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Opinión

El codazo de Tassotti dejó secuelas a Luis Enrique

Si los caprichos del asturiano tienen un pase en la lista de convocados, lo que resulta incomprensible es que llamara sólo a 24 jugadores pudiendo tener 26

Jesús Navas, con la selección española ABC
Francisco Pérez

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El día que Tassotti le partió la nariz a Luis Enrique en el Mundial de Estados Unidos 1994, sin que el «notario» de aquel partido, Sandor Puhl que en paz descanse -húngaro de nacimiento, «sueco» aquel día-, levantara acta de la agresión del quebrantahuesos italiano, algo debió trastornarse en la mente del entonces jugador madridista y hoy seleccionador. No lo digo sólo por la falta de empatía del asturiano, sino también por su proclividad a las contradicciones y a sus decisiones opuestas al sentido común.

Contradictorio (e injusto, por qué no decirlo), es que tras una fase de clasificación contando como titulares indiscutibles con hombres como Jesús Navas o Canales , los dejara tirados en la convocatoria final para la Eurocopa. El sevillista estaba en perfecto estado de revista y el bético había recuperado las buenas sensaciones tras un pequeño bache en su rendimiento en la segunda vuelta liguera. Dejar en la estacada a la gente con la que contaste siempre para dar entrada a última hora a tipos como Azpilicueta, Laporte o Sarabia , crea desconfianza y sentimiento de ingratitud en los profesionales.

Si los caprichos del asturiano tienen un pase en la lista de convocados, porque aquí somos todos seleccionadores desde la cuna, pero la suya es la única que vale, lo que resulta incomprensible es que pudiendo llamar a 26 jugadores lo hiciera sólo con 24 para no tener que dejar en la grada a tres en cada partido. ¿No habíamos quedado en que no había concesiones al sentimentalismo? Ahora, el Covid-19 de Busquets , que no sólo compromete la participación del barcelonista sino también, en caso de haber más contagios, la de otros jugadores e incluso la del grupo, pone en primer plano la insensatez del seleccionador. La UEFA ya no permite ampliar la lista, aunque sí sustituir a los muñecos rotos.

En una semana, España debuta en Sevilla , con permiso de Suecia que quiere ganar el partido sin jugarlo, con la certeza de que habrá público y la duda de si tenemos selección o, tras los brochazos de Luis Enrique, sólo un boceto de lo que debía ser ya una obra reconocible.

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