Presentación del libro «Días Felices. Aproximaciones a El Jardín de las Delicias de Francisco Ayala», de Carolyn Richmond, viuda del escritor
Presentación del libro «Días Felices. Aproximaciones a El Jardín de las Delicias de Francisco Ayala», de Carolyn Richmond, viuda del escritor - Juan José Úbeda
Ensayo literario

Paseando con Ayala por el Jardín de las Delicias

Carolyn Richdmon, viuda del autor, indaga en la obra más personal del escritor granadino

SevillaActualizado:

«Eran días felices de verdad». Carolyn Richdmon escribe esta frase como si definiera la atmósfera emocional que impregna este estudio. Un estudio riguroso y profundo, pero también lleno de afectos, sobre la que es probablemente la más completa obra de Francisco Ayala, «El jardín de las delicias». Y es que la crítica y catedrática de Literatura Española de la City University of New York fue además la esposa del escritor granadino, autor de obras memorables como «El boxeador y un ángel», «Cazador en el alba», «El Hechizado» o «Recuerdos y olvidos».

«Días felices. Aproximaciones a El jardín de las delicias» obtuvo el Premio Manuel Alvar de Estudios Humanísticos que otorga la Fundación José Manuel Lara y es un intenso recorrido por esta sorprendente obra que Ayala revisó durante toda su vida. Un libro muy personal y singularísimo en el que se mezclan los géneros y que es un brillante ejercicio sobre la memoria.

Richmond lo presentó el pasado lunes en la Fundación Cajasol acompañada por Manuel Ángel Vázquez Medel y Rafael Valencia. Allí desveló la intrahistoria del libro. La presidenta de honor y directora académica de la Fundación Ayala explicó que la idea inicial fue la redacción de un prólogo a una edición crítica de «El jardín de las delicias». Poco a poco el texto se fue transformando, quizás contagiado por la naturaleza híbrida y heterodoxa del libro de Ayala y en el que cervantinamente se plantean diálogos ficticios y reales con el lector. «Este texto mío acabaría siendo un reflejo del propio autor: una especie de obra en marcha (work in progress) personal y literaria», aclara.

Carolyn Richmond contó que durante la escritura de este libro Ayala se sentaba a su lado ante la pantalla del ordenador para repasar juntos lo escrito durante la jornada. Al final, cuando el escritor estaba ya sin vista, su esposa leía en voz alta. Finalmente, Ayala murió el 3 de noviembre de 2009, con 103 años, y Richdmon abandonó durante algunos años la obra.

En este ensayo Richmond plantea una narrativa de espejos y reflejos, proponiendo al lector desplegar los paneles del retablo, como en la obra pictórica del Bosco que inspiró a Ayala. En esta obra fragmentaria, como relatada con trozos de un espejo roto, hay una narración de la memoria, ensoñaciones, pasajes, laberintos, encrucijadas. También, como subrayó la autora, es un libro de época, como ocurre con buena parte de la obra de Ayala, que reflejó su azaroso tiempo -incluyendo el largo exilio- en sus libros.