Juanmac
La política actual está para guisos de olla y cucharón, no para hamburguesas. Y el PP no tiene tiempo de cambiar el menú
Los gurús del PP que marcan ahora la estrategia de los populares difundieron el pasado domingo una fotografía del presidente del partido, Pablo Casado, y su homólogo andaluz, Juanma Moreno, comiendo una hamburguesa con sus respectivas mujeres e hijos en un Mc Donalds de Sevilla. ... Ambos políticos han recibido una catarata de críticas por su reprobable criterio gastronómico, toda vez que la instantánea se ha interpretado como una ofensa a los usos y costumbres culinarios de la ciudad. No comparto el reproche, por cuanto se trata probablemente de un refrigerio improvisado, un aquí-te-pillo-aquí-te-mato concedido tras larga matraca de los niños. Nos ponemos muy puristas con los deslices ajenos, pero que tire la primera piedra quien no haya acabado alguna vez en un burger con una mesa llena de críos y gritando «¡que levante la mano los que la quieran con queso!».
Lo sorprendente no es la elección del restaurante -por llamarlo de alguna manera-, sino la propia fotografía en sí. La finalidad última de la imagen es un misterio, igual que la que se difundió hace unos días de los dirigentes populares en los pinares de las Puebla con la histórica foto de la tortilla del PSOE. Dicen que estos estrategas postmodernos buscaban proyectar la frescura y cercanía de sus líderes, pero tanto Casado como Moreno aparecían en el Mc Donalds como dos pulpos en un garaje. Intuyo que el objetivo era más bien potenciar el efecto gemelar, vender a Moreno como el Casado andaluz. De hecho, la fotografía parecía representar un solo personaje reflejado en un espejo: dos perfiles idénticos con familias calcadas. Dos parejas jóvenes con niños pequeños que tienen por delante la mejor etapa de sus vidas. Unos kennedys tomando un refrigerio en La Campana.
El mimetismo de Moreno con Casado busca paliar un notable déficit del candidato popular, y es que en tres años no ha sabido perfilar una personalidad política definida. Quiso renovar, pero sin romper con el pasado. Su partido es de derechas, pero hace frecuentes guiños progres. Llegó a un partido dividido y se rodeó de no alineados para no significarse. Se presenta como un dirigente decidido, pero ha eludido dar un puñetazo en la mesa cuando la situación lo requería. El resultado es un liderazgo líquido con directrices difusas que pretende evitar rechazos antes que forjar seguidores. En cierta forma la foto del McDonald es un acierto del gurú de turno, porque Juanma Moreno viene a ser a la política regional lo que el big mac a la gastronomía, un producto de consumo generalista que luce bien pero en el que se echa en falta una elaboración más sofisticada. Una propuesta que da más importancia al márketing que a la cocina, y cuyo objetivo es ser atractivo para todo tipo de paladares. Pero la política actual está para sabores fuertes, guisos de olla y cucharón antes que hamburguesas, y al PP apenas le queda tiempo para cambiar el menú.
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