Una de las primeras fotografías de la Esperanza de Triana enmarcada en torno a 1890

EFEMÉRIDE

175 años de una hazaña: cuando la Esperanza de Triana cruzó el puente por primera vez

En la Semana Santa de 1845, dos cofradías siguieron los pasos de La O, dejando atrás su barrio para formar parte de la Semana Santa de Sevilla

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Entre el 20 y el 21 de marzo de 1845 se escribieron algunas de las páginas más memorables de la Semana Santa de Sevilla en mitad de un inestable siglo XIX. Según los cronistas de la época, entre ese Jueves y Viernes Santo la ciudad vivía la resaca de una lluvia que azotó a las procesiones y fue testigo del impulso que las cofradías de Triana dieron a esta celebración con su deseo de dejar atrás su barrio y cruzar el puente de barcas por primera vez. Hoy se cumplen 175 años de esta gesta realizada por las hermandades de la Esperanza de Triana y la de la Sangre y Encarnación -germen de la actual San Benito- que siguieron los pasos de La O, la primera en pasar a la otra orilla quince años antes: el 9 de abril de 1830.

Esta historia se remonta a los primeros años tras la ocupación francesa. Las hermandades, impulsadas por la nueva burguesía, empezaban a levantar el vuelo tras años de ignominia contra el invasor hasta el frenazo de 1820. El Viernes Santo de 1815, la hermandad de la Sangre de Triana intentó ir a la Catedral, como apunta el investigador David Molina pero «las horas de salida que les fueron ofrecidas -la una del mediodía o las cinco de la tarde- no eran de interés para la corporación, por lo que se desistió del intento», decidiendo seguir saliendo por el barrio de Triana hasta la parroquia de Santa Ana como estaba en las reglas de las corporaciones del arrabal por aquel entonces. En 1830, La O alcanzó el honor de cruzar el río por primera vez por ese puente ahora desaparecido sirviendo de ejemplo para otras hermandades.

Grabado de La O cruzando el antiguo puente de barcas

Grabado de La O cruzando el antiguo puente de barcas

Llegó 1845 y el turno de la Esperanza de Triana y la Sangre. La primera volvía a procesionar tras un letargo de un cuarto de siglo sin salir en Semana Santa, como señalan los archivos de la corporación. La segunda, vivía sus últimos años antes de su desaparición.

El Cristo de las Tres Caídas en San Jacinto en una imagen enmarcada entre 1891-1893

La odisea

Las crónicas cuentan el hecho como una odisea. Un inestable puente que no sería sustituido por el actual hasta 1852, convertían cada estación de penitencia en un relato propio de una hazaña heroica.

Según el libro de historia de la hermandad redactado por Vicente Acosta, la cofradía iba a salir el Jueves Santo de 1845, 20 de marzo, a la 1 de la tarde desde su capilla de la por entonces calle «Larga» -hoy Pureza- pero «no pudo hacerlo porque las inclemencias del tiempo se lo impidieron». Finalmente salió en la tarde del Viernes Santo con el permiso de la autoridad eclesiástica y, «aunque a la hora de su salida continuaba la inseguridad del tiempo y las mismas condiciones meteorológicas», además de que el puente de barcas «se encontraba en las mismas condiciones que el día anterior» por el desborde del río en las lluvias producidas durante esa semana, «se arreglaron las entradas de acceso a las compuertas y se colocaron unas rampas para hacer más suave la pendiente y así, con mucho cuidado, iniciaron el paso del puente camino de Sevilla». Ese día salieron tras la Esperanza; la de la Sangre, La O, la Trinidad, La Exaltación, La Mortaja y El Museo. Tres de Triana seguidas cruzaron aquella tarde.

El puente de barcas fotografiado por el Vizconde de Vigier en 1851, un año antes de ser retirado

Acosta recoge que al pasar por el puente, «hubo que ponerle al palio unas sostenidas de cuerdas con objeto de afianzarlo mientras pasaba. Cuando estaba ya la cofradía dentro» de la tarima de barcas «se pasó un momento de apuro y de peligro en las compuertas del lado de Sevilla, porque el inmenso público que se había congregado atraído por la novedad, al encaramarse algunos sobre dicha compuerta, con su peso se torció la primera barca que comenzó a hacer agua». Señala que «los gritos de los espectadores alertaron a los que estaban encima de la compuerta para que se retiraran y al hacerlo, volvió la barca a su posición normal». La cofradía entro intramuros por la Puerta de Triana, «bajando hasta la Cerrajería y desde allí hasta la Catedral». Cumplida la estación de penitencia, regresó por la Carretería, «saliendo a la muralla por la puerta del Arenal (derribada en 1864) y siguiendo a la orilla del río, buscó la entrada del puente de barcas para regresar a su capilla».

Una historia que alcanza paralelismos en estos días. Como dato y sin contar casos de fuerza mayor como la suspensión de las procesiones en 2020 o conflictos políticos y bélicos pasados, esta hermandad solo ha dejado de salir por la lluvia en 1847 y 2011.

El Cristo de las Tres Caídas en el cruce de la calle Zaragoza con Jimios entre 1891-1893

¿Pudo haber ido antes en barcaza?

El historiador Julio Mayo sostiene que la travesía de la Esperanza de Triana hacia Sevilla lo materializó años anteriores a esta fecha en una barcaza. Argumenta su tesis en las crónicas del propio Félix González de León, un diarista sevillano que escribía día a día lo acontecido en Sevilla y Triana. En el asiento recogido por el expresado cronista consta que «el paso de palio quedaba sujeto y anclado». Mayo comenta que «se entiende que a las estructuras de la embarcación dada la expectación que se producía al llegar a la otra orilla y se entrevé de los descrito el desembarco de los pasos».

La Esperanza de Triana, en la Plaza Nueva, en 1899 / GEORGE ANCELY

Todo esto se produjo en la década de 1840, «una etapa histórica de gran crisis religiosa y, sobre todo, muy adversa para la Iglesia. Las distintas políticas liberales y el anticlericalismo imperante minaron sobremanera la fuerza institucional de la iglesia» señala Mayo. En cambio, apunta que «las hermandades, dirigidas en su mayor parte por miembros de una burguesía incipiente y compuesta por el pueblo llano, adquirieron una importancia social bastante relevante paradójicamente ante el descenso del vigor eclesiástico, que alzó su fortaleza en la religiosidad popular». Por ello, «los dirigentes políticos municipales comenzaron a subvencionar con esta nueva etapa a estas hermandades. Las de Triana también adquieren el deseo, en aquel periodo tan floreciente para las cofradías, de estacionar hasta la Catedral, equiparándose hasta las más históricas y tradicionales de la ciudad; porque ya constituían un símbolo representativo de la identidad del barrio», reseña Mayo. Triana iba a Sevilla a través de sus hermandades.

La Esperanza de Triana, con una legión de armaos tras el Cristo de las Tres Caídas, en 1899 / GEORGE ANCELY

Esperanza, que Triana siempre sale

Madrugada del año 2004. El cielo tronó, llovía a espuertas y, como un carrusel de decisiones, la Macarena, el Silencio, el Gran Poder, los Gitanos y el Calvario comunicaban que no saldrían. En Triana se aguarda espectante. «Tranquilos, que Triana siempre sale». Nadie, ninguna generación viva había conocido un Viernes Santo sin la Esperanza en las calles.

Una de las primeras fotografías de la Esperanza de Triana enmarcada en torno a 1890

Y salió. Siete años más tarde, en 2011, la noche volvió a romperse y, entonces, no se cumplió aquel dicho. La Esperanza de Triana también se quedó dentro. Sin contar los conflictos políticos y bélicos pasados, esta hermandad sólo ha dejado de salir por la lluvia en 1847 y 2011. En este Viernes Santo de 2020, de nuevo Triana se quedará sin la Esperanza en las calles. «La que tiene que caer para la de Pureza se quede dentro…».

La Esperanza de Triana por el puente de Isabel II, entorno a 1899

El germen de San Benito

También, ese Viernes Santo de 1845 llegó a la Catedral por primera vez el germen de la actual San Benito: la hermandad de la Sangre y Encarnación. Estrenaban el paso del Cristo, de estilo neoclásico. El palio, de plata, «era el más rico de la época» según los cronistas y en su techo figuraba una paloma, que dio nombre al actual apodo de su dolorosa: «La Palomita de Triana». Los nazarenos vestían túnicas de cola de color rojo en el Cristo y negro en la Virgen. Poco después, la corporación entró en decadencia saliendo por última vez en 1848. Antes, en 1846, el Cachorro seguiría los pasos de estas cofradías. Por su parte, La Estrella había vivido en esas décadas varios intentos de reorganizarse pero no fue hasta 1891 cuando pudo volver a salir y llegar a Sevilla. Atrás quedó su pasado y sus estaciones a Santa Ana. Las cofradías de Triana ya formaban parte de una Semana Santa unificada.

«Cofradía pasando por la calle Génova». (1851) Pintura inspirada en el paso de la cofradía de la Encarnación de Triana / ALFRED DEHODENCQ

Javier Comas

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