El Señor de las Penas de San Vicente / M. J. RODRÍGUEZ RECHI

El traslado de las Penas de San Vicente: uno de los actos imprescindibles en Sevilla

Las Penas llenó la parroquia de San Vicente en uno de los actos más sobrecogedores y multitudinarios de las cofradías

Por  2:02 h.

El Señor de las Penas ya está en el altar mayor de la parroquia de San Vicente, para presidir su quinario junto a la Virgen de los Dolores y San Juan Evangelista. Un culto que dará comienzo el próximo martes, uno de los altares más esenciales. Para ello, el Cristo ha sido trasladado hasta el altar mayor con el templo en penumbra, convirtiéndose en uno de los actos imprescindibles de las cofradías. 

Cada año este traslado va a más, hasta el punto de no caber nadie más en el interior de San Vicente. Media hora antes del inicio del culto, todos los asientos ya estaban ocupados, otros tomaban fotografías antes de apagar la luz artificial.

Entrar en este día al interior de esta parroquia es teletrasportarse al inminente tiempo de Cuaresma que llegará en poco más de un mes. Una Semana Santa adelantada, incluso convirtiéndose en un acto único, de los más multitudinarios de cuantos se organizan en la ciudad, tanto en el exterior, como en el interior.

El reloj marcaba las nueve de la noche, la luz era apagada, el cortejo con más de 40 cirios y dos tramos, comenzaba a caminar por la cruz fundacional de la hermandad. Sonaban las coplas de las Penas, su marcha de Pantión o el canto «Perdona a tu pueblo Señor». El capataz, Domingo Pozo, el mantenedor de los titulares de las Penas, junto a sus hermanos y el amplio grupo que le rodea llamaba al paso, mandaba andar de frente con «chicotás» pequeñas, para que todos los asistentes pudiesen admirar a la portentosa talla del Cristo de las Penas, que portaba esa cruz carey que en su día estuvo en Écija, y con una de las cuatro túnicas de salida bordada que el Señor posee.

Sólo la cera daba luz al templo y los flashes de las cámaras de los dispositivos móviles. Un auténtico acto religioso, solemne, sobrio, todo muy medido, lo que producía inevitablemente el rezo. En el altar mayor esperaba la Virgen de los Dolores mientras el Cristo rodeaba todos los rincones de San Vicente.

Las Penas vuelve a acercar los días más especiales de la ciudad, de lo que está por llegar, gracias a la preparación de cada culto al milímetro, para dar  el mayor realce posible a sus titulares. Comienza la cuenta atrás.

El Señor de las Penas de San Vicente / M. J. RODRÍGUEZ RECHI