El escaparate de la Campana, uno de los sígnos de la Cuaresma / J. M. SERRANO

REVISTA PASIÓN EN SEVILLA

Diez signos de la Cuaresma

Diez fotografías para sumir estos cuarenta días que comienzan a ver su fin

Por  0:20 h.

Hay muchos elementos anunciadores de lo que está por venir. Entre los que pertenecen al territorio íntimo de cada sevillano y los compartidos por todos, hemos elaborado esta panoplia de aldabonazos en la costumbre que llaman a la Semana Santa.

Un ensayo de Costaleros

Cruzan las calles de la ciudad a cualquier hora del día (las más de las veces de madrugada) las parihuelas de ensayo. Por encima de la mera ejercitación para coordinarse cuasi coreográficamente, los ensayos elaboran redes irrompibles entre la gente de abajo. Se ejercita la disciplina y confianza en el que manda, hasta el punto de que esa relación filial con el capataz o fraternal entre los miembros de una cuadrilla se traslada a todos los ámbitos de la vida.

Ensayo de costaleros de la Esperanza de Triana / M. J. RODRÍGUEZ RECHI

El azahar

Un día despuntan los botones blancos y todo se precipita. De repente sacar al perro se antoja en una delicia y en cada esquina de la ciudad hay un reclamo para la gloria que está por venir. Se han abierto y hay puñales sueltos. Sirva la flor de naranjo para representar a todos los estímulos olfativos de la cuaresma, entre los que también destacan el incienso y cera quemada. Todos esos aromas son capaces por sí solos de levantar el palacio mental de la Semana Santa.

Azahar junto a la Giralda / J. M. SERRANO

Limpiando plata

Si no fuera por el grupo de irreductibles nada se podría hacer. En las priostías los más jóvenes aprenden a moverse en las aguas procelosas de las organizaciones humanas que son en definitiva las hermandades. Ni peores ni mejores que cualquier otra de ellas en el proceder de sus miembros. Comparten, escuchan, atienden, aprenden. La radio, de fondo. Se sentirán importantes cuando muestren orgullosos los pasos montados a sus amigos. “Mira, esa jarrita la he limpiado yo…”.

Un hermano limpia la plata en Pasión

La Cruz de las Toallas

Hay un momento concreto en el que la luz domesticada de los cultos, esa que planta laderas de cipreses calientes en los espacios mudéjares, comience a menguar. Y es que otra luz la está humillando. La primavera toma el relevo a los quinarios y enciende un altar fastuoso para nuestras imágenes con pabellones de los más variados azules. Salen los viacrucis a las calles, a recoger las almas de los incautos sevillanos que se dejan robar una calderilla de oraciones.

La cruz de la toallas / SERRANO

Sacar la túnica del altillo

Hay otra revolución pendiente. La definitiva se lleva a cabo en las madrigueras de la costumbre. Un día toca abrir el altillo donde el sevillano guarda las cosas estacionales para contemplar, por la ventana de esas mismas cosas, el aluvión de fidelidades en el que un día quedará asumido. El anonimato que procura la túnica confundirá la edad del nazareno y, cuando se haya marchado, devolverá su recuerdo inmortal todos los años a la salida de su cofradía.

Ángel Prados con la túnica de la Amargura que un día perteneció a su abuelo

Pestiños

Esta obsesión cuasi enfermiza del sevillano por adentrarse en la luz y confundirse en ella le llevó a buscar la forma de comérsela. Como lo oyen. Y la luz es dulce. Los pestiños, cavernosos y rutilantes donde las horas practican vanguardias, acabarán generando energía en el capillita gasta suelas y cansacorvas que los engulle con fruición. Gustad y ved el tiempo de la costumbre y la herencia… el tiempo de buscar en la belleza la completa compañía del supremo Hacedor de todas las cosas.

Pestiños

El montaje de los Palcos

Una señal más. Las estructuras se levantan en la carrera oficial. El volumen que desalojan en la plaza de San Francisco a medida que crecen es directamente proporcional a la inquietud que se genera en los adentros sevillanos. Ya, ya sabemos que muchos de los que se sentarán en esas estructuras no están tan interesados en ver cofradías como en ser vistos viéndolas, pero también son las cosas de esta ciudad.

El Ayuntamiento sorteará sillas para discapacitados en la Semana Santa de 2014

Palcos de la Plaza de San Francisco

Se hacen capirotes

Se hacen capirotes. Un heraldo que cuelga de los aires, como Herrera contaba en aquel inolvidable introito radiofónico. El sevillano le dio la vuelta a todo. Y el capirote ya no simboliza el escarnio sino la gloria. Al verlos colgados en racimo como fantásticas floraciones de cartón nadie puede evitar sentirse al borde del abismo. Parece que estamos a punto de rozar el gozo de la luz plena con la punta del anhelo.

La calle Alcaicería un día de Cuaresma / J. M. SERRANO

Sacar la papeleta de sitio

Para la gran mayoría de ellos este es uno de los pocos días en que aparecen por la hermandad. Pese a que las nuevas tecnologías han ayudado a facilitar el reparto de papeletas de sitio, muchos hermanos sienten que la cola, el saludo, la charla y la espera forman parte del rito. Quizá les ayude a tomar conciencia de que ese espacio, esas sonrisas y fraternidad desplegadas al menos ese día y el de la salida, también les pertenecen y les conforman.

Reparto de papeletas de sitios en Pasión / LOPEZ RAMIREZ

La rampa puesta

Y ya está. Ya está. Un día unos hombres sacarán de una furgoneta los caballetes que sostienen el tablao (así le dicen en el Amor) y comenzarán a desplegar la estructura sobre los adoquines. En las tardes recrecidas de la víspera inmediata, los niños van a imprimir sonoros correteos sobre las tablas. Ello conformará otro rito, un arreón inmaterial, un empujón brutal a la rutina. Serán ellos quienes lo realicen y los adultos quienes lo entiendan. La Semana Santa ha llegado.

Colocación de la rampa del Salvador / JAVIER COMAS