SEVILLA - ROMA. FINAL DE LA EUROPA LEAGUE 2023
Mendilibar: la grandeza de la sencillez
El tratamiento de choque del técnico vasco reparó en tiempo récord a un Sevilla gripado hasta salvarlo e impulsarlo a la gloria de la séptima Europa League
Sevilla - Roma, en directo: el Sevilla, campeón de la Europa League tras una tanda de infarto (1-1)
Gloria al Sevilla FC, heptacampeón de la Europa League

Si a José Luis Mendilibar (Zaldívar, 1961) le preguntasen qué es el panenkismo, seguramente pondría cara de póquer. Tiene el vasco, tipo genuino y auténtico, un aire cabal, sobrio y curtido, como de protagonista de western crepuscular al que ya nada le puede ... sorprender. Bueno, en realidad siempre hay un margen en la vida para la sorpresa y el asombro, como le sucedió en la salida de los equipos al Sánchez-Pizjuán en el choque contra el Real Madrid. Se quedó «engorilado», según sus palabras, escuchando el himno de El Arrebato , hasta el punto que olvidó el protocolario saludo con el entrenador rival. De tan natural como es le pidió disculpas a Ancelotti y así lo reconoció luego.
Se le fue el santo al cielo a este hombre que siempre pisa tierra firme y repele los elogios con esa media sonrisa socarrona que brota de la sabiduría. Porque en este mundo del fútbol, tan traicionero, sabe que el piropo regresa como un afilado búmeran a los tobillos en forma de crítica despiadada y feroz. Y para ello vale con equivocarse una vez. Basta con salir sin delantero puro a Old Trafford, por ejemplo. Aquella noche se enmendó, corrigió al equipo y ahí ya se dio cuenta de dónde estaba. « Si eres débil, los demás no te van a regalar nada », soltó en su puesta en escena de marzo cuando el Sevilla, tiritando y a dos puntos de la zona de descenso, necesitaba un electroshock tras quedarse frito por la dura derrota de Getafe que zanjaba la segunda etapa de Jorge Sampaoli.
Para curar al enfermo, Monchi le cambió de manera radical el tratamiento. Recurrió a un especialista en danzar sobre el fuego del averno con un entrenador que era la antítesis del argentino . Y también del divismo. Mendilibar vio virtudes donde sus antecesores sólo percibían gruesos defectos. La hinchada, sabia, tenía ya el diagnóstico hecho. Tan claro que, cuando llegó al aeropuerto de San Pablo, el técnico escuchó el grito de un aficionado que valió por el sevillismo entero: « Pases al portero, ¡no! ».
Aquello sonó a súplica y puede que al vasco a música celestial. Entendió que estaba en el sitio correcto. Y eso que el equipo, entonces, olía a chamusquina. Encorsetado y amanerado, el Sevilla se había perdido en el circunloquio de un fútbol improductivo, que sobaba la pelota sin concretar y se notaba forzado, a contra natura, concediendo un regalo tras otro por la inoperancia de su defensa. Con el portero jugando de líbero. No se puede llevar a cabo una idea cuando nadie cree en ella . Y los jugadores apuntaron a los pecados en sus declaraciones sin necesidad de nombrar al pecador.
Monchi recogió la indirecta y cambió al timonel por segunda vez. Un giro radical para evitar el naufragio. No hay nada como volver a los orígenes cuando uno está perdido. Y el Sevilla lo estaba . Realmente nadie pensaba, o pocos para que nadie se enfade, que Mendilibar, con un método que muchos tachaban de obsoleto, por alejado de la tablet y el big data, pudiera resucitar al equipo en un tiempo tan corto. « No exigimos raíces cuadradas, sino sumas o restas », defiende el vasco, prosaico, que también tira de metáforas para que se le entienda, pero de manera directa, clara, sin un lenguaje ampuloso. Habla como se expresa en su fútbol.
Mendilibar, el hombre que apostó por lo simple y combatió la sinrazón de un Sevilla depresivo con la sensatez ha hecho algo extremadamente complicado: revivir a un equipo moribundo y llevarlo a la gloria . Y para eso no basta sólo con poner a los futbolistas en su sitio. Hay mucho trabajo detrás. Lo primero es convencer al jugador. Con él, Fernando y Rakitic ya no parecían medios con los achaques propios de la edad sino capitanes generales de un equipo mucho más amoldado a su esencia que se reseteó a partir de conceptos muy claros: presión adelantada, juego en campo rival y por las bandas, verticalidad, finalización de las jugadas y prohibición de los pases al portero.
Con ese tratamiento de choque le devolvió su identidad y sanó al Sevilla. El corazón latía otra vez en el manicomio de Nervión. « Algunos os echabais las manos a la cabeza pensando por qué este tontolaba viene aquí para tres meses », señalaba. Lo dijo con sana retranca. Mendilibar, que si fuera capataz mandaría a sus costaleros de frente y sin concesiones, arregla problemas complejos aplicando soluciones sencillas. Es un tipo tranquilo que cae bien. A sus 62 años, con la ilusión intacta y sin apenas experiencia en Europa, se ha sentido como un debutante. Que ha aprendido del Sevilla al tiempo que lo reparaba siguiendo la senda bañada en plata de los entrenadores vascos en Nervión. Qué maravilloso misterio.
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