cinco puntos, hasta el 43,7 por ciento. Más grave es la situación que viven quienes tienen menos de 20 años. Si en 1986 el 57,9 por ciento no encontraban empleo, en 2016 la cifra había subido hasta el 66,4 por ciento. Casi siete de cada diez jóvenes andaluces están fuera del mercado laboral.

Frente a la losa del paro, formación. Datos del Instituto Andaluz de la Juventud (IAJ) destacan que el 38,6 por ciento de los chavales creen que la mejor manera de conseguir un empleo es estudiar, esforzarse con los libros. Y esos jóvenes aspiran mayoritariamente a un trabajo que sea, por este orden estable, con clima laboral satisfactorio, que les realice personalmente y con un buen sueldo.

Los «ni-nis» (quienes ni estudian ni trabajan) no tienen cabida en los datos que maneja la administración andaluza.

A los jóvenes andaluces no les faltan ganas. Los «ni-nis» (quienes ni estudian ni trabajan) no tienen cabida en los datos que maneja la administración andaluza. Así, explican desde el IAJ que el 41,1 por ciento de los jóvenes de la comunidad estudian, el 22,3 por ciento trabaja y el 10,4 por ciento estudian y trabajan a la vez. Así, más del 70 por ciento de los menores de 30 años tienen una ocupación. Datos del INE señalan que el número de chavales que ni estudian ni trabajan se han ido reduciendo en Andalucía en los últimos años para volver a niveles de 2015.

Aunque de forma mayoritaria los jóvenes andaluces estudian o trabajan, harina de otro costal es la calidad de sus contratos. Las estadísticas señalan que el 40 por ciento de los menores de 30 años tienen un contrato temporal y solo el 27 por ciento es indefinido. Entre esas dos realidades, cabe todo:trabajos esporádicos sin contrato (el 8 por ciento), con contrato (el 3 por ciento), becarios (un 3 por ciento) o autónomos (el 12 por ciento), a lo que hay que sumar un 7 por ciento que están en «otras circunstancias», indican desde el IAJ.

Vivir con los padres

Otro de los ejes sobre los que gira la realidad de los jóvenes andaluces es la familia. La juventud de Andalucía estima como muy buenas la relación con sus padres (y le dan una nota de 8,6 sobre diez) y el 70 por ciento aún no se ha emancipado, aunque el 36,9 por ciento preferiría vivir en pareja y con sus hijos. Pero se quedan en casa y si la dejan es, mayoritariamente, porque se marchan a estudiar fuera (en el 37,4 por ciento de los casos) o porque forman su propia familia (el 30,4 por ciento de los casos).

Pero, sobre todo, los jóvenes andaluces viven en red. El 92,5 por ciento usan de forma frecuente el ordenador al menos dos horas y media al día, tienen el móvil siempre pegado a la mano y están en varias redes sociales. Los llamados «millenial» (quienes han nacido entre principios de los 80 y finales de los 90) manejan como nadie las tecnologías y se comunican de una forma nueva. Usan Netflix para ver series, Instagram para ligar, LinkedIn para encontrar trabajo. En su mundo, lo digital y lo analógico no tienen una barrera bien definida. Y eso no les desconcierta, sino que le sacan partido. Las nuevas formas de economía basadas en lo tecnológico tienen a estos jóvenes andaluces como referente. Si no hay empleo en sectores tradicionales, ellos inventan nuevos. Aplicaciones para dispositivos móviles, empresas en red, innovación colaborativa a través de Internet... Las ideas son tantas como chavales en sus casas dándole vueltas a su móvil.

Sin embargo, por mucha voluntad que los jóvenes andaluces le pongan al futuro y por muchas ganas que tengan de levantar una Andalucía moderna y nueva para ellos, hay aspectos de la realidad que les orillan en la lucha por un porvenir mejor. Del paro ya se ha hablado largo y tendido. Pero hay otros obstáculos. El acceso a la vivienda es uno de ellos. Después de los años de bonanza y de la burbuja del ladrillo, las vacas flacas abarataron la vivienda, sí, pero encarecieron su acceso. Los bancos, otrora prestamistas sin muchos remilgos, exigen ahora un ahorro del 20 por ciento del valor de la vivienda a comprar. Sin ese dinero en la cuenta, no hay hipoteca. Sin hipoteca, no hay casa.

Si no se puede comprar, habrá que alquilar, se dijeron muchos jóvenes andaluces a la luz de la situación del mercado inmobiliario. Esa idea pudo ser acertada en los últimos años de la crisis. Pero no lo es hoy. Con la llegada de las empresas de alquiler vacacional y la falta de pisos disponibles, las grandes ciudades como Sevilla o Málaga han visto cómo los precios del alquiler se disparan hasta complicar también la independencia vía alquiler.

Maltrato y homosexualidad

Los valores sociales son uno de los puntos fuertes de la juventud andaluza. Han hecho propias los chavales que viven en la comunidad ideas que para sus mayores aún son objeto de rechazo. Entienden, según datos del IAJ, que hay que rechazar de forma tajante la violencia de género, la contaminación y el suicidio. Pero son abiertos y aceptan de buen grado la homosexualidad, por ejemplo.

Los jóvenes andaluces se declaran demócratas de forma mayoritaria, aunque pecan, quizás, de cierto desinterés por la política. Señalan las estadísticas de la Junta de Andalucía, sin embargo, que eso es algo que se va corrigiendo con la edad y que, cuanto más cerca están de la barrera de los 30, más interés muestran por el sistema político y sus actores.

Y si el interés por la política es cada vez más tardío, lo contrario ocurre con las relaciones sexuales. Según la Consejería de Igualdad y Políticas Sociales de la Junta de Andalucía, la primera relación de los jóvenes andaluces está ya cerca de los 16 años, cuando hace una década estaba en los 17.

Con 16 años, el 84,6 por ciento de los chavales andaluces aseguran haber tenido relaciones. Y, aunque el sexo es cada vez más prematuro, los jóvenes andaluces están concienciados con el uso de métodos anticonceptivos, que usan más del 80 por ciento por debajo de 25 años y más del 70 por ciento en quienes tienen entre 25 y 30 años, quizás porque a esa edad ya se tiene pareja estable. La salud, y no solo la sexual, le preocupa también. El 60 por ciento aseguran que no fuman y el 76 por ciento ha consumido alcohol alguna vez, aunque de forma ocasional en el 90 por ciento de los casos.

Familiares, comprometidos, formados y tolerantes. Los jóvenes andaluces han puesto todo de su parte para construir una Andalucía de futuro más próspera. Es el turno de quienes gobiernan de ayudarles en esa lucha por un mañana mejor.