Pepe Hidalgo, tocando en en la Centuria Macarena

REVISTA PASIÓN EN SEVILLA

Así nació el mito de Pepe Hidalgo en la Centuria Macarena

La última entrevista al mítico tambor macareno en la revista Pasión en Sevilla en la que desgrana las claves de su vida antes de convertirse en director de la Centuria

Por  0:42 h.

Entrevista publicada en el número de febrero de 2018

Pepe Hidalgo no entiende su vida sin hacer esa mítica ronda del Jueves Santo, revestido al modo de las huestes de Tiberio, según Rodríguez Ojeda. No concibe su existencia sin la idílica realidad de la Madrugada Grande, ataviada de merinos y revuelos, esa noche, la más hermosa, que es capaz de coronar a la luna de Nisán con un penacho alba de plumas al viento.

-Díganos que barrio fue el suyo de nacimiento

Nací en la calle Relator, esquina al Pasaje de Valvanera. Frente a mi casa estaba la plazoleta por donde las niñas pobres del barrio, entraban al colegio de las Carmelitas, ellas no llevaban uniforme. Guardo muchos y buenos recuerdos de la niñez en mi barrio. Con seis años tocaba el tambor en las Cruces de Mayo, no pedía nada a cambio, solo que me diesen un bollo de pan, ¡con el que llegaba a casa más que contento! Los palos los hacía con los travesaños de una silla y el tambor era una lata de vacía de manteca Arias de cinco kilos, le hacía dos agujeros y le ponía una guita, para colgármelo. Antes de eso, cogía la lata, la ponía boca abajo en la candela, de manera que se derretía la poca manteca que quedaba en los bordes y se la untaba a un trocito de pan duro. ¡Había mucha hambre en esos tiempos!

Pepe Hidalgo, en la puerta de la Basílica de la Macarena / JAVIER COMAS

-¿Qué colegio fue testigo de su etapa escolar?

-Estudié en el colegio Padre Manjón, que por cierto tenía una banda de cornetas y tambores.

-¿Cómo se inicia como músico en el mundo de las bandas?

-Pues fue a través del colegio. A los pocos días de entrar, le dije a mi maestro, D. Gregorio, que yo sabía tocar el tambor. Allí coincidimos Manolito Tristán, que era cabo tambor de la banda, Calahuche, también cabo tambor y que más tarde tocó en la Banda de Tejera. El maestro me dio una caja, comencé a tocar en la banda del cole y me hizo también cabo tambor. ¡Recuerdo que todos los domingos los alumnos del Padre Manjón asistíamos a misa a San Julián, saliendo del colegio con la banda y desfilando tocando hasta la parroquia. Cuando terminaba la misa volvíamos al cole tocando! Mi tambor era el número ocho. Yo sabía rufar pero no sabía aún hacer los contratiempos y D. Gregorio me enseñó a hacerlo. Nuestro uniforme era una chaqueta militar, un gorrito con borla, pantalón corto, calcetines largos y zapatos negros. La primera Cofradía a la que acompañé con la banda del colegio fue la Hiniesta y aquel Domingo de Ramos, cuando íbamos tras el paso del Cristo de la Buena Muerte, a la altura de Placentines, atravesando la Avenida iba el misterio de la Amargura y nosotros cuando vimos los Armaos que la Cofradía llevaba, nos fuimos corriendo para verla de cerca (risas). ¡El maestro se puso a llamarnos para que volviésemos con la banda, pero nosotros preferimos quedarnos viendo los Armaos de San Juan de la Palma. Lógicamente, no volvimos a tocar en la Hiniesta!

-Háblenos de sus padres

-Mi madre era una mujer muy trabajadora, sacó adelante prácticamente en solitario a ocho hijos. Fue muy devota de la Macarena, siempre veía a la Virgen en el mismo lugar, entre el Arco y la calle San Luis. Mi madre me transmitió la esa devoción inmensa a la Macarena. ¡Bendito sea el momento en que me enseñó a querer a la Virgen de la Esperanza y al Señor de la Sentencia!
Con unos once años ya compaginaba el colegio con el trabajo en la fábrica de cristales La Trinidad. Trabajaba de madrugada, salía a las siete de la mañana y a las nueve entraba en el colegio. Al cabo de un tiempo comencé a trabajar en la fábrica de corcho, que estaba en la zona donde hoy se encuentra la barriada de El Cerezo. De ahí pasé a trabajar en la construcción, con un conocido mío de la calle Relator, aún no tenía la edad mínima para trabajar, 15 años. A los 17 años entré en la Bodega Peinado, en la calle Velázquez, luego la bodega pasó a la Resolana.

Pepe Hidalgo, tocando en en la Centuria Macarena, en las puertas del Gran Poder

-¿Cuándo entra en la Banda de la Centuria?

-Verás, aunque había terminado de estudiar en el colegio, me pidieron que siguiese en la banda y así lo hice durante un tiempo.
Más tarde, como no podía ingresar en la Centuria porque no había sitio, me fui a la Banda de la Giralda, que ensayaba cerca de la Fundición de Cobián, en el entorno de lo que hoy es Macarena Tres Huertas. ¡Aquello era todo campo! La primera Hermandad a la que acompañamos con la banda fue la Estrella, salimos tras el Señor de las Penas. ¡La banda del Padre Manjón y la de La Giralda, eran un vivero para la Centuria! Entré en la Centuria en 1968, la componíamos entonces 21 músicos, de ellos siete éramos tambores, hoy en día somos 74. Estando trabajando en la Bodega Peinado, ya en la Resolana, llegó un día de la Cuaresma Pepe “el Pelao” y Repiso, que era cabo gastador de los Armaos y me preguntaron si yo quería salir en la banda, a lo que contesté inmediatamente que sí. Era lo que siempre había soñado y lo que mi madre deseaba para mí desde que tenía seis o siete años (emoción)… ¡fíjate, tengo en casa una foto de mi madre, que en paz descanse, llevando de la mano a mi hijo de pequeño, vestido de Armao, entremedio de la fila, con la felicidad en su rostro y diciéndole a la gente: “es mi nieto, es mi nieto”! (emoción).

-¿Qué nos puede decir de la Banda Juvenil de la Centuria?

-Soy entrenador de futbol, con carnet que me acredita para ello y de hecho entrené a varios equipos. La verdad es que me gustaba mucho esa actividad, pero tuve que dejarla a raíz de la formación de la banda juvenil, creación que se debe también, a la iniciativa de Dña. María Isabel, esposa de D. José Luis de Pablo Romero. ¡Comenzamos con cuatro tambores, le pusimos mucho interés y mucho esfuerzo. ¡Mira ahora al cabo de los veintitantos años, el pedazo de banda que es. La Banda Juvenil, es mucho más que una cantera para la Centuria!

-¿En el rostro de que imagen de la Virgen, vería reflejada la cara de su madre y de su esposa?

-Las veo a las dos en el dulce rostro de la Macarena. En el perfil derecho veo a mi madre y en el perfil izquierdo a mi mujer.

Pepe Hidalgo es todo corazón. La emoción le embarga, cuando la memoria le trae la semblanza valiente de su madre y los perfiles dulces de su esposa. De la mano de su palabra, se camina por una ciudad que es otrora en los mapas de la memoria, pero que aun convoca a la alegría cuando las manecillas del alma señalan las doce, en esa frontera entre el Jueves y el Viernes Santo, momento en que la luz de los inconfundibles ojos de la Madre de Dios se abre paso, inundando de un profundo azabache presencias y ausencias, insuflando esperanzas en el pecho devoto de los macarenos del mundo.

La Macarena por la Resolana / JAVIER COMAS